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Un nombre seguido de números… no, no sabía quien me escribía. Asunto : sensibilidad, un documento adjunto y un largo texto. Estaba decidido en leerlo mas tarde pero baje hasta la foto por curiosidad. Sorprendido, perplejo, intrigado, decidí leer el mail. Una presentación, bien formulada, mujer emprendedora e independiente, separada con dos hijos. Pasaste bastante tiempo leyendo mis historias, y si bien encontraste algunas cosas menos logradas, falta de ritmo o de sensualidad en otras, te había llamado la atención mi sensibilidad. Me contaste brevemente la línea principal de tu vida sexual y me dijiste que mas de una vez habías hecho el amor solitario pensando en mi y en situaciones relatadas por mi. Que una de tus asignaturas pendientes era llegar al fondo de tu sexualidad, y que deseabas pasar un fin de semana conmigo a solas. Era una foto tuya, desnuda, tomada en el espejo de tu cuarto de baño. Mujer agradable con un cuerpo atractivo. Calculaba que tendrías unos 40 años. Te conteste que me tenias que dejarme un par de días para pensar en ello. Te preguntaba si estabas dispuesta a confiar ciegamente en mi, y a hacer todo lo que habías leído en mis relatos excepto mezclar mas personas al asunto. En mi mail siguiente te comente mis pensamientos … mi pregunta sobre mi capacidad de hacer el amor a una persona desconocida … lo ideal de venir hasta mi casa por tener aquí los accesorios precisos a cualquier juego del amor, la necesidad por tu tranquilidad de avisar a alguien cercano a ti de donde ibas y con quien, mi exigencia de que me firmaras un papel explicando que estabas de acuerdo en ser atada y utilizada sexualmente, y otros detalles que pasaron por mi cabeza durante estos días. Por respuesta recibí un mail tuyo donde expresabas formalmente tu decisión de estar encerrada conmigo en casa por propia decisión con el fin de llevar a cabo experimentos sexuales, incluyendo ser atada con todas sus consecuencias. Me comentabas que ibas a venir con este papel impreso y firmármelo nada mas llegar. El avión tenía casi una hora de retraso y no ayudo en guardar la serenidad que deseaba. Habíamos quedado en que vendrías temprano este viernes para poder almorzar juntos y poder así hablar un poco de nosotros. El momento de la verdad llego cuando se abrieron las puertas de salida de recogida de equipaje. Apareciste con un suéter de cuello alto marrón, un pantalón formal marrón y unas botas de tacones marrones. Te encontré un poco fría a primera vista, pero pensé en que debías de sentirte peor que yo. Me correspondiste a mi sonrisa cuando me viste y nos dimos un simple beso en la mejilla antes de caminar hasta el coche. Ya era la una de la tarde y decidimos ir directamente a un restaurante de pescadores cercano a comer algo suave con una copa de vino. Aprovechamos para hablar de nuestros hijos, y el ambiente empezó a distenderse. La risa apareció y el tema de conversación derivo hasta lo que nos ocupaba. Te pregunte si habías traído las prendas que te había sugerido, las sandalias abiertas, el vestido mas corto que tenias, y me contestaste afirmativamente a todo. Me preguntaste un poco insegura como íbamos a proceder, y te dije que desde el momento que entremos en casa ibas a hacer lo que te diría. Que seguramente íbamos a darnos una vuelta por el paseo marítimo antes de encerrarnos todo el fin de semana hasta el domingo mediodía. También convenimos de unas palabras que me dirías si no estabas a gusto con lo que hacíamos, y pararía inmediatamente. Cuando llegamos a casa te dije que iba a sacar todo lo que habías traído en tu maleta y ver lo que había de ropa, mientras tu te duchabas solita. Las prendas intimas eran muy bonitas, todas negras, los zapatos negros de tiras finas, unas bailarinas doradas, dos vestidos cortos, uno mas de noche y uno ideal para ir a pasear, una falda mas o menos corta y unas camisetas. Pinturas, cinturones y otro suéter terminaban el inventario de tus pertenencias. Cuando terminaste de ducharte te dije sin a penas mirarte que te pusieras el vestido veraneo con las bailarinas y que mira por donde, sin ninguna prenda intima. Después de decirte lo guapa que eras con esta ropa, te cogi de la mano y te lleve al coche. Me miraste interrogándome con la mirada, pero por sola respuesta te dije de subir. Camino a la ciudad te dije de no preocuparte, que nadie se daría cuenta que ibas desnuda debajo de la prenda. Al cabo de un rato caminando empezaste a relajarte y íbamos de la mano haciendo los mismos comentarios de cada personas cruzadas como ellas haría de nosotros. Nos paramos en medio del paseo y te di