Sentada en la arena tibia estabas mirando la puesta de sol de esta tarde de final de verano. Los colores se estaban peleando para ocupar un lugar privilegiado en el cielo mientras el mar lucia su más bello azul brillante.

 

Los últimos rayos acariciaban tu cuerpo desnudo, dándole unos reflejos dorados mientras tu tanga amarilla destacaba en tu piel bronceada. Te echaste por atrás, apoyándote en los codos y dejando caer tu cabeza . Tu corta melena rubia tocaba la arena. Cerraste los ojos para disfrutar de estas sensaciones divinas, mecida por el canto de las pequeñas olas rompiendo.

 

Podía ser una tarde cualquiera, un momento más en la vida, pero supiste que iba a ser diferente cuando este chico tan tranquilo sentado a escasos metros de ti te echo una sonrisa arrolladora. No es que hiciera ni dijera nada. Solo unos segundos, pero intensos, durante los cuales comprendiste que no debías marcharte. Sus ojos verdes sonrientes te habían invitado a compartir este atardecer con el.

 

Le echabas una mirada de vez en cuando. Casi no se movía, mirando el mar, sentado con las piernas cruzadas. Desprendía mucha serenidad, y cuando se levanto para pasear un poco a lo largo de la orilla, la impresión de bien estar que le rodeaba te dio envidia.

 

A la vuelta volvió a mirarte a los ojos. Sus labios dibujaron una sonrisa cómplice y siguió su camino sin más. De eso hacia ya media hora y el aire empezaba a refrescar.

 

El sol acostado, el se levanto y se fue al agua. Cuando esta le llego a la cintura se dio media vuelta y mirándote te hizo señal de juntarte a el. Sin pensártelo te levantaste y fuiste hacia donde estaba. El ya se había dado la vuelta y tirándose en el agua, empezó a dar brazas lentas hacia el mar abierto.

 

Aceleraste un poco el ritmo para alcanzarle. Llegando a su altura te hizo señal con el dedo en la boca de no decir nada. Te sentías en confianza con esta persona tan extraña y esperaste a su lado su próxima orden. Te parecía que ibais flotando solos, no te suponía esfuerzo ninguno el mantenerte a flote. Miraste hacia la costa y te diste cuenta que estabais bastante mas lejos de lo que te había parecido nadar.

 

De repente sus ojos empezaron a brillar más y empezó a dar golpecitos en el agua con la mano izquierda. Con la otra te cogio de la mano y el contacto físico te produjo mucha paz. Fue cuando viste repentinamente una masa enorme saltar del agua bien cerca de vosotros. No notaste ningún miedo... solo intriga. Que estaba pasando ¿ Quien era este chico con el que estabas tan a gusto ¿ Era posible que esta masa oscura que se iba acercando a vosotros sea un delfín ¿ Mientras te hacías estas preguntas con el corazón latiendo a mil por hora viste a dos alerones salir del agua a escasos metros de vosotros.

Fue cuando el chico empezó a hablar. Con una voz muy dulce decía que ya estaba aquí, que había venido con una chica muy guapa y que quería presentársela.

 

Un pico terminado por un ojo inquisidor salio del agua a cincuenta centímetros de ellos. Ella apretó fuertemente la mano metida en la suya y sin meditarlo alargo su otra mano hacia el delfín blanco que se quedaba mirándola. El dijo con su voz envolvente que le presentaba a Moon. Era una hembra, y que iba a conocer a Sun cuando se decidiese a salir del agua. Cosa que no tardo en hacer. Ella les dijo sencillamente “Hola, me llamo Mary” y sintió como unas lágrimas de emoción se mezclaban al agua salada en sus ojos.

 

Parecía que el hablaba al oído de Sun y le dijo de aguarrarse bien al alerón dorsal de Moon, que se iban a dar un paseo, que no tuviera miedo y que si veía que iban de prisa o se inmergían demasiado para ella, que la suelte. No podía creer lo que estaba pasando. Después de salir lentamente, los mamíferos aceleraron la marcha. De vez en cuando se metían por debajo de la superficie, pero nunca más de lo que ella podía aguantar sin respirar. El roce del agua sobre su piel era muy agradable y Moon parecía encantada de tener a una compañera de viaje.

