Estaba en una terraza sentada, tomando un refresco con una amiga y de pronto giré la cabeza y le vi. Hacía tiempo que le había visto en esa misma cafetería y desde ese día no pensaba en otra cosa que en tenerle entre mis piernas.

 No imaginaba ni por un instante que él se pudiese fijar en mí. Un hombre como él, alto, moreno, ojos verdes y con los labios más sensuales que había visto nunca. De manera que cuando se levantó para ir a la barra, no pude hacer otra cosa que mirarle descaradamente el trasero. ¡¡¡Tan redondito, tan bien puesto!!!.

 Yo sabía los pub que el frecuentaba y esa noche decidí ir a por todas, usaría todas mis armas de mujer para conseguirlo, para hacerle mío.

 Llegué a mí casa y me pegué una ducha. Me puse la lencería más sensual que tenía y un vestido negro a media rodilla pero muy pegado. Me maquillé, me puse perfume y salí en su busca.

 Cuando llegué al primer pub, le ví al final de la barra, tomando un  cubalibre. Me hice paso como pude entre la gente y conseguí ponerme a su lado. Me pedí un vodka con naranja y esperé que me lo trajeran.  De buenas a primeras, él se giró y se me quedó mirando. Pude observar como disimuladamente miraba mi escote y decidí presentarme.

 Estuvimos juntos de copas toda la noche, se notaba que había química entre nosotros y cuando llegó la hora de despedirse, me pasó el dedo suavemente por mi espalda y me preguntó si me llevaba a casa. Ese gesto hizo que recorriese un escalofrío por todo mi cuerpo, asi que Acepté su invitación y me monté en su coche.

 Cuando nos acercamos al coche, se me quedó mirando fijamente a los ojos, me miraba con deseo, con pasión y me acerqué despacito y le dije al oído…. “guapo”.  Pude notar  como se le pusieron todos los pelos  de punta, entonces me agarró de la cintura y me besó apasionadamente.

 Nos montamos en el coche y seguimos besándonos. Todo el trayecto hasta mi casa estuvo con su mano entre mis piernas, acariciando mis muslos. Yo estaba muy excitada y no dejé de tocar su sexo en todo el camino.

No hizo falta invitarle a subir, con una mirada lasciva fue suficiente.

Ya en el ascensor empezamos a besarnos desenfrenadamente, el pasaba su lengua por mi boca y yo jugaba a cogérsela. Me tenía cogida de las manos para poder besarme a su antojo.

Una vez en el piso, me arrinconó contra la pared y empezó a besarme el cuello. Me lo besaba lentamente, y cuando yo iba a besarle él se retiraba.

Me desnudó poco a poco, me quitó el vestido y me dejó puesta la lencería, las medias de liga y las botas de tacón.

Todos los poros de mi piel lo deseaban, deseaban su cuerpo, su boca, su sexo. Deseaba que me besara, que me comiera enterita y me penetrase profundamente.

Poco a poco fui desnudándole, empecé por quitarle la camisa, besándole el cuello y bajando con mi lengua hasta su pecho. Tenía los pezones duros como rocas y se los empecé a chupar.

Mis manos estaban en su culo, duro como una piedra. Notaba su sexo erecto y caliente y deseaba que me penetrara.

Le llevé a mi dormitorio y le tumbé en mi cama. Yo aún llevaba la lencería puesta, pero a él ya lo había desnudado. Me puse a besarle todo su cuerpo. Empezando por el cuello, fui bajando despacito hasta su pecho y poco a poco llegué a su ombligo. Notaba su excitación, estaba al borde del orgasmo y decidí que era momento de jugar.

Le dejé que me desnudara entera, me quitó el sostén y se metió mis senos en su boca, jugaba de manera descomunal con mis pezones y yo no podía dejar de gemir. Poco a poco, sus manos empezaron a resbalarse por mi cuerpo y me quitó el tanga. Estábamos excitados, parecíamos perros en celo.

Su lengua recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo. Empezó besándome por dentro de mis muslos y poco a poco su lengua se perdió entre mis piernas. Jugaba con mi clítoris lo lamía una y otra vez y mientras con su lengua saboreaba mi jugo, con su dedo me masturbaba. Yo estaba al borde del éxtasis, me estaba volviendo loca de placer. Mis gemidos cada vez eran más fuertes y él estaba excitadísimo.

Nos dimos la vuelta y me puse sobre él. Saqué de mi cajón unos pañuelos de seda negros y le até a la cama. Sus ojos lascivos me miraban suplicantes de placer, sus manos atadas al cabecero de mi cama se retorcían intentando soltar las ligaduras, todo su cuerpo sudoroso me pedía a gritos que lo acariciara y de su boca brotaban pequeños gemidos.

Le tenía indefenso, era mi esclavo, mi juguete sexual y eso me daba mucho morbo. Poco a poco empecé a besarle el lóbulo de la oreja y a decirle “cositas” al oído.  Por cada cosa que le decía notaba como toda su piel se estremecía y me suplicaba que lo soltase para poder tocarme.

Pasé mi lengua húmeda por todo su cuerpo, empezando por el lóbulo de la oreja y bajando por su pecho hasta sus muslos. Cuando llegué a su sexo éste estaba muy duro. Sin pensarlo lo agarré con mi mano y me lo metí en mi boca. Empecé chupándole suavemente la punta del glande, haciendo círculos con mi lengua para terminar con todo su sexo dentro de mi boca.

Sus gemidos cada vez eran más fuertes. Saqué su sexo de mi boca, me puse a horcajadas sobre él y penetré su sexo en el mío con fuerza. Mientras lo cabalgaba, lo libré de sus ataduras y una vez desatado, sus manos me cogieron de la cintura y me agarró con tanta fuerza, que yo no puede parar de montarle.

Los movimientos cada vez eran más fuertes, nuestros cuerpos sudorosos  estaban entrelazados y los gemidos cada vez eran mayores.  De esta manera fue como los dos a la vez nos fundimos en un profundo abrazo mientras llegábamos juntos al orgasmo.

Por mi amiga Inma ;-)