En estas editoriales internacionales te piden si estas disponible en tal fecha, te dan el destino y te desvían la llamada a la persona encargada de organizar el viaje.

La primera vez que hable contigo, me costo un poco romper la barrera que pusiste entre nosotros. Solo pretendía ser agradable y alegrarte un poco el día... La segunda vez pareciste contenta de oírme de nuevo y te reíste mucho de las bobadas que te conté acerca del ultimo viaje que me habías organizado. Te atreviste a pedirme de llamarte a mi vuelta y contarte las desgracias que me iban a pasar esta vez, aunque sabias que no lo iba a hacer me dijiste.

Pero lo hice. Al día siguiente de mi vuelta te llame y te quedaste sorprendida cuando te dije que no iba a ninguna parte, solo te quería contar lo mal que me habías organizado los tránsitos. Creo que acaparamos la línea durante una hora larga. Nos reímos mucho de lo exagerado que era contándote mi viaje.

Pasados unos días me acordaba de tu dulce voz y decidí mandarte unas flores. Solo sabia que te llamabas Ángeles, trabajabas en la área de producción de la editorial, y me arriesgue con estos pocos datos enviar unas rosas rosa pastel con una tarjetita a la empleada mas agradable de esta fría empresa.

Nunca te había visto, pero me gustaba esta relación telefónica de amistad y complicidad que se había creado tan rápidamente y naturalmente. Y reconozco que estaba esperando tu reacción con ansiedad.

Estaba sacando unas fotos en el estudio cuando sonó el teléfono. Contesto Verónica y me grito que era el departamento de producción de la editora. Di descanso a los modelos y nada mas abrir la boca me dijiste que aceptabas la invitación. Me quede en blanco un momento y añadiste "a seguir hablando por teléfono".

La verdad es que con mi cabeza en el proyecto en curso no reaccione y te agradecí la llamada, prometiéndote llamarte el día siguiente. Y desde este día cada dos o tres días te llamo para tratar de alegrarte un poco el día y liberar tensión a través de nuestras risas.

Si es verdad que dijimos mas de una vez que tenemos que encontrarnos, nunca tomamos la decisión de quedar cuando viajaba a tu ciudad. Quizás el miedo de romper el encanto de esta voz, de la imagen que me había hecho de ti, aunque confusa, pero afín a mi estilo de mujer?

Hoy te pasaron la llamada desde la redacción y pareciste loca de contenta cuando te dije que era el que se iba a Mónaco. Empezaste a contarme los pormenores del viaje, explanándote mas de o de costumbre, explicándome que desde Niza iba a coger un helicóptero hasta Mónaco para no hacer 40 minutos de coches en un trafico infernal, que iba a dormir en el Loewe, encima del mar, un hotel con casino y vista al puerto, y quedaste en mandarme el mail con los detalles de horarios y planificación.

Creo que dormí la mitad del viaje a Paris. La otra mitad la dedique a recordar como era Mónaco, adivinar a donde habían decidido hacer las fotos, y tratar de conversar con la azafata. El avión iba casi bacillo y llegue a Paris descansado. Tenía casi dos horas antes del vuelo siguiente y sentado en una cafetería, conecte mi portátil y mande unos correos mientras miraba pasar a la gente.

Fui de los últimos en embarcar en este corto vuelo hacia Niza y me recorrí casi el avión entero hasta llegar a mi asiento. Pude fotografiar visualmente cada chica que me parecía guapa aunque me quede con la imagen de la ultima pasajera en subir al avión. Ya sentado, pude verla recorrer a su vez medio avión hasta llegar a su asiento. Botas marrones, vaquero apretado, camiseta dejando entrever un pecho mediano, jaqueta doblada en el brazo y un maletín para el portátil. Me pareció que sin botas sería algo pequeña, pero su manera de moverse desprendía sensualidad y seguridad en si. Su sonrisa borraba su cara de par en par y sus ojos brillaban debajo de su pelo rebelde.

A los quince minutos de despegar, una azafata me saco de mi mal humor trayéndome una hoja manuscrita. Mal humor porque mi portátil se había quedado sin batería y los aproximadamente veinte minutos de vuelo que quedaban me parecían una eternidad.