 

Mary se percato del rápido oscurecimiento del cielo y se pregunto lo que iba a pasar. La noche empezaba a envolverles pero su nuevo amigo parecía no darle importancia. Se habían parado y estaba jugando con Sun, sentándose en su lomo, este inmergiéndose para volver a salir en un precioso salto por encima de la cabeza del chico. Mientras ella estaba apoyada en un costado de Moon. El roce de su cuerpo desnudo en la piel del delfín le procuraba un placer muy sensual. Moon daba de vez en cuando un ligero golpe de cola para mantenerse en la misma posición y recibir los besos que le daba Mary cerca de su ojo derecho. Cada vez que abría la boca daba la impresión de reír, a lo que le correspondía Mary. No dejaba de hablarle despacito, articulando cada palabra, segura de que Moon entendía lo que le contaba.

 

Cielo y mar estaban negro ahora y se veía a lo lejos las luces de la costa. Entonces dijo el chico que era suficiente para hoy y dándole unos golpecitos en una aleta a Sun, se puso en posición, lo que imito Mary, y emprendieron el regreso a la playa.

 

Ya casi donde hacían pie les dejaron sus compañeros de juego. Al momento de separarse estos últimos dieron un perfectamente sincronizado salto en el aire y se marcharon como dos rayos hacia el mar abierto, mientras ellos regresaban a tierra firme.

 

Una vez en la arena, el chico se acerco a ella y dándole un corto y dulce beso en los labios le dijo que hasta mañana a la misma hora.

 

Ella no sabia nada de el, ni siquiera su nombre. Desapareció como llego, sin llamar la atención mientras ella se secaba y se vestía. De vuelta a su hotel pensó en Moon y Sun. Sería porque mientras los encontraba se podía ver el sol y la luna que les había llamados así ¿

 

Durante la cena compartió su experiencia con las amigas que formaban el grupito con el que vino de vacaciones a este lugar. Se les veía mucha envidia, curiosidad y deseo de vivir esta experiencia, pero Mary las convenció que seguro que si iba el día siguiente acompañada, no apareciera el chico.

 

Esta noche le costo mucho cerrar los ojos y sus pensamientos, al igual que sus sueños estaban dirigidos a sus tres nuevos amigos. Porque este chico con tan extraña aura la había elegida a ella ¿ Fue la casualidad ¿ Ella se sabia guapa, pero si a penas el la había mirado desde que había llegado a la playa. Iba a pasar lo mismo el día siguiente ¿ Vendría el ¿ Estarían Moon y Sun ¿ Su alegría y felicidad estaba un poco apagada por el hecho de no haber podido saber mas de el. No lo conocía pero lo echaba de menos.

 

El día siguiente paso. Mejor dicho, lo paso dando vueltas sin rumbo entre su hotel y el centro de la ciudad. Su mente solo pensaba en el momento de ir a la playa.

 

A las ocho salio de su habitación camino al lugar del día anterior. Bajando la escalera que llevan a la arena se percato de que ya estaba el allí. Sentado, sin moverse, parecía buscar a sus amigos en el horizonte. No sabía como actuar. Ponerse a unos metros de el sería algo estupido, pero tampoco se veía empezar a hablarle de todo y nada, ni preguntar. Opto por decirle hola mientras llegaba a su altura. Se dio la vuelta y la contesto hola con su eterna sonrisa. Se quito la ropa y cuando solo le quedaba la tanga se sentó a su lado. Acercándose a ella le dio el mismo rápido pero cariñoso beso en los labios, y sin decir nada volvió a mirar el mar cogiendole la mano.

 

El sol se acercaba al agua y mirándola con unos ojos penetrantes le pregunto si estaba dispuesta a seguirle a donde nadie había ido nunca. Sus ojos rebozaban paz y amor. Mientras respondía que iba a donde decía el, pensaba que se estaba enamorando de un desconocido.

 

Se levanto, ayudándola a hacer lo mismo y caminaron hacia las olas mano en la mano. Entraron en el mar sin notar cambio de temperatura y empezaron a nadar despacio. Ella se atrevió a preguntarle su nombre, a lo que contesto que Sun y Moon le llamaban Ipi, quizás porque no podían soltar otro sonido.

 

Se conformo con esta respuesta, pensando que prefería no saber su nombre y disfrutar de su compañía que lo contrario. Le pareció que había leído en su mente cuando le dijo que Mary era un nombre fácil para los delfines y que iban a enseñarles a decirlo antes de emprender su viaje. Que le diría su nombre mañana por la mañana, antes de que se despierte la gente de la ciudad.

