Mi anfitrión era filosofo y escritor. Su columna en un periódico nacional tenia muy buena aceptación y me alegro recibir su invitación a pasar un largo fin de semana en su casa de Asturias. Era la ultima casona de un sendero que se perdía en el bosque, en el alto de una montaña que rodeaba Cangas de Onis.

Me había presentado a la primera entrada que encontré y daba directamente en la cocina. A través de los cristales se podía ver a un matrimonio muy sencillo sentado en una pequeña mesa, leyendo unos periódicos amontonados frente a ellos. Mucha paz se reflejaba de esta visión. Llame a la puerta y una voz me dijo de pasar. Me recibió el calor de la chimenea nada mas abrir la puerta. Hacia muy frió fuera y el ambiente calido me vino estupendamente. El olor a café me acogió con la misma fuerza que el apretón de mano de mi anfitrión. Su mujer se levanto para saludarme y me invitaron a sentarme a la mesa y tomar café.

Su invitación resultaba de una conversación que mantuvo con su amigo Carlos el mimo, a su vez conocido mío, quien le explico las largas charlas que tuvimos juntos en mi ultimo viaje a Barcelona y le recomendó encontrarse conmigo. Estaba muy impresionado por estar frente a tal personaje. La verdad es que en la realidad estaba mas viejo que lo dejaba suponer la pequeña foto que acompaña sus columnas.

Eran las cinco de la tarde pero ya obscurecía y me enseñaron la casa de tres pisos y mi dormitorio. Me gusto todo, la madera, lo rustico, pero sobre todo el ultimo piso, enorme, lleno de alfombras, una chimenea encendida, un televisor y muchos libros en estanterías. Dos ventanales dejaban ver las ultimas luces del día iluminando la niebla que se instalaba despacio en las montañas.

Estábamos sentados el y yo en los sofás de este piso, su mujer preparando una sopa tradicional para cenar, cuando entro una chica joven, unos diecinueve-veinte años, y me la presento como su nieta. Pasaba largas temporadas en su casa para preparar su tesis de filosofía y tenían largas charlas a lo largo del día acerca de la vida misma.

Me explico que tenia veintiún años, que había terminado bachillerato a los 17 y terminaba sus 4 años de filosofía en España antes de ir a estudiar a Suecia una especialización en filosofía rusa.

Cuando se quito el suéter de lana gruesa negra que llevaba pude mirarla mas detalladamente y llevaba unos vaqueros negros, unas botas marrones oscuro con poco tacón cuadrado, una camiseta negra sin mangas que decía creo recordar "get into histeric". Pegado a su delgado cuerpo dibujaba perfectamente unos pechos minúsculos terminados por tetones puntiagudos.

Era muy delgada aunque no daba la sensación de padecer anorexia. Su larga melena morena y un poco rizaba le llegaba a media espalda y sus grandes ojos parecían ocupar toda su cara. Unos sensuales labios dejaban entrever unos dientes algo separados y le daba un aire mas juvenil todavía.

Sobre las nueve bajamos a comer en la cocina. Una cena animada en lo que se hablo de la riqueza de la naturaleza de la zona, del trabajo de la anfitriona, sexóloga, y de su pasión común por la flora y la fauna del lugar. Las anécdotas de sus paseos en los bosques nos sacaron muchas risas y se hizo las once sin que me diese cuenta. Cuando me levante diciendo que si me disculpaban iba a ir a descansar, Vanesa salto y dijo que de eso nada, que mañana podía descansar y que íbamos a ir a Cangas a tomar cidra. El "Joven, no me parece buena idea abandonarnos tan pronto" del padre me dejo a entender que tenían planificada una salida en el centro.

El Saab iba veloz en estos caminos estrechos llenos de barro y recé por que nuestro conductor no bebiese demasiado cara a la vuelta.

Hacia un frió espantoso y fue de nuevo un contraste violento entrar en este bar repleto de gente. El suelo pegaba a las suelas y me di cuenta que era debido a toda la cidra allí derramada. El ruido era aturdidor y la media de edad de la gente allí presente rondaba los cuarenta años.