Tienes a la secretaria mas simpática de la editorial en el avión. Eso decía la nota. Cuando volvió a pasar la azafata le pregunte quien le había dado el papel y me dijo que la señorita de la fila 20. Casi me rompo el cuello tratando de ver quien estaba sentada en esta fila y cuando me di cuenta que era la zona donde se había sentada la criatura citada antes, mi corazón se acelero bastante.

Escribí a lápiz en el mismo papel que ansiaba llegar al aeropuerto para conocer a mi futura esposa. Me daba apuro pedir a la azafata entregarle el papel y espere que pasará un pasajero de vuelta del baño para pedirle el favor de dejar la carta a mi amiga de la fila 20.

Sin reacción de su parte, los minutos restantes del viaje me parecieron demasiado largos y demasiado cortos a la vez. Será ella? Que hacia en el mismo avión que yo ? Ahora entendía su alegría al saber que iba a realizar este reportaje. Por fin el momento tanto hablado pero nunca provocado había llegado. Iba a conocer a mi dulce voz alegre.

No estaba seguro pero me pareció que la chica de la fila 20 era la misma que había llegado la ultima en el embarque. La verdad es que lo deseaba desde que había recibido la nota y tenia una repentina gana de empujar a toda esta gente hacia la puerta de salida.

Nadie me esperaba en los pasillos y acelere el paso hacia las cintas de maletas. Te veía a lo lejos caminar con tu paso determinado sin darte la vuelta. Volví a dudar si eras tu.

Llegado al hall de maletas, te perdí de vista. Buscándote, te encontré sentada en un banco apartado del mogollón y cuando me vista acercarme me regalaste el mas bonito de tus sonrisa.

Las ganas mías de darte un apasionado beso, pero nos limitamos a reírnos de su aparición y me explicaste que te habían pedido de sustituir a la chica que tenia que ocuparse del vestuario, razón por la que esta vez participabas a un viaje.

No dejamos de hablar desde este momento hasta nuestro aterrizaje en Mónaco. Casi no nos damos cuenta de las bellas vistas desde el helicóptero, y nos metimos en el coche que nos esperaba para llevarnos al hotel. Era tarde y nos fuimos cada uno en su habitación a ducharse y cambiarse para la cena, momento de tomar contacto con el resto de los asistentes y las modelos que habían llegado a lo largo de la tarde..

Apareciste con un vestidito muy fresco, blanco con estampado de cerezas. Parecías una niña de 16 años. Parte de arriba sin tirantes, pero bastante apretado para impedir que se te vea el pecho, parte de abajo hasta menos de medio muslo, y unas bailarinas doradas a juego con tu pelo.

Nada de joyas, poca pintada, y como único complemento un pequeño bolso rojo del color de las cerezas. No podía quitarte ojos y a penas reaccione cuando me presentaste a los dos chicos que iban a ocuparse de las furgonetas, catering y papeleo, y tampoco preste demasiado atención a las tres modelos, dos de ellas con las que nunca había trabajado.

La verdad es que fue una cena agradable, pusimos a punto los últimos detalles de los tres días de trabajo, y si bien eran muy guapas las chicas que nos acompañaban, no podía quitarme de la cabeza tu imagen llegando en el avión y tu aparición esta noche con este vestido juvenil.

Nos levantamos de la mesa rápidamente ya que era necesario madrugar mucho al día siguiente. Nada de copa en el bar del casino, nada de paseo nocturno por el puerto, todos nos fuimos hacia los ascensores para bajar a las habitaciones. Creo que fue cuando se abrió uno de ellos que te exclamaste que habías olvidado tu bolso en la mesa. Entonces te dije que te esperaba y despidiéndote brevemente de los demás ya metidos en el ascensor, te fuiste a por el. Me preguntaba si lo habías hecho a puesta, o si realmente ibas despistada.

Las bailarinas planas no conseguían quitarte feminidad, tus pasos eran sensuales y tu movimiento de caderas me hipnotizo. Era un movimiento suave, ligero, y me entro un loco deseo de follarte.

