En algún lugar de Shibilandia vivía un animalito de cinco patas llamado Ambuco. Era un ser de eterna sonrisa, algo intrigante, secreto, pero de todos querido.
Era de todos sabido que Ambuco tenia un cierto atractivo y se le solía ver bien acompañado por los prados verde, jugueteando, riendo.
Hay quien dice que por la noche viajaba al cielo a hablar con las estrellas. Un cuento mas en la vida de Shibilandia, ya que con sus diminutas alas nunca se le había visto volar.
También de todos era sabido que aunque su cara pareciera seria, se estaba riendo en su corazón. Muy pocos son los que lo vieron enfadado o triste. Solo la atrevida y maldita pulga presumía de haberlo visto llorar una tarde de primavera. Nadie se lo creyó nunca ya que todos sabían que cuando algo le preocupaba mucho, Ambuco se retiraba en su escondite a llorar en secreto.
Algún día de fin de otoño, cuando el bosque donde solía apartarse largas temporadas se ponía de colores rojizos, dorados, amarillos, Ambuco conoció a Divirá, jovencita mariposa interesada en aprender todo lo relacionado con el universo. Fue en una reunión de ancianos, una de estas ocasiones en que se diserta sobre la habilidad del rey de los gnomos y la reina de las hadas en hacer feliz a los habitantes del reino. Ambuco solía acudir de vez en cuando a escuchar estas mariposas recordar tiempos pasados. Aceptado como uno más, no solía decir gran cosa, aprobaba con la cabeza las palabras de los mayores.
La mejor amiga de Davirá era un saltamontes verde, pequeñito pequeñito, con el que hacia concursos de velocidad. Se divertían mucho cuando el saltamontes adelantaba a Davirá en su potente salto y luego era adelantado a su vez al tocar suelo para volver a saltar. Jechael, el hermano de Davirá, jefe de una banda de futuros científicos estaba muy interesado en estas carreras y solía reunir a su tropa alrededor de un plano de arena y tratar de analizar con formulas la interacción del aire en las alas de su hermana y la relación peso-fuerza del saltamontes.
Tanto Davirá como su hermano hablaban con Ambuco de su hermana menor, Despiporé. Aunque no lo decían a nadie, estaban preocupados por ella. Todavía no se le habían abiertas las alas. Se había marchado de casa y no sabían nada de ella.
Hay quien decía que la habían visto con el teclista de un grupo de música, otros que si se había metida en el país de las abejas, inclusive que se había marchado de Shibilandia con una mentís religiosa.
Ambuco estaba intrigado por esta mariposa pequeña y una tarde de invierno se fue a ver a su amigo gnomo el cazador de estrellas fugaces. Recorrió una eternidad hasta encontrarlo, recogiendo estrellas caídas del cielo. El gnomo se alegro de volver a ver a Ambuco y se sentaron al centro de un claro, rodeados de Eucalyptus que soltaron un efluvio de olores para saludar la llegada de estos dos seres chiquititos.
El gnomo escucho Ambuco contarle la historia de una mariposa con las alas cerradas y acordaron ir juntos a hablar con las estrellas esta misma noche.
Sentados en la rama mas alta del mayor de los Eucalyptus, el gnomo llamo a la reina de las estrellas. Ella les envió una estrella fugaz para llevarles hasta el firmamento. Allí arriba recibieron a los invitados entre cantos y risas e invitaron a Ambuco a hablar. Se hizo un silencio total, nunca estrella se atrevía a caer para no interrumpir la solemnidad del momento.
Al cabo de unos años celestes, segundos Shibilandicos, la reina de las estrellas que nunca había negado nada a Ambuco le prometió mandarle una señal cuando haya localizado a esta peculiar mariposa. También le insto a encontrar a la reina de las hadas ya que necesitaría su ayuda para llegar a su fin.
El día siguiente Ambuco fue recibido en audiencia por la reina de las hadas. Siempre era un gran placer para el entrar en el bosque de las hadas. Pocos hombres tenían este privilegio, y la reina se reía de ver la cara de felicidad de Ambuco cuando se veía rodeado de tanta pureza.
Enseguida estaba envuelto por las hadas volando a su alrededor. Nunca le faltaban palabras para resaltar su belleza.
