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Nos costo encontrar un aparcamiento no demasiado lejos de
la tienda. Toda la tarde nuestra si mas planes que embobarnos mirando los
productos ofrecidos al cliente. Ambos estábamos con un animo juguetón y
decididos a divertirnos y volver con un par de novedades interesantes. Después de repasar un poco cada estantería nos decidimos a pedir consejos a los dependientes con el fin de encontrar lo mas apropiado a nuestros propósitos. Tu te quedaste con el chico en una dependencia comentando los pros y los contras de los nuevos consoladores mientras escuchaba las explicaciones de una chica sobre la calidad y las propiedades de cada látigo. |
| Cada dependiente nos preparaba una bolsa de accesorios sin que el otro lo viese para dejarnos la sorpresa una vez vuelto a casa. Me parece que este juego de "compro esto pero que no lo vea mi pareja" les gusto y tardaron poco en estar todos pendiente de cualquier deseo nuestro. Se acumulaban los paquetes en el mostrador y habías terminado cuando estaba todavía dudando en la textura del cuero del látigo que iba a comprar. Decir que esta tienda pequeña me gustaba mucho por la atención y connivencia de los jóvenes que nos atendían en oposición a estos supermercados del sexo que te encuentras en todas las capitales y donde te tienes que buscar la vida para encontrar algo bueno entre miles de cintas de video de dudoso gusto. Allí ni video, ni chicas medio desnudas... solo juguetes de calidad y algunas prendas. La propuesta de la chica de probar los látigos y enseñarme como se utilizaban me puso a mil y no dude en aceptar su invitación. Nos reunimos contigo y diste tu visto bueno a este plan fuera de lo común. La chica te llevo en un cuarto de la trastienda mientras el chico me comentaba un poco la mentalidad de los clientes mas asiduos y los productos de mas éxito. Al cabo de unos diez minutos me llamo Laura, nombre de la chica que te llevo por esta puerta misteriosa. Entre en un cuarto de color rosa. Primero vi frente a mi dos sillas, una con tu ropa plegada, la otra vacía. Eran los únicos muebles de la habitación y estabas en el centro, desnuda, las manos atadas en alto a una cadena fijada en el techo. Laura me invito a quitarme el suéter y sentarme en la segunda silla. Estabas de espalda a mi y verte así desnuda con Laura y yo de calle en la habitación me recordó algunas fantasías mías que escribí en mis cuentos eróticos. Si imaginar lo que íbamos a hacer con lo comprado hasta ahora me había puesto bastante a tono, esta situación termino de empalmarme de buena manera. Entonces Laura me enseño cinco látigos en el suelo. Había algunos pequeños, otros grandes, negros, mojados, y una especie de espátula negra de cuero que llamo mucho mi atención. La había visto usar en una peli soft, cuando la manipule en la tienda me imagine que tenía que doler bastante, pero pensar que ibas a probarla me volvió loco. Laura me explico que habían quedado en ir hasta el final de la prueba, que tenían un convenio por si se te hacia insoportable, y que aunque sea una vez en tu vida ibas a experimentar un castigo real. No salía ningún sonido de mi boca y me limitaba a decir que si con la cabeza. Empuño el primer látigo, el mas suave, y empezó a explicarme como dar golpes en cada parte del cuerpo. Parecía acariciarte con el cuero. Nalgas, espalda, pecho, entrepiernas, muslos, cada parte del cuerpo tenía su manera de ser azotada y la lección llamaba toda mi atención. Me pidió levantarme y darte con un poco mas de fuerza en todo el cuerpo según lo que me había enseñado. Estaba al lado mío observando mis movimientos y rectificando algunos golpes mal dados y cuando vio que empezaba a cogerle gusto me mando a sentarme otra vez y dijo que ahora iba a hacernos una demostración de cada modelo, del mas suave al mas duro. Sus golpes eran precisos, rápidos y después de cada serie te dejaba descansar un par de minutos. Empezabas a tener la piel un poco rosada cuando termino y te soltó las manos. Te pregunto cual te había gustado mas y a mi gran sorpresa elegiste uno de los mas duros. Laura pareció muy satisfecha y te pregunto si estabas dispuesta a soportar el castigo convenido al principio. Le dijiste que si con un brillo extraño en los ojos. Viniste a mi y me diste un corto pero entregado beso comiéndome la boca y Laura me pidió de cederle la silla unos instantes. Se sentó y te invito a acostarte boca abajo en sus rodillas. Entonces empezó a darte en el culo con la espátula de cuero. El ruido de los golpes era seco y tus nalgas guardaban la marca de cada impacto. Cuando tu castigadora juzgo que tenias el culo bastante colorido te ordeno levantarte y te volvió a atar del techo. Dio unos latigazos al aire con el látigo que te gustaba y sin previo aviso te azoto la espalda. Tu leve grito fue mas de sorpresa que de dolor y animo a Laura a seguir con mas ganas. Se mezclaba el desafió y el dolor en tu cara y aunque me preocupaba un poco por saber si estabas excitada o al contrario lo pasabas mal, deseaba que nunca terminara este espectáculo. Cuando se paró Laura te dijo o pregunto algo al oído y le contestaste con un débil pico en los labios. Entonces me pidió de levantarme y me cedió el látigo. Me exigió determinación en los golpes ya que era mejor un golpe bien dado que uno a medias. Antes de empezar te bese y te dije que lo sentía pero tenía que hacerlo. No hace falta decir que esta situación me tenia al limite de la eyaculación. Empecé a darte golpes en el pecho, delicadamente como me había explicado nuestra profesora, y disfrutaba viendo tu mueca de dolor a cada impacto. Luego pase a tu espalda y tus nalgas. Los golpes se hicieron mas firmes y empezaba a jalear bastante. Cada vez te dejabas colgar mas de los brazos y tus piernas aguantaban menos tu cuerpo. Laura se acerco a ti y empezó a besarte mientras su mano se deslizo entre tus piernas. Se sonrió y me dijo que te gustaba mucho ser castigada. Me ordeno seguir dándote mientras su mano iba jugaba con tu intimidad. Ya no controlaba muy bien los golpes. Ver como te movías apoyada en la mano de Laura y oír el ruido de cada latigazo me llevo en una otra dimensión y por primera vez en la vida te oí gritar cuando llegaste al orgasmo. Verte así agotada, con estas marcas en todo el cuerpo y este sudor corriendo en tu cuerpo no se me olvidará nunca. Laura te desato y se retiro dejándote una toalla y enseñándote la puerta de un pequeño baño. Antes de retirarte me empujaste sobre la silla, me abriste la bragueta y te comiste mi sexo hasta beberme, cosa que no tardo en ocurrir visto mi estado. Saliendo del baño me prometiste hacerme pasar por lo mismo. Ya vestida y a punto de pagar nuestra compra dijiste con una sonrisa complice a Laura que añada un látigo todavía mas duro al pedido...
© Pascal Leurquin |