Enviado por mi amiga María de Alicante....
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Perder las llaves aquella mañana en la playa, había destapado todo un mundo de sensualidad, en un momento en el que casualmente sus instintos parecían estar adormilados, dejados caer por un bolsillo roto. Llegó a esa dorada playa, con el único animo de tostarse y cerrar todas las ventanas abiertas de su cabeza, la recomendación de Elena había sido acertada, era solitaria, grande, musical y de aguas transparentes. Los paseos matutinos cuando aún la playa no había despertado servían para que su apetito apareciera, y el agua en su piel, la trasladaba. Un pequeño sendero la llevaba desde la casa hasta la arena, detrás de unas dunas, toda de paredes blancas, así se sentía cuando cerraba los ojos y cuando los volvía a abrir al despertar, blanca, era una sensación cálida, luz al amanecer, mucha luz. Pero ese día, algo la tenía descentrada mientras paseaba, unas desordenadas palabras se cruzaban arriba y abajo, y un incipiente dolor de cabeza, hicieron que no supiera dónde perdió las llaves, y se encontró sin mas atuendo que el pareo, y una casa con ventanas abiertas junto a la orilla. Llamó desde fuera, sonaba música y olía a café, llevaba varios días sin tomar café. Todo formaba parte de un plan de desintoxicación física y mental, así que el simple olor avivo su deseo de tomar uno, nadie respondió a su llamada, opto por deslizarse tras la puerta despacio, pero anunciándose con un hola tímido, la inundo el color, quizá el llevar varios días rodeándose de espacios blancos, la hizo ver cada nuevo color como si fuera la primera vez que lo descubría, tan pronto vio alguna pared azul cobalto, como sus ojos pasaban a través de los visillos de color magenta, cojines turquesas danzaban junto a los malvas, sofás que hasta podían oler a canela si una se dejaba llevar tan solo por los ojos, si no fuera porque el olor a café inundaba la estancia, grande, diáfana, parecía que cada objeto estuviera allí por casualidad y hubiera decidido agregarse modestamente al entorno, uniéndose los colores en armonía, sintió calor, nadie respondía su llamada, pero la música sonaba, alguna melodía celta, nueva para ella, envolvente, danzó. Así la encontró él al entrar en casa, la observó en silencio, morena, luminosa quizá por el pareo blanco que envolvía su torso desde el pecho hasta los tobillos, demasiado blanca en su habitación de los colores y pese a ello no desentonaba, seguía los compases, ahora lentos, otrora cadenciosos, pero en cada momento como si conociera perfectamente la melodía y esta se deslizara por su piel, la dejó terminar. No sabía cuanto llevaba observándola, pero rápidamente cesó su danza, se sintió extraña y se disculpó. - No te preocupes, me encanta llegar a casa y ver que los ladrones visten pareo. - Perdí las llaves, así que necesitaré un cerrajero, y pensé que podría llamar desde aquí, pero el olor a café y la música me trasportaron, lo siento, no debí entrar. - No te disculpes, me encantó llegar y ver que bailabas, en esta casa no suelo recibir visitas, es mi refugio, ven te prepararé un café, y luego llamaremos al cerrajero aunque si no has cerrado muchas puertas igual podemos entrar por algún sitio. Pasaron a la cocina, y allí el color se transformo en una cálida madera, la cocina no parecía pertenecer a la misma casa, pero era igual de confortable, allí había sido mas comedido con los objetos, también era espaciosa, extraño para una casa donde no se recibían visitas, tomaron café en la mesa redonda que presidía la estancia, sabía mejor que olía y le explico que era una mezcla que un amigo le enviaba cada mes, la cantidad justa para sus 4 cafés diarios, era fotógrafo, y fotografiaba mujeres, así que cada dos meses aproximadamente, se internaba en esta casa donde apenas veía gente, y desconectaba de tantos rostros, por más que fueran distintos en multitud de aspectos, necesitaba dejar de verlos para reencontrar en ellos esa chispa que saltaba Cuando su cámara enfocaba. Charlaron, pausada y pacíficamente, Miguel tenía una voz ante todo tranquila, quizás no sería la voz que ella habría puesto a ese rostro, porque su cara era más acelerada que el resto, gesticulaba con sorpresa cuando su voz no la mostraba, sonreía rápido y su voz no se inmutaba, ella observó que le respondía a las preguntas que en situación semejante habría hecho, quizá por su tesón al hacer que una mujer se sintiera relajada y lo mostrara en el rostro. Después del café marcharon hacia la casa blanca, en busca de alguna puerta que pudiera ser abierta sin ayuda profesional, pero la prudencia de Iris no lo permitió, con lo que después de avisar al cerrajero más cercano y comprobar que hasta la tarde no podría llegar a la casa, la opción más cómoda era volver a casa de Miguel. - No te preocupes, no alteras en nada mi rutina, mi plan para hoy era dejar pasar las horas, preparar comida, trastear un poco