No me acuerdo de cuanta cidra bebimos. No controlaba estos viajes de los camareros poniéndote un culo de vaso a cada paso, y tu bebiendo todo de golpe a penas servida. Tampoco recuerdo a cuantas personas me presentaron ni quienes eran. Si sé que Vanesa me hacia comentarios muy graciosos aunque muy respetuosos de cada uno y que nos reímos muchísimo. Al final recuerdo que nos fuimos al coche mano en la mano descoronados recordando la ostia que se había dado uno por mirarte cuando nos levantamos.

Reconozco que no me acuerdo tampoco de como fue la vuelta. Me duche y acosté con la cabeza un poco pesada y dormí hasta las diez de la mañana del viernes. La casa estaba bacilla y había un termo con café caliente en la mesa de la cocina. Estaba desayunando cuando apareció mi anfitrión. Había ido a pasear a su pastor alemán por los senderos próximos y volvía de muy buen humor. Me contó su encuentro con un ciervo y comentamos la tradición de la cidra y las costumbres de la gente de la tierra. Contándome las maravillas que se podían ver en los picos de Europa, me dijo que Vanesa contaba conmigo para ir de excursión hasta un lago aislado a las doce y que su esposa nos había preparado un pic-nic. Mi mirada escéptica le llevo a decir que la juventud necesitaba la promiscuidad de adultos, que cualquier experiencia era valida y que no me preocupe por dejarles solos, que tiempo teníamos para charlar. Además contaba conmigo para hacer fotos diferentes de la zona para su colección.

Mientras terminaba aparecieron su mujer y su nieta de vuelta de la compra. La alegría reinaba en esta familia y daba gusto sentirse como en su casa arropado por gente tan sencilla y culta.

Vanesa fue a su habitación a cambiarse y apareció con unos zapatos de montaña, pantalón corto de tela y el suéter que le había visto ayer. Me recomendó probar uno de los pares de zapatos que tenían en un armario y después de encontrar el que me iba nos fuimos con el coche hasta unas montañas nevadas preciosas. Aparcamos el vehículo en un camino de tierra y emprendimos la excursión. La frescura del aire dejaba adivinar la necesidad de las cazadoras que llevábamos en una mochila. Iba a hacer muy frió allí arriba.

La vista del lago era preciosa desde el lugar que elegimos para comer los bocadillos de chorizo. La cerveza vino bien para ayudar a la digestión antes de sacar las fotos pedidas por el abuelo. La verdad es que se hicieron mas fotos de Vanesa que de paisajes, pero se parecía a una muñeca de porcelana con esta cara de niña tan blanca y este cuerpo que parecía tan frágil. Pasamos un buen rato charlando de su vida tan densa por su edad, de sus proyectos, y ya era tarde cuando emprendimos el camino de vuelta cogidos de la mano.

En el coche me comento que los viernes había unas noches muy caliente en una disco en las afueras de Oviedo, a unos sesenta kilómetros de Cangas. Me pidió acompañarla. Le dije que si su abuelo no veía inconveniente a que le deje plantado me encantaría conocer el ambiente asturiano por la noche. De vuelta a casa se lo comente y me animo a salir con su nieta. Me comento que su nieta era mucho mas mayor de lo que su edad dejaba pensar y que sabia elegir a sus parejas para salir. Todo ello con una sonrisa extraña que me dejo patinando un buen rato.

El tiempo de ducharme, elegir entre el vaquero azul claro y el vaquero azul claro (al final me puse el azul claro), una camisa, y a cenar. Nos quedamos hablando del estado de la carretera que iba a coger. Me toco conducir el Saab, y me daba un poco de respeto llevarlo de noche en estas carreteras desconocida de noche. Vanesa surgió con un álbum de fotos y empezó a enseñarme unas fotos suyas que le había hecho un amigo fotógrafo. Eran fotos de desnudo artístico donde desvelaba su cuerpo delgado, su pecho tan pequeño pero muy atractivo, y unas formas suaves pero féminas. Su abuelo le dijo que no sabia si hacia bien enseñándome eso antes de coger carretera con su coche. El tono burlón me enrojeció un poco. La verdad es que mi cuerpo había reaccionado enseguida a la vista de estas fotos tan sensuales.