 

Ella se quedo mas intrigada por esta respuesta. Eso significaba que pensaba pasar toda la noche con ella ¿ La idea no la disgustaba aunque le parecía extraño tal actitud viniendo de el.

 

“Llama a  Moon y a Sun” fueron las palabras que la sacaron de su pensamiento. Dio unos golpecitos en el agua mientras su corazón se aceleraba. Pudo ver en seguida a Moon saltando hacia donde estaban. Sun apareció de repente pegado a ella. Cuando estuvieron los cuatro reunidos, el empezó a tocarles el morro diciendo sus nombres respectivos antes de tocarse y decir Ipi, y luego tocarla varias veces repitiendo Mary.

Algún sonido salio de la boca de Moon. Después de un rato insistiendo, un bonito mili langoroso se hizo oír. Sun imito a su compañera con mucha gracia. Ya podían llamarla por su nombre. Presa de la emoción se acerco a ambos animales para darles un beso en el pico antes de darse la vuelta y ofrecer sus labios al desconocido Ipi.

 

Moon y Sun fueron testigos alegres de este efímero pero intenso beso. Moon se puso al revés, presentando su vientre, y el empezó a acariciar su piel brillante diciéndole que en seguida iban a emprender marcha hacia casa.

 

Ella cerraba los ojos, dejándose arrastrar por Moon. Unos ruidos nuevos llamaron su atención y vio varios delfines juntarse a ellos. No pararon hasta llegar a un punto oscuro perdido en el medio de la nada. Distinguía a penas unas rocas negras saliendo del agua hacia el cielo. Un islote pequeño, abrupto y poco acogedor a penas iluminado por la luna naciente y cubierto por una espesa nube blanca.

 

Ni el frió, ni la oscuridad de la noche, ni el temor a estar perdida en el océano rodeada de delfines salvajes pudieron apoderase de ella. Se sentía libre como nunca lo estuvo. Un sentimiento de felicidad invadía todo su ser.

 

 Le dijo con toda naturalidad de respirar hundo, que iban a sumergirse un poco mas que de costumbre. Le dijo de cerrar los ojos y confiar plenamente en Moon. Ella la iba a llevar por un túnel rocoso muy estrecho pero tendría cuidado de que no roce las paredes.

 

A penas inmersas, Moon acelero rápidamente, seguida de Sun e Ipi. Una sensación de calor la envolvió y cuando por fin respiro a la superficie descubrió un paraíso insospechado. Estaba en el medio de un lago rodeado de vegetación exuberante. Poco más lejos se enderezaba la pared rocosa. Lo más increíble era que el agua, poca salada, era caliente. Del lago se escapaba vapor formando la nube blanca que había visto desde fuera, la cual protegía el lugar de las miradas de los pájaros de hierro.

 

Unas lágrimas salieron de sus ojos azules cuando vio estas crías de delfín jugueteando alrededor suyo. Había sido invitada en la casa de los delfines. La poca luz de la luna absorbida por las nubes parecía duplicada hasta dar una luz suficiente para poder distinguir todo el enclave.

 

El canto de algún pájaro se dejaba oír de vez en cuando juntándose al de los delfines comunicándose,  rompiendo el silencio de la noche. De vez en cuando se acercaba Moon a ella y la llamaba por su nombre. Nunca se le olvidaría este tierno "Miri" agudo.  El tiempo pareció pararse cuando Moon y Sun empezaron un baile amoroso silencioso no muy lejos de ellos. Cogiendola de la mano Ipi empezó a imitarles con una dulzura inimaginable. 

 

Esta noche se descubrió a si misma. El poder de una mirada, una caricia, las similitudes entre los mamíferos y los humanos… encontró una paz interior insospechable hasta entonces. Disfruto de cada secundo de esta nueva experiencia, que ahora le parecía tan corta. No tenía gran recuerdo de la vuelta, cuando empezó el cielo a esclarecer un poquito.

 

Habían ido directamente en busca de las toallas para secarse. De repente se hacia latente el frió de la noche.

 

Y pensaba en estas palabras que el escribió en la arena antes de desaparecer mientras se iba a lavar los pies en el agua “me llamo Pascal” y lloraba de felicidad. Extraña sensación de saberse enamorada de una persona tan irreal, pensar a menudo en ella sin por ello experimentar sufrimiento alguno sino armonía y alegría.