en el ordenador para no desconectar del todo del trabajo, “te mentí cuando te dije que necesitaba perder de vista los rostros femeninos”, aunque quizás con el tuyo sería suficiente para mucho tiempo... Iris, acogió el comentario con una risa, nerviosa en su fondo, aunque esperaba que él no lo notara, empezaba a sentirse tonta, había hombres que, sin saber porque le provocaban esa torpeza clásica del nerviosismo de los tímidos, y se dijo que debía controlar eso o durante el resto del día se le caerían tazas, tropezaría con algún mueble, descolgaría cortinas al abrirlas y algún que otro desastre. Cuando entraron él le recordó que se sintiera como hace un par de horas cuando llegó y nadie se encontraba en la casa - Puedes bailar, leer, tomar el sol, o cualquier cosa que se te ocurra, yo prepararé algo para comer y revisaré unas fotos que he de enviar. - Te ayudaré con la comida, me siento rara sin nada que hacer - Bien, pero más tarde, es temprano para la ensalada,, relájate, ahí tienes revistas y libros, recuerda que has venido a esta playa a desconectar y descansar. Salió de la estancia, dejándola con la música, ella observó con detenimiento cada objeto, y eligió una hamaca negra, estaba orientada al mar, bajo ella cojines de distintos colores parecían estar preparados para una posible caída, entre los libros encontró uno publicado por Miguel, sentía mucha curiosidad por ver que fotos era capaz de sacar su objetivo. Mujeres, ya lo había dicho, mujeres, de casi cualquier edad y condición, pero todas bellas, o quizá estaría mejor dicho, se sentían bellas, porque alguna de ellas no habría llamado nuestra atención a no ser por ese instante que la cámara supo sacar de ella, muchas actitudes plasmadas en cada página, rebeldía en ocasiones, dulzura en otras, alegría, desafió, pero a todas les unía una cierta sensualidad, lo mismo que respiraba Iris en esa casa desde el momento en el que entró, se acomodó de lado en la hamaca, y empezó a imaginar cual sería la historia de cada una de ellas, y a imaginar quien decidió que pose o que ropa usar en cada momento, le resultaba divertido, pensar donde estaba el viejo coche rojo de los 50 en la que la rubia vestida de negro simulaba dormir, o las ruinas donde la señora de 60 vestía como una mata-hari al uso, con cara de apocada y desafiante al mismo tiempo, reivindicando su hermosura, se entremezclaban escenarios conocidos para todos, con lugares que igualmente estaban a nuestro lado pero nunca nos ocuparíamos en ver, los ojos de una niña, o la mirada gatuna de una mujer hacían que cobraran importancia, sin darse cuenta fue cerrando los ojos, dejándose llevar por la música, las notas del piano eran como dedos en su cabello, y el sueño la llevo consigo. Tal vez los dedos en su cabello no habían formado parte de su sueño, porque allí estaban sus manos acariciando su pelo cuando abrió los ojos, sin saber cuanto tiempo podía haber pasado. - Tendrás hambre? Dormiste algo mas de una hora, no es mucho, pero dormir a estas horas suele acrecentar el apetito. - No se como pude dormirme. Cerró el pareo a la altura de sus ingles, de repente sintió su desnudez, hasta ahora no. Prepararon una ensalada, charlaron, Miguel se interesó por su vida, y rieron mientras ella explicaba lo poco divertido que resultaba su día a día, entre ollas de cocción de doble camisa, juegos de cernidores, guantes de asbesto y licuadoras industriales, jugó a despistarle para terminar explicando que llevaba el departamento de control de calidad de una planta de harinas y granos. De repente Miguel la tomó de la mano diciéndole, - Espero que no te enfades conmigo, ven, quiero enseñarte algo. La llevó a su estudio, y la sentó frente al ordenador, al momento vio una imagen suya, dormida, se dio la vuelta y vio la sonrisa de Miguel, - te dije que no que te enfadaras, no pude resistirme a sacarte fotos, siempre tengo a modelos a mi alrededor, pero alguien que se duerme con tanta espontaneidad en mi hamaca, no es normal-, ella siguió viendo las fotos, eran bonitas, la expresión era muy dulce, y su gesto era tranquilo, siguió pasando las tomas, y se dio cuenta que la postura había cambiado, asomaba su pierna por debajo del pareo y parte de su pecho, se puso nerviosa, él lo noto. - Tranquila, si no te gustan tu misma las haces desaparecer ahora, tan solo hay una visión clara de ti. Le gustaban, nunca había tenido fotos suyas desnuda y se dio cuenta que le gustaban, siguió viendo las siguientes, y un calor la invadió, notó la misma sensación que cuando en la mañana se adentró en esa casa, un halo de sensualidad que la envolvía, Miguel pareció darse cuenta y deslizo un dedo desde su barbilla, dejándolo resbalar hacia su pecho, como si fuera una gota, sin detenerse, despacio, Iris sintió como sus pechos se erguían, tensos, a la espera no sabía muy bien de que, él susurro a su oído – Quise seguir desnudándote mientras dormías, pero no sabía si querrías, quieres?