Entre dos indicaciones del camino a seguir Vanesa me contaba cuanto le gustaba posar, sus contactos con los fotógrafos de prensa, con los amigos de su abuelo, me contó la vida de su familia y antes de darme cuenta estábamos a la puerta de la discoteca. El parking lleno de coches, una lluvia fría, y ella con su pantalón negro, unas botas de piel negra con tacones altos y un top negro debajo de su suéter. Se había pintado muy ligeramente los ojos y sus labios brillaban. Me daba algo pensar que la miraba con ojos de deseo cuando tenia poco mas de la edad de mi hija mayor. Ella parecía muy suelta y a gusto en esta situación y la gente no nos miraba con aire inquisidor a pesar de ir mano en la mano.

Mucha gente ocupaba la pista de baile y nada mas entrar se apodero de una silla, se quito el suéter, me arrastro hasta la barra y pedimos un par de copas. Empezamos a mirar a la gente allí presente y a comentar el ambiente cuando empezó a tocar una melodía lenta. Dejo su copa en la primera mesa que encontró y me llevo a la pista. A penas pegados me dio un beso en la boca. Antes mi falta de reacción me dijo que su abuelo dice de dejar lo superficial para ocuparse solamente del esencial. Este ultimo en nuestro caso es que nos deseamos. Lo superficial es la diferencia de edad.

Una cadena de porques recorrió mi cabeza en este momento. Porques del amor, porques de las circunstancias, porques de las barreras. Y me sorprendí diciéndole que me dé su amor, que me dé su cuerpo. Se pego mas fuerte a mi y nos perdimos en un beso que duro hasta que termine la canción. En este momento necesitaba sus manos encima de mi, su voz, su corazón.

Nuestro abrazo duro cerca de una hora. Estaba muy caliente y sus ojos me decían que ella también. Seguimos tomándonos un par de copas mas, bailando un poco, charlamos un poco con unos conocidos que ella encontró, y no era mas de las tres cuando volvimos a casa.

Me llevo al ultimo piso de la casa, donde seguía roja la chimenea. Un calorcito rico salía todavía de las brazas y ella arrastro una alfombra al pie del fuego. Echo unas leñas que prendieron en seguida y se acostó invitándome a su lado. Me susurro que no me preocupara, que nadie iba a subir, y me beso subiéndose encima de mi. Se quito el suéter y me quito el mío. Sus caderas estaban bailando, frotando su sexo contra el mío. Cuando se dio cuenta que no podía mucho mas se paro, me quito el cinturón, me abrió el pantalón y su mano saco mi sexo de mis calzones. Mi mano empezó a acariciar su dulce pecho suelto y ella comenzó a chupar mi sexo. Cuando quise abrirle el pantalón me dijo que no, que esta noche no, y me llevo al séptimo cielo con su boca. Me había dado cuenta que se estaba masturbando por encima de su pantalón mientras me amaba.

Me limpio todo con la lengua antes de cerrar mi pantalón, mi cinturón, y se acostó a mi lado. Nuestro beso fue pasional y me dijo bajito al oído que había disfrutado mucho, tanto como yo, y se dio la vuelta, cogiendome la mano para que la abrasé, poniéndomela en su pecho.

La voz de la abuela diciendo que íbamos a tener mal cuerpo por haber dormido en el suelo me despertó y me di cuenta que Vanesa seguía en mis brazos aunque mas despierta que yo. Creo que mi cara de vergüenza le hizo mucha gracia a la señora de la casa porque se rió mucho. Solo dijo "hijo, cuando Vanesa quiere algo, no hay pero que valga", y se fue a prepararnos el café.

Mi malestar se disipo rápidamente gracias a las bromas y la dulzura de mis anfitriones. Hablamos el poco de mañana que quedaba, salimos a almorzar con un pintor de la zona y su amiga, en la sobremesa se comento el estilo de vida de los artistas, su filosofía, las relaciones sexuales intergeneracionales y caí en la cuenta que daban por hecho que Vanesa y yo habíamos tenido un encuentro amoroso.La verdad es que nuestro comportamiento dejaba bastante pistas, y estos roces de manos tan regulares no engañaban a nadie, ni las miradas casi discretas que nos lanzábamos.

