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El sombrero rojo y blanco era de los típicos que vemos en la calle en estas fechas navideñas. La peluca de pelos rizados blancos junto a la barba daba un aire severo a la cara sin poder distraer la mirada de unos ojos de gata, de un gris perla brillante, pintados de manera muy sutil y atractiva. Boca y nariz estaban escondidos entre el pelo blanco mezclado con sus mechas negras. La chaqueta roja y blanca cerrada hasta el cuello llegaba hasta medio muslos. Pero vaya muslos! Largos, con lo preciso de formas musculosas, presos de unas medias algo oscuras que desaparecían en unas botas de cuero negro reluciente de tacones de aguja metálico de unos 12 centímetros. El espesor de la chaqueta no revelaba la generosidad del pecho aunque se adivinaban tan deslumbrante que el resto. Al subir la escalerita del coche de caballos le pude entrever unas nalgas redondas. Lo breve de esta visión y las medias me impidieron hacerme una idea exacta de cómo estaban pero mi imaginación se encargo de darles formas y consistencia. Ya sentada la chaqueta le subía hasta arriba de las piernas y termine de idealizar a mi papa Noel.
La vi. descender por la chimenea, dejar su bolsa de juguetes a sus pies, y desabrochándose la chaqueta lentamente decirme que ya podía encender el fuego. La sentí susurrarme al oído un dulce hola soy tu regalo de Navidad, dejándome ver un pecho perfecto debajo de la blusa abierta. Sentí su calor cuando pase mi mano entre sus piernas rozando su sexo por la apertura de sus medias.
Mientras pasaba todo eso se alejaba en su carruaje, llevado por cuatro caballos árabes blancos de crin largo. Estoy seguro de que se dio la vuelta y me guiño del ojo.
Feliz Navidad |