Cuando volviste te tendí la mano y me la cogiste con toda la naturalidad del mundo. Esperando un ascensor me atreví a darte un beso en la mejilla y te sonreíste cerrando los ojos. El contacto de tu piel, tu perfume me llenaron el cuerpo de escalofríos.

La bajada en el ascensor no nos dio mas tiempo que mirarnos a los ojos en silencio, cogidos de la mano. Parecíamos dos niños inseguros de los pasos que dar en aquel momento. Llegados a tu planta salí para acompañarte hasta tu habitación y me hiciste una señal de no hacer ruido para no llamar la atención de la modelo con la que estabas alojada. Te apoyaste contra la pared al lado de la puerta de entrada, en este pasillo demasiado alumbrado a mi gusto, y me tiraste de la camisa hasta tenerme pegado a ti. Entonces nos besamos! Una pelea de lenguas, cuatro manos descontroladas recorriendo nuestros cuerpos hasta que una de las mías te subiera un poco el vestido y empiece a acariciar tu braga húmeda. Cerraste los ojos, apoyaste tus manos en la pared y empujaste tu sexo contra mis dedos.

El pasillo desierto daba mucho morbo. A estas horas sería normal que cualquier puerta se abriese y salga unos turistas. Pero este riesgo me empujo mas todavía a agacharme y darte besos en esta telita mojada. Cuando la aparte con los dedos y mi lengua entro en contacto con tu clítoris empezaste a gemir y entregarte a mi boca. Poco tardaste en terminar y levantándome me diste un beso en los labios y me dijiste que mañana me tocaba a mi. Dándote la vuelta te metiste en silencio en la habitación y me fui hasta la mía.

No hace falta decir que esta noche me adoné a cierto placer solitario antes de dejar el sueño apoderarse de mi.

Poco había dormido cuando sonó el teléfono para avisarme que eran las 6 de la mañana. Resistí a la tentación de llamar a tu habitación por temor que me conteste tu compañera.

Me lleve una decepción cuando llegando al comedor me dijo mi asistente que ya te habías ido a cargar la ropa en los minibús. Aproveche el momento para conocer un poco mas a las tres modelos y decidir que tipo de expresión iba mejor a cada una para los poses.

Ibas vestida de un pantalón corto de tela blanca, las mismas bailarinas que anoche, y un top blanco de tirantes finos. Tu tez blanca contrastaba con la de los modelos. Te daba un aire de fragilidad que acompañado por tu manera tan sensual de moverte termino de embobarme. Te reíste viéndome mirarte sin poder articular palabra, te acercaste y me diste un rápido beso de buenos días en la boca.

Durante la mañana estuvimos concentrado todos en nuestra tarea, y a la hora de comer quedamos en reunirnos en el mismo sitio a media tarde y si había llegado la autorización, hacer la sesión en el puerto deportivo. El equipo guardado en el minibús, te cogi de la mano y te lleve a “La rose des vents” a comer frente al mar.

Nos quedaban dos horas antes de reunirnos con el equipo y decidimos darnos una vuelta en las rocas buscando un lugar tranquilo para descansar un poco. A penas tumbados en un descansillo a pocos metros del agua me cerraste los ojos con los dedos y me dijiste al oído que me debías algo. En seguida sentí tu mano desabrochando mi cinturón y mi vaquero. Decididamente, íbamos a terminar nuestra estancia detenidos por exhibicionismo.

Tu boca jugaba con mi sexo y tu lengua se detenía largos segundos en un punto preciso que me ponía muy nervioso. Tu saliva caliente suavizaba el contacto de tu mano con mi sexo y rápidamente llene tu boca de mi leche. Mientras terminabas de darme un ligero masaje con tu mano, te atraje hacia mi y te di un beso donde se mezclaron nuestra saliva con mi jugo. Me conmovió mucho ver tus ojos agradecerme que te limpiara la boca con la mía. 

Creo que hemos dormitado media hora abrazados en este nido improvisado antes de volver caminando al punto de encuentro. La sesión en el puerto se desarrollo bien a pesar de la lucha con los curiosos que se metían en el focus de la cámara.