Después de contarle su entrevista con la reina de las estrellas, íntima amiga de la reina de las hadas, esta última le aseguro la ayuda incondicional de las hadas en su búsqueda.
Fue muy poco antes del año nuevo humano que Ambuco fue despertado por unos golpitos a la puerta de su escondite. Tenía que ser algo muy importante ya que nadie se atrevería nunca a romper su sueño sin motivo grave.
Al abrir la puerta Ambuco se encontró con un gnomo mensajero. Este le entrego una hoja de castaño en la que el rey le invitaba a reunirse rápidamente con el.
El reino estaba inmerso en un profundo sueño cuando llegaron al palacio. El rey dio un abrazo de bienvenida a Ambuco y le dijo que tenía una buena noticia. Las estrellas habían encontrado esta misma tarde a Despiporé. Estaba en el lago casseí.
Nada mas encontrarla se había reunida una estrella fugaz con una hada para hacer legar la noticia lo antes posible.
Ambuco se iba contento del palacio, donde el rey le deseo suerte en su largo camino al mundo inhóspito de las marismas. Por alguna razón desconocida para el, muchos habitantes de Shibilandia le temían a este lugar. Mil veces había repetido Ambuco que este mundo era precioso, que sus habitantes eran lindissimos, pero en vano, el miedo era mas fuerte que la curiosidad y nadie se atrevía en ir a comprobarlo.
A la entrada del bosque se interpuso un joven silfo en el camino de Ambuco. Se declaro guardián del bosque y le pregunto la razón de su viaje a este mundo en plena noche. Humildemente le dijo Ambuco que era amigo intimo de los silfos mayores y que deseaba ver a Despiporé. El joven, aunque incrédulo, se fue a llamar a un compañero mayor quien se alegro de encontrarse con Ambuco pero se preocupo de verlo en tan extrañas horas buscando a la mariposa.
Camino al lago le contó el silfo mayor que Despiporé había llegado hacía mucho tiempo a este lugar, que estaba bastante mal pero que el lago le había dejado entrever un futuro bonito y que esta revelación la había hecho renacer. Que se habían puesto de acuerdo con las ondinas para terminar de darle confianza en ella misma y que ahora Despiporé se había convertido en la mariposa mas bella del mundo, que dedicaba su tiempo en ayudar a silfos y ondinas a no temer su destino.
Cuando alcanzaron el lago, el silfo mayor invito a Ambuco a dormir un poco en su refugio hasta que se despertará el Dios sol.
Ambuco no pudo dormir preguntándose si los reyes y reinas sabían que Despiporé se había convertida en una joya ? Seguro que lo sabían… entonces porque no se lo habían dicho ? Y porque se pusieron tan rápidamente de acuerdo para facilitarle este encuentro tan peculiar ? Un mundo de pregunta interrumpido por la llegada del rey de los silfos. No conocía a Ambuco pero lo recibió como si fuera un amigo de toda la vida. Le llevo a la casa de la reina de las ondinas y compartieron juntos un desayuno informal preguntando a Ambuco noticias de los demás reyes y reinas.
Había un ambiente de euforia en el aire, y no llegaba el momento de encontrar a Despiporé. Al preguntar porque tanta demora, los reyes sonrieron y les pidieron tranquilidad a Ambuco. Le aseguraron que este día iba a ser importante e iba a cambiar en bien muchas cosas en la vida del Shibilandia.
Fue a media mañana, cuando los rayos del sol encendieron un camino de luz entre los árboles que ondinas y silfos escoltaron en toda solemnidad a Ambuco hacia un lugar apartado del lago. Los olores se habían intensificados, el astro sol dibujaba estrellas brillantes en la superficie del lago, las ramas de los árboles se enderezaban en el paso de la cometida… En el final del camino alumbrado por el sol se distinguía una casita de madera. En este momento se paro el rey de los silfos, imitado por todo el pueblo seguidor del evento. La reina de las ondinas cogio delicadamente la mano de Ambuco y lo llevo hacia la puerta de la casita hasta que apareciera una luz… era tan fuerte que Ambuco tuvo que hacer esfuerzos para entrever las alas mas bonitas que ningún ser de Shibilandia había visto nunca…
Pascal Leurquin, enero 2006.