| Verte bailar Sevillanas esta noche fue
una revelación para mi. Cuando mis amigos andaluces me invitaron a pasar el fin
de semana en su casa de Sevilla para asistir a la fiesta que daban por su quinto
aniversario de boda, no me imaginaba hasta que punto iba a cambiar mi vida. Estabas en el medio de la sala, rodeada de hombres y mujeres dando palmaditas, los guitarristas súper animados, felices de estar aquí, las mujeres cantando, y tu, parecida a una muñeca perfecta, con movimientos llenos de gracia y emoción, acaparando la mirada de cada uno de nosotros. Nunca dude de la belleza de la mujer andaluza... la mas bella del mundo como solía decir siempre, pero esta noche ni en mis mas bonitos sueños había visto chica parecida. No formabas parte del grupo de músicos, no tenias el traje flamenco, solo un vestido elegante, sexy, sensual, a juego con estas sandalias de tacón... y este pelo largo, primero recogido y luego soltándose a medida que ibas dando vueltas. Trataba de fijarme en tus ojos de gata, penetrantes, sinceros. Tu piel brillaba del sudor producido por tanto baile en este local caluroso. Se podía notar las gotitas correr en tu cara, bajar por el cuello y perderse entre tus orgullosos pechos. Pechos erguidos, a punto de escaparse a cada movimiento... Verte subirte todavía mas el vestido con las manos mientras taconeabas me procuro una sensación de deseo bestial. Por la cara que ponían los hombres de la asistencia, no dudo que mas de uno lo estaba pasando tan mal como yo. De repente se paro la música y enseguida te fuiste a tu mesa a refrescarte. No podía quitarte los ojos de encima. Mi amigo se percato del asunto y con una sonrisa cómplice me dijo que parecía ser que me gustabas. Le pregunte quien eras y me contesto con una gran sonrisa medio en broma medio en serio que la mujer mas deseada de Sevilla. Ex novia de un amigo suyo y que al final termino por ser de las mejores amigas de su mujer. Estabas hablando con unos amigos, de perfil, cuando te percataste de mi mirada. Giraste ligeramente la cabeza y pude ver a través de tu pelo como me sostenías la mirada durante unos largos segundos con una sonrisita en la comisura de la boca. Creo que es cuando me quede definitivamente enamorado de ti. Empecé a sentirme maleado y salí un momento a dar unos pasos por la calle, tomando fresco y aclarándome las ideas. Cuando volví en el local, a los diez minutos, me dijo mi amigo que te habías marchado sin antes preguntarle quien era este chico extranjero que la miraba tan fijamente. Mi cara de decepción hizo mucha gracia a mi amigo y después de decirme que con todas las mujeres que había allí porque me iría a fijar en ti, se alejo lentamente de mi... para darse la vuelta y soltarme : "A propósito, dice que si te apetece va a estar un rato mas en el local de la esquina de arriba. Antes de que termine de decirme eso ya estaba yo camino de la salida. A penas franqueada la puerta de este nuevo bar te acercaste a mi igual que una tigresa se mueve hacia su presa. Sin darme tiempo de reaccionar me metiste tu lengua en la boca, me quitaste el abrigo y te pegaste a mi diciéndome que me estabas esperando. Es cuando me di cuenta que la mitad de la sala nos estaba mirando. Me llevaste de la mano al bar a donde ya tenias una copa esperándote y me pediste lo mismo. tenias una voz muy dulce y me preguntabas por mi, si me había gustado el baile, si iba a estar mucho en la ciudad... y mientras tanto nos bebimos la copa y de repente me dijiste que era tarde, te tenias que marchar y como apresada por unas repentinas prisas te marchaste sin mas después de darme un beso de despedida tan sorprendente como el de bienvenida. Todavía aturdido por lo que acababa de pasarme, me volví a juntar con mis amigos en el bar de abajo de la calle. Después de contarle lo sucedido a mi amigo quien a su vez lo contó a su mujer, esa me dio un beso y me dijo que me había tocado la lotería. No hace falta decir que esta noche no pude pegar ojo y se repitió una y otra vez esta noche mágica en mi mente. Al dia siguiente vino mi amiga a mi cuarto a despertarme y me dijo que me diera prisa porque tenía una cita dentro de poco para almorzar. Entre el poco alcohol de la noche y lo poco que había dormido tarde mucho en darme cuenta de que no hablaba de comer con ellos sino contigo. Cuando me presente a la puerta de tu casa me abriste en pijama con el pelo en batalla. Pusiste una sonrisa de niña avergonzada y te disculpaste de no haber tenido tiempo de arreglarte. Eras todavía mas guapa así ! Te parecías