- respiraba acelerada viendo acercarse el dedo a sus pechos, sin saber que camino tomaría, notaba como sus pezones estaban duros, no acertaba a articular palabra, todo le había sobrevenido de sorpresa, agradable sorpresa, el aliento de Miguel en su cuello, sus palabras, su dedo susurrante, movió la cabeza en gesto afirmativo y emprendió el camino del deseo. Sintió su dedo llegar a uno de sus pezones, sobre la tela, eléctrico, pellizcándolo, pasando lento de uno a otro, hacia todo lo posible por no gemir, - bien, ahora quitare el pareo y tal como estas en la silla, posaras para mi, pensaras en todo momento que mis dedos pellizcan tus pezones, para que sigan así, duros, erguidos- Iris cerraba los ojos, solo escuchaba y sentía. Notó como desataba el nudo a la altura del pecho y como la tela resbalaba hasta la cintura, sintió un ultimo pellizco en ambos pezones y se le escapo un pequeño grito, no sabia que deseaba más, dejarse llevar ante su cámara o seguir sintiendo sus manos. Abrió los ojos, le vio con la cámara preparando el objetivo, la miraba serio, penetrando con sus ojos verduscos y atendió sus peticiones, abrió un poco las piernas, recogió el pareo sobre uno de sus pechos, le miró sonriendo, le miró provocando, ambas manos sobre los pezones, repitiendo los pellizcos que él mismo le había dado, así poco a poco fue soltando, a cada toma, Miguel se acercaba y besaba su boca abierta, rozaba su pecho, mojaba la espalda con su lengua haciendo que su cabellera fuera toda hacia delante, escalofríos continuos, de pie, de espaldas, dejo el pareo totalmente y jugo con el pequeño bikini blanco, sentía la humedad, y el lo adivinaba.- toca tu sexo- sin dudarlo, despacio, su mano se adentró, mojada, disfruto del tacto, sabiendo que sus manos eran el aperitivo previo, apartaba la tela a un lado, subía la pierna al brazo de la silla, acomodaba sintiéndose observada, sabiendo lo excitado que estaba él mientras disparaba la cámara, -sigue- se acerco por detrás y le acerco la mano a la boca, ella chupo sus dedos, con deleite, él le aparto su mano de su sexo mientras le decía al oído – deja que ahora me encargue de tu coño yo- y acerco sus dedos mojados, apartando totalmente la tela, reconoció cada hueco, estaba empapado, Iris fue abriendo mas sus piernas, deseando que no dejara ningún pliegue de su piel sin tocar, notaba el aliento en su cuello, y su otra mano en sus pechos, de un pezón a otro, le preguntaba al oído si le gustaba, le decía lo hermosos que eran sus pechos, a cada palabra que escuchaba, se retorcía de placer, sus dedos jugaban dentro de sus labios, sin entrar, haciéndola desear más.., arriba y abajo, como si todo el deseo se concentrara en sus dedos, sin dejar de tocarla, se puso frente a ella, ahora si era posible besar su boca, sentir su lengua, abría los labios ávidos, hambrientos, él apretaba su pecho y fue bajando su boca hasta chuparlo, deliciosamente, y siguió deslizando su lengua, mojada, hasta llegar a su coño, abierto, mojado, y enloquecido por sus dedos, estos dejaron paso a su lengua, Iris se dejo hacer, abría sus piernas, rozaba su cabeza, acompañaba su mano a su pecho la llevaba a su boca chupando sus dedos, para llevarlos al centro de su placer como si no le bastara su lengua, lo quería todo, su boca, sus dedos, su lengua, su miembro, estaba impaciente por sentirlo, él pareció intuirlo y la levanto, la apretó contra sí, y pudo notar lo excitado que estaba, mientras la besaba, ella acercó su mano a su entrepierna, pero él no se lo permitió, llevándola a su braguita de nuevo, metiendo ambas manos dentro y haciéndola gritar, la hizo andar despacio, encaminándola a la otra habitación, sin dejar de hurgar en su sexo, cuando llego a la altura de la mesa, la volteo despacio haciendo bajar su bikini, y recreándose en sus nalgas, las acariciaba como a un objeto delicado, mientras su boca se acercaba delicada, estaba a punto de explotar, la hizo bajar hacia la mesa, y sintió el roce de la madera en su pecho y el de su polla en sus nalgas, una oleada de placer la recorrió, y su cuerpo se bamboleaba, reclamaba que la penetrara, pero él quería hacerlo desear más, y se limitaba a acercar su hinchado miembro a su clítoris, -sigue, entra...- y en uno de sus paseos él no pudo controlar que su polla tomara el camino hacia dentro, la sintió doblegarse, cálida, absorbente y deseosa de sus embestidas, y empezó un vaivén desenfrenado, ella gritaba a cada movimiento, haciendo que Miguel deseara más, buscaba sus manos, besaba su espalda, gritaba con ella, deseaba terminar llenándola de placer, todo el rato contenido había hecho que su excitación rozara el extremo, y oírla gritar hizo que llegará a su momento de placer apretando su espalda junto a la de ella, haciendo que ese momento fuera etéreo. Casi no recordaban, como se habían movido hasta el sofá, tan solo el despertar abrazados un rato después. - Tienes hambre?- preguntó Iris. - Tenia de ti...y no lo sabía. |