Tarde muchísimo en averiguar esta manía tuya, fuente de tantos momentos placenteros pasados desde entonces en la oficina contigo.

Cuando tomaste posesión de este despacho frente al mío, en este espacio triste como puede ser una oficina fría, sin paredes, lo que llaman nuevo diseño, todos mezclados, se me cambio la rutina de ir a trabajar en ir a mirarte.

Llegaste segura de ti misma, con tu ya tradicional falda por encima de la rodilla, tus zapatos de salón negros de tacón alto, tu camisa de ejecutiva, y te presentaste como la nueva jefa de departamento. Los hombres aquí presente nos miramos con esta mirada machista de entendidos, preparando ya los comentarios que íbamos a hacernos en la pausa del café.

Tengo que decir que eres muy guapa, un tipo muy agradable, y una presencia imponente... este maquillaje suave que subraya tu belleza debe de ser la envidia de las chicas de nuestra planta.

Seguro que no fui el único en percatarme de que no llevabas anillo, que no ponías marco con foto de la familia en tu mesa, y que no tenias prisa por marcharte por las tardes.

Y al observarte día tras día me fije en un detalle muy gracioso. Cada vez que se te alargaba una visita abrías discretamente el cajón de tu izquierda, sacabas una pelota de golf, y empezabas a darle vuelta, apretándola con mas fuerza a medida que se eternizaba el personaje frente a ti.

Supongo que te habías fijada en mis miradas insistentes hacia ti, pero lo llevabas como una señora que eres y de vez en cuando me echabas una sonrisita y volvías a lo tuyo.

Por debajo de la tapa posterior de la mesa adivinaba tus piernas cruzadas ya que solo podía ver un solo zapato apoyado en el suelo y el tacón del otro bailando en el aire... A veces se te soltaba este mismo zapato y iba a parar al suelo. Supuse que te lo soltabas por el tacón y jugabas con el balanceándolo ligeramente con la punta de tu pie.

Estos momentos me gustaban, mi lado fetichista admiraba este zapato tirado debajo de tu mesa y imaginaba tu pie descalzo respirando un poco el aire. Ya daba por hecho la belleza de tus pies, esos dedos muy bien cuidados... llevas barniz ? Tienes cosquillas ? Ya estoy volando, agachándome debajo de tu mesa para ponerte delicadamente este zapato, yo Príncipe, tu mi Cinderella.

Y mi imaginación ya te estaba acariciando tus piernas suaves y blancas.  Me atrevía a subir con mi mano hasta el muslo, y me dejabas... Y llego el idiota de Alfredo, y me saco de mi sueño... Y tu allí seria, leyendo un tremendo informe que no parecía asustarte.

Este día estabas charlando con uno mas del montón y de repente perdí de vista a tu pelota de golf. Ya estaba preparado para saltar a recogerla del suelo y devolvértela como un héroe salvando a su chica de una vergüenza segura... pero no llego al suelo! Te vi aguantar una sonrisa y seguir hablando con este chico, demasiado guapo a mi gusto. Es que ya eras mía, y si fuese por mi hubiera tenido dos pelotas de golf para apretar cada vez que veía a uno llegar de listo hacia ti y hacerse el graciosillo.

Desde entonces me di cuenta que nunca mas volviste a meter la pelotita en el cajón cuando se marchaba la visita. Supuse lógicamente que la dejabas entre tus piernas para tenerla a mano mas rápidamente y discretamente. Pero este martes estaba mirándote como siempre de manera discreta y te vi poner la mano por debajo de la mesa y mientras solo veía moverse un poquito el músculo de tu ante brazo cerraste por un instante los ojos.

Este día comprendí que si efectivamente te guardabas la pelotita entre las piernas, la tenias pegada a tu clítoris. O sea que las veces que te veía con esta cara de concentración, no estabas pensando en tu próxima reunión pero mas bien apretando los muslos para disfrutar un poco de esta presencia intimista. También me había parecido verte como escalofríos y piel de gallina mas de una vez.

El día que mas rojo me puse en mi vida fue el que sin darme cuenta me atreví en decirte que yo no sabia jugar al golf. Me miraste directamente a los ojos y me contestaste que quizás algún día me ibas a enseñar. Este día me quede sentado como un idiota improductivo, sin atreverme a levantar la cabeza de mi mesa. Como habías interpretado este comentario mío ? Sospechabas que había adivinado tu jueguito ? Seguro, eres muy lista e inteligente.

Debo de reconocer que nuestra relación jefa-empleado no sufrió ningún cambio a raíz de este comentario mío salvo el hecho de recibir sonrisas tuyas con algo mas de frecuencia.

Una semana mas tarde te volví a sorprender con los ojos cerrados y una mano debajo de la mesa. Tuviste que percibir mi mirada ya que abriste los ojos pero en vez de volver a la normalidad y sonreírme empezaste a chupar el tapón de un bolígrafo mirándome directo a los ojos. Y sonó el teléfono en mi mesa, y descolgué sin dejar de mirarte, y me quede como un imbecil con el teléfono medio levantado, el sexo inflado y la garganta seca.