un beso que aunque poco pasional, agradable. Nos reímos mucho de esta sensación y te dije de prepararte que al próximo beso te iba a acariciar el culo. Te entregaste a esta caricia sin ocuparte de los paseantes que podían mirarnos y supe que era hora de volver a casa. Cuando te subiste en el coche, te dije de subirte la falda, que quería que sintieras el cuero del asiento en tus nalgas y quería ver tu sexo desnudo. Obedeciste sin hacer comentarios y empezaba a aparecer un brillo de deseo en tu mirada. En camino empecé a explicarte que desde este momento ibas a serme sumisa, mi esclava, mi juguete, y que iba a utilizarte hasta el sábado mediodía. Si te portabas bien y lo deseabas, el sábado tarde podrías utilizarme poniendo en practica tus fantasías, y que el sábado noche íbamos a dedicarlo a analizar lo sucedido estos dos días y dejar nuestros cuerpos decidir si querrían hacer el amor de manera mas tradicional. Llegados a casa te mande desnudar completamente y te ordene arrodillarte en el suelo al pie del sofá y quedarte allí mientras me duchaba. Al principio te note un poco incomoda pero mientras te explicaba que te ibas a quedar así mientras te duchaba empezaste a mirarme con desafió al mismo tiempo que ibas enderezándote y sacando pecho. Entonces te junte las manos detrás de la espalda y te espose para evitar la tentación de moverte. Me duche con mucha calma, dejándote tiempo de disfrutar de tu nueva condición de sumisa. Cuando juzgue que el roce de la alfombra en tus rodillas podía empezar a ser doloroso, me acerque a ti y te ordene secarme con tu boca mi sexo emocionado por la situación. Te enderezaste en tus rodillas y empezaste a lamerme despacio mirándome con unos ojos de gatita obedeciente. Empezaba a estar a gusto y me quite de tu boca cada vez mas golosa. Te ayude a levantarte y te lleve a la terraza. Hacia una tarde calorosa y después de quitarte las esposas, te dije de acostarte boca arriba en la mesa. Puse tus brazos por encima de tu cabeza y he vuelto a esposarte, esta vez con la cadena de las esposas sujeta en un enganche que había puesto al efecto debajo del borde de la mesa. Cada pie fue preso de una cinta atada a las patas de la mesa, y quedaste bien abierta de piernas. Admiraba tu sexo así ofrecido mientras preparaba la cinta para bandarte los ojos. Te hice el nudo a un lado para que puedas apoyar la cabeza sin dañarte y te puse un fino cojín debajo de la melena. La ausencia de viento me venia estupendamente. Las altas paredes alrededor del jardín nos aislaban de la calle poca frecuentada pero aun así cuando muy de vez en cuando oías un motor, se te notaba un pequeño estremecimiento. Empecé a acariciar tu cuerpo con suavidad, disfrutando de la dulzura de tu piel. Acerque mi boca a tu sexo y note un fuerte perfume a deseo y comprobé que estabas muy mojada. Te deje pensando en lo que te podía hacer mientras iba a buscar un par de cositas necesarias para mi propósito. El cubito de hielo recorría tu vientre que intentabas meter lo máximo posible mientras te invadía la piel de gallina. Seguí el recorrido por cada pierna, y termine por los pezones. Entonces pasee mi lengua en la marca brillante que había dejado el agua a lo largo de tu cuerpo. Te susurre al oído que íbamos a pasar a otro tipo de sensación muy parecida. Respirabas mas rápidamente, girabas la cabeza hacia mi y tus labios me pedían un beso. Cuando cayo la primera gota gemiste débilmente y te pregunte si te era desagradable o si podía seguir. Me dijiste de no detenerme. Estaban cayendo una tras otra entre tus pechos, bajando hacia tu ombligo. Se detuvieron por encima de la pubis para volver a empezar en los pies y subir a lo largo de las piernas. Cada gota te sacaba un gemido de placer. Cuando alcanzaron tus pezones, esos se pusieron mas erectos todavía y tus caderas empezaron un ligero movimiento de deseo. Sujetaba la vela a unos treinta centímetros de tu piel. Lo necesario para evitar un dolor desagradable, pero lo suficiente para notar en calor en tus poros. Seguías moviendo las caderas cuando acerque mi mano con el cubito de hielo a tu clítoris. Fue como mandarte una descarga eléctrica, y mi boca empezó a comerte ávidamente mientras gemías cada vez mas fuerte. A cada sacudida de tu cuerpo notabas como la cera se iba despegando de tu cuerpo y llegaste en mi boca al poco tiempo. Ibas recuperando el aliento mientras te quitaba delicadamente la cera con las manos. Cuando te encontraste limpia, te quite la banda de los ojos. Nos besamos antes de desatarte y tu ojos brillaban en la noche. Te concedí un largo momento de descanso que aprovechamos para fumar abrazados en el salón antes de