Salimos del restaurante a las seis de la tarde y fuimos a pasear el perro durante una hora, besándonos cada diez pasos, y volvimos para salir de cidra con los abuelos. Picamos mientras seguíamos filosofando y bebiendo y a las once volvimos a casa. despedidos los abuelos, Vanesa me dijo que después de la ducha me esperaba en su habitación.

Llevaba un camisón de seda rosa. La transparencia dejaba adivinar su pecho de adolescente y sus caderas libres de cualquier tipo de prenda. Nada mas verla me entro ganas de acariciar su cuerpo durante toda la noche. Se acerco a mi y me quito el vaquero, única prenda que llevaba encima, y me acostó en la cama. Se movía con una gracia muy sensual y vi como sus pezones se pusieron duros cuando empecé a acariciar sus piernas. Tenia una piel muy dulce y me costo resistir a la tentación de quitarle el camisón enseguida. Mis dedos iban de sus pechos a su ombligo, pasaban a su cuello, su espalda y me esforcé en no acercarme a su sexo en un principio. Quería disfrutar de cada centímetro de ella antes de llegar a su cuevita caliente. Sus pocas formas se notaban mas al tacto que a la vista y mis manos se detuvieron un buen rato en su culo. Cuando por fin acerque mi mano a su sexo, se quito y me dijo que iba a ser mía pero a su manera. Me dio media vuelta y me puso boca arriba en la cama. Pensé que íbamos a repetir lo de anoche, pero ella empezó a acariciar mi sexo con los dedos de una mano mientras se acariciaba con la otra mano. Una vez bien empapados, me acerco sus dedos a la boca para que los chupé. Me deleite de este sabor y casi eyaculo cuando acelero un poco el ritmo de sus caricias.

Se dio cuenta y quito su mano de mi sexo para empezar a besarme suavemente. El beso duro el tiempo necesario para que mi deseo vuelva a un nivel menos critico. Fue cuando paso una pierna por encima de mi, se quito el camisón desvelándome por fin su cuerpo entero desnudo, y acerco su sexo al mío. Todavía no se habían tocado que nuestros ojos se volvieron brillantes. Un ardor inaguantable nos invadió y casi gritamos cuando nuestros sexos se encontraron. Un beso salvaje acompaño la penetración. Perdimos el control de la situación y en un empujón mas violento que los demás note como se corría, lo que provoco mi chorro de semen dentro de ella. Fue un orgasmo muy largo, algo poco frecuente, y caímos rendidos para dormirnos de nuevo abrazados hasta que nuestros cuerpos nos despertaran pidiendo mas. Todavía era de noche y la lámpara de noche seguía encendida. Dedique un buen momento en admirar este cuerpo desnudo antes de subirme encima y dejar que mi palo erecto vuelva a visitar su agujero húmedo y caliente. Nuestros ojos intercambiaban palabras de amor y cuando noto que esta a punto de eyacular, me quito y se puso a cuatro patas, ofreciéndome su culo. Aguare sus caderas y entre despacito en ella. Le daba un movimiento lento con las manos y ella empezó a gemir arqueando la espalda al máximo. Me pidió cogerle el pelo, y empecé a tirar de el. Sus gemidos se hacían mas fuerte a cada embestida y empezaba a moverse cada vez mas rápido y fuerte. Mi otra mano esta empujando la base de su espalda hacia abajo obligándola a forzar mas en sus movimientos para venir a empalarse en mi. Al cabo de unos minutos vi. como llevo su mano a su clítoris y empezó a masturbarse cada vez mas rápidamente. Solté mi leche al momento que grito de placer.

Nos caímos rendidos y volvimos a dormir hasta bien tarde el domingo. Después de ducharse me dijo que tenia que marcharse a casa de sus padres después del almuerzo, y eso hizo. Termine la tarde charlando con sus abuelos, volvimos a levantar el tema del amor intergeneracional, quedamos en volver a vernos antes del fin de año, y me volví meditando todo el camino hacia Madrid. Me hizo envejecer antes de tiempo, volví a mi casa herido de amor, pasé noches mirando el cielo, no salía de mi cabeza. Soñé que bailaba detrás de la niebla, desde entonces cuento los días, los que han pasado, los que me quedan, que me quedan para terminar, terminar con nuestra historia. Tantas cosas han cambiado, tantas cosas cambiaran.

No hay amor sin historia... no hay historia sin amor!