Nunca sabré si te corriste este día o encontrabas divertido verme sin medios, paralizado, con cara de muerto de hambre sexual. La verdad es que no recuerdo nada mas que tu boca chupando este palito...

Otra revelación para mi fue tu llegada a la oficina con unas sandalias abiertas. Como explicar el efecto que me produjo verte con ellas... Desde la puerta hasta que pasaras delante de mi no las quite ojo. Te diste cuenta ya que me preguntaste si me gustaban. Creo que conteste algo como sipiesbuenosdiasbonitos... y te reíste mucho este día. Yo menos! Vaya capullo!

Fue al tercer día de llevarlas que me decidí a arriesgar perder nuestra buena relación. Aproveche de verte con la mano debajo de la mesa para llamarte por teléfono. No te diste cuenta de que era una llamada interior y te sorprendió oír mi voz. Y te pregunte sin darte tiempo para nada si podía jugar al golf contigo. Y me contestaste que había tardado mucho en proponértelo. Y me salvaste de la perdición y del ridículo total... cuando viste que tu respuesta me hacia perder la poca seguridad que tenia en este momento, me preguntaste si me gustaba mirarte mientras te rozaba el clítoris con la pelota. Me dijiste lo mojada que estabas y querías saber si estaba empalmado. Vaya pregunta! Si a cada de tus viajitos golfista estaba a punto de explotar.

Al cabo de un momento, ya recuperado de mi travesura, te pregunte si llevabas braguita y me contestaste que seguro que ya me había fijado en que llevabas siempre tanga. La verdad es que aunque la tela de tu falda no era precisamente fina, me había esforzado dejándome la vista en tu culo, y había distinguido la forma de una pequeña tanga, cosa que me puso mas caliente todavía por supuesto.

Nada mas reconocértelo me dijiste que a veces venias a la oficina sin nada... que según te levantabas te la ponías o no. Eso nunca sabré si era verdad o cachondeo para ponerme mas todavía, pero ya me estaba imaginando el frió de la pelota rodando entre tus labios calientes y húmedos. Hubiera querido tanto levantarme para ver si tenias la falda algo subida y se te veía el clítoris por debajo de la mesa. Pero ya se hacia la hora de marchar y antes de colgar me prometiste que algún que otro día ibas a venir sin sujetador para mi.

No te quiero contar las noches que pase desde entonces, ni mi mirada hacia tu busto cada mañana. Hasta que un día me pareció verte el pecho mas suelto. Te acercaste a mi mesa, te agachaste hacia mi y pude entrever tus senos libres por la apertura del cuello. Nunca te había tenido tan cerca de mi. Nuestros contactos se limitaban en unas sonrisas y unos meros comentarios de mesa a mesa. nunca me permití darte un beso de hola o adiós. No quería romper la magia de nuestra historia.

Esta mañana cuando metiste la mano debajo de la mesa te enderezaste mas que de costumbre y pude ver tus pezones duros apuntar a lo alto a través de tu blusa. Cogiste el teléfono y me dijiste en un murmuro que los tenias así por mi. E me entro una necesidad urgente de abrirme la cremallera y dejar mi sexo respirar un poco. El dolor empezaba a ser muy fuerte y trataba de colocarme esta cosa con una mano debajo de la mesa cuando me dijiste que no llevabas bragas tampoco y te ibas a meter la pelota en el coño. Tus ojos brillaban como nunca y no pude resistir en sacarme la polla allí escondida y a empezar a masturbarme. Tu voz se hacia cada vez mas lejana mientras me contabas como estabas empujando la bolita por dentro de ti. Me decías que tus dedos estaban lleno de tu jugo y que te ibas a correr pensando en que no me podía resistir en tocarme. Me dijiste que aguantará un poco para correrme que querías hacerlo al mismo tiempo que yo, y que ya tenias la bolita dentro y te estabas masturbando el clítoris.

Mientras tanto seguía a nuestro alrededor el tumulto habitual de la oficina, cada uno a su tarea, y nadie se fijaba en nuestro pequeño juego.

De repente me dijiste que te ibas a correr pronto y que deseabas verme hacerlo yo primero. también me pediste enseñarte mi mano con el semen derretido por encima de la mesa en el momento de llegar tu. Solo pensar en ello oyendo tu voz me hizo eyacular. Sentí el liquido tibia llenarme los dedos y la palma de la mano. Entonces te la enseñe y cerraste los ojos soltando un escueto "que buenooooo".

Nos levantamos al tiempo para ir al baño y pasando al lado mio me dijiste que esperabas tenerme a tu disposición para poder ampliar esos juegos que rompen la monotonía de nuestras vidas. 

© Pascal Leurquin

 

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