hacernos una cenita ligera para poder seguir pronto nuestro juego. Te pedí que mientras íbamos y veníamos preparando las cosas te pusieras la camiseta gris de reja que había visto en tu maleta y los zapatos negros, pero nada mas. Me dio mucho morbo verte pasear así delante de mi. Las piernas silueteadas por los tacones, el culo al aire y los pezones asomando tímidamente por los agujeros de la blusa. Te pregunte si te habías sentida incomoda o violentada en algún momento de la tarde, y me contestaste que te había gustado todo y que para ello habías venido. Después de recoger y fumarnos otro cigarrillo, te lleve a la cama. Mi deseo estaba a su cenit pero estaba decidido no ponerle fin hasta el momento de dormirme. Te quite la blusa para poder besarte los pechos. Estabas sentada al borde de la cama. Cuando tus pezones volvieron a su estado anterior de excitación, les aprese con unas pinzas previstas al efecto. Les regule la presión lo justo para una primera vez y tu mueca de dolor desapareció enseguida dejando paso a una expresión de disfrute. Te dije de acariciarte mientras me quitaba el vaquero, única prenda que me había puesto antes de salir a la terraza. Tus manos pasaban de tus pechos a tus muslos en langorosas caricias y cerrabas los ojos mientras movías con los dedos las pinzas de tus pezones, mordiéndote los labios. Los dedos de tus pies estaban retorciéndose entre las correas de tus sandalias mientras un dedo penetraba tu intimidad. Dudaba entre dejarte correrte o interrumpirte. Tenia muchas ganas de masturbarme mirándote así disfrutando delante de mi, para mi. Me acerque a ti pensando en meter mi sexo en tu boca, pero cambie de idea y te bese en la boca mientras seguías acariciándote cada vez con mas ímpetu. Estaba arrodillado en la cama detrás de ti y mis manos empezaron a jugar con tus pechos, para terminar tirando cada vez mas fuerte de las pinzas de tus pezones. Entonces tuviste un largo orgasmo ahogándote entre el beso que me dabas y los gemidos que se te escapaban. Te quite las pinzas y caíste rendida en la cama. Te quite las sandalias y me acosté a tu lado dándote besos en la cara. Tu mano buscaba mi sexo pero te impedía llevar a cabo tu propósito y después de descansar unos minutos, y te aconseje ir al baño antes de acostarte. La cabeza en la almohada, de lado dándome la espalda según te dije, te ate las manos y los pies dejando un poco de juego para que puedas encontrar una postura cómoda. Es que una esclava duerme atada. Te dije que ya era tarde y que necesitabas descansar. Entonces te acaricie la espalda durante un largo rato, saque el lubricante de la mesita de noche, y empecé a dilatarte el culo con el gel en los dedos. Me unte el sexo y despacito me abrí camino en ti. A pesar de tu agotamiento empezaste a seguir el ritmo mío y me llevaste al mas profundo de ti. Explote de repente cuando apretaste mas las nalgas. Me pegue bien a tu espalda, te abrase teniendo cuidado de no salirme de ti y me deje llevar por el sueño. Cuando te pregunte como habías dormido, me dijiste que bien, que te habías despertada ligeramente varias veces y habías pasado la noche excitada recordando lo ocurrido y pensando que estabas durmiendo atada. Esta mañana, desayunando en la terraza, tu desnuda y yo con mis vaqueros, me dijiste que te apetecía probar el látigo. Te mande a poner las sandalias negras y después de atarte al techo empecé a darte golpitos en todo el cuerpo, viendo como te retorcías mirándome desafiante como el día anterior. Nuestra sesión termino por una cogida en toda regla, tu atada, yo frente a ti sujetándote una pierna levantada. Cuando te desate te ayude a acostarte en la cama. Estabas agotada y te deje descansar un largo rato mientras te besaba el cuerpo. Por la tarde y según lo pactado me dijiste que deseabas atarme igual que te había atado. Me desnudaste, me ataste las manos arriba, y empezaste a besarme el cuerpo, dándome de vez en cuando un cachete en el culo. Tardaste bastante poco en arrodillarte delante de mi y hacerme disfrutar con tu boca. De vez en cuando seguías este movimiento lento y regular con tu mano mirándome disfrutar sin poder tocarte. Me corrí en tu boca, y me soltaste las manos para enseguida esposarlas detrás de la espalda. Me preguntaste si me acordaba de lo que te había hecho ayer, y me ordenaste arrodillarme delante de ti y hacerte disfrutar con mi boca. Te habías apoyado en la pared y mientras te metía la lengua en lo mas profundo de ti tus manos acariciaban tu pecho, empujaban mi cabeza contra tu sexo hasta ahogarme en ti cuando llegaste al orgasmo. |
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© Pascal Leurquin