La cena fue muy animada y de nuevo a la cama pronto para estar en forma el día siguiente, aunque esta vez subimos juntos a mi habitación. No te deje tiempo de hablar, te empuje de manera suave y controlada en la cama y te aguare mientras estabas a cuatro patas impidiéndote acostarte del todo. Levante un poco tu vestido de cerezas y aparte tu braguita para poder empezar a chuparte el ojete del culo.

Tardaste un momentito en entregarte pero cuando empezaste a mover las caderas supe que podía soltar la mano que te inmovilizaba y empezar a bajarte la parte de arriba del vestido para acariciar tus pechos. Tu culo dilatado, decidí meterte un dedo que recibiste con un grito de sorpresa pero sin dejar de empujar hacia atrás para ayudarle a entrar. Iba de tu culo a tu coño, hasta terminar con un dedo en cada cavidad. Te volvías loca, dando movimiento bruscos de delante por atrás y gimiendo cada vez mas rápidamente.

De repente te quitaste y dándote la vuelta empezaste a quitarme la camisa y el pantalón. Mientras te quitabas el vestido y la braguita, termine de desnudarme. Entonces nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo y después de chuparte el dedo, este penetro mi culo para quedarse allí metido todo el tiempo de este largo beso que nos estábamos dando.

Creo que pocas veces no me doy cuenta cuando penetro a una mujer. Las sensaciones eran tan fuertes que no nos enteramos que formábamos solo uno. Es cuando nuestras caderas empezaron por iniciativa propia a moverse que nos dimos cuenta que ya estaba dentro de ti. Dedicados a disfrutar de tanta dulzura, dejamos nuestros cuerpos hacerse el amor mientras nos mirábamos a los ojos besándonos.

Llegamos juntos al orgasmo y mientras se te escapaba un Dios, soltaba un Joder de los que nos reímos antes de caer en un medio sueño abrazados y yo todavía preso de ti.

Cuando al día siguiente te comente que te parecías a una chica de 17 años con tu vestido juvenil y tus bailarinas, me dijiste que me iba a enterar de lo buena que era una chica como tu a la noche. El día paso con sueño y ganas de llegar a la noche. Después de cenar subimos a la habitación y después de desnudarme me tumbaste a la cama, sacaste un lazo azul, y me ataste las manos al cabezal de la cama. Lentamente empezaste a desnudarte, mirándome con una sonrisa de chica mala, y viniste a ponerte encima de mi. No hace falta decir que tenia una erección de las buenas. Empezaste a morderme los pezones, acariciarme con tus pechos, frotar tu vientre en mi polla, para terminar comiéndomela con la boca. Luego te sentaste encima de ella y te la metiste salvajemente por dentro, dejándote caer de todo tu peso encima de mi. Tus ojos me indicaron que estaba en lo mas profundo de tu ser y empezaste a cabalgarme cada vez mas rápidamente hasta que notaste el calor de mi semen invadir tu interior. Entonces te saliste, te diste la vuelta y pusiste tu coño a la altura de mi boca para que te limpiara mientras volvías a ser tuya mi polla con tu boca. Tus lametones eran dulce mientras mi boca se volvía loca dentro de ti haciéndote llegar a un orgasmo que casi me ahoga de lo pegada que te pusiste a mi boca sin dejarme respirar.

El ultimo día de fotos fue complicado en el sentido que mis ojos escocían mucho. La falta de sueño se hacia notar pero aun así fue un buen día, divertido como debe ser en este trabajo, y terminamos pronto. Quedamos en salir todos por la noche al Sporting Club y nos preparamos cada uno en nuestra habitación para ir a cenar.

Llegaste con una mini falda que me dijiste que te acababas de comprar en el hall del hotel, tus botas marrones y un top que te había comprado en el mercadillo donde sacamos las fotos esta mañana. Ibas sexy a no poder mas con esta cara angelical y todos fuimos de acuerdo en proponerte para una próxima sesión de fotos, lo que te enojo bastante.

Cena y copas acompañadas de baile hasta las tantas fueron una partida de risa ininterrumpida y nada mas llegar a la cama nos miramos y con ojos pillos me dijiste que si un polvo rapidito antes de dormir. No pude negarme y nos dormimos tal como habíamos terminado de amarnos, atravesados en la cama hasta las ocho de la mañana, hora de desayunar y emprender el viaje de vuelta.