a una adolescente, ingenua, alegre, perfecta. Me diste un rápido besito en los labios y te diste la vuelta invitándome a seguirte a dentro. Mi enamoramiento no hizo mas que crecer al verte con esta blusa de pijama juvenil y estos calcetines, el pelo bailando al ritmo de tus pasos ligeros. Me dijiste de sentarme mientras ibas a buscar cervezas en la nevera y me senté en el suelo, apoyado en el sofá, igual que si estuviese en mi casa. A la vuelta te reíste mucho de verme así y viniste a sentarte a mi lado, pegada a mi. Me preguntaste de la manera mas natural del mundo si mi corazón latía tan fuerte y rápidamente como el tuyo, al mismo tiempo que me cogias la mano y me la metías sobre tu pecho por la abertura de la blusa. No sé si te enteraste de una sola palabra de mi respuesta... yo no me entendí! la verdad es que mi cabeza había vuelto a entrar en una espiral de sensaciones que me impedía ser lo mínimo coherente. Tenias una piel muy dulce, un pecho precioso y al contacto de mi mano se te puso duro el pezón sin mas demora. Mi estado emocional no me permite recordar si todavía estaba tratando de poner dos palabras una tras la otra para contestar cuando tu boca invadió la mia de la manera mas dulce que me había ocurrido nunca. Nuestras lenguas parecían dos maquinas bien sincronizadas, buscándose, acariciándose, amándose. Te paraste un momento y mirándome a los ojos me dijiste que eras bastante mas mayor que yo, aunque te cuidabas muchísimo. Y al preguntarme si me importaba mucho deslizaste tu mano hacia mi cintura... Veía morbo en tu mirada, morbo sano, nada del estilo orgullosa de haber pillado a un jovencito nada mal, pero si de placer, de seguridad en ti misma, de contenta de poder volver loco a un chico como yo. Fuiste tan ágil desabrochándome el cinturón que cuando me di cuenta ya tenias la punta de los dedos alcanzando la punta de mi capullo. Esta descarga eléctrica me hizo llegar al borde del orgasmo. Cuando te dije que no podía mas, que era mucho para mi, te alejaste un poco con una mueca de niña triste y hiciste amen de enfadarte conmigo por mi poco aguante. No podíamos parar esta risa tonta que se apodero de nosotros y cuando volviste de la cocina con dos cervezas mas me fije que no llevabas braga. Aunque estuviese en una nube, estoy seguro que la llevabas cuando te sentaste a mi lado a mi llegada. Cuando te dije que me gustabas todavía mas sin ella, me dijiste que la habías perdido en la cocina. Se adivinaba un trocito de suave pelo sin afeitar. La blusa llegaba lo suficiente bajo para esconder esta parte intima de tu anatomía pero la apertura dejaba distinguir lo bastante como para volver a ponerme a mil. Cuando te volviste a sentar, ya no era posible no ver tu sexo desnudo y me preguntaste si quería darle un besito. Por respuesta me agache y deje que mis labios recorrieran tu parte pilosa y un poco mas ya que nuestra postura no me permitía bajar mas. Entonces cerraste los ojos, te dejaste deslizar un poco mas sobre el suelo y empecé a besar tus labios con mucha dulzura. Tu olor empezaba a emborracharme y mi lengua no podía esperar mas para abrirse camino hacia este lugar que adivinaba húmedo y paradisíaco. Acariciándome el pelo con la mano me decías de ir despacio, que no querrías que este momento se acabase nunca y entre gemidos y gemidos me pediste de desnudarme. Obedeciéndote te estaba mirando desabrochar tu blusa. Me estabas ofreciendo una joya de cuerpo. No podía creer que esta mujer tan deseada por su entorno estaba allí delante de mi tocándose delicadamente el clítoris con los dedos. Una vez desnudo me pediste ponerme de rodillas y empezaste a besar mi sexo bien tieso. Tus caricias me hacían el efecto de miles de darditos pinchándome el sexo. Sin saber como, nos encontramos envueltos en un 69 rabioso. Nuestros cuerpos se movían solos, empujados por una pasión descontrolada. Tu olor que tanto me había gustado antes se revelaba ser un terrible afrodisíaco y mas te bebía, mas sed de ti tenia. Sentía que iba a correrme de seguir así y me di la vuelta para poder compartir contigo este flujo que me llenaba la boca. Fue un beso amoroso que parecía no terminar nunca. Nuestras manos iban y venían en nuestros cuerpos y empezaba a notarse algo de este sudor que tanto me fascino anoche en tu cuerpo. Hacia mucho calor en tu apartamento. Fue el momento en el que me dijiste, con un vicio mal disimulado en la mirada, que si íbamos a comer para seguir mejor después. La verdad es que esta idea me enfrió bastante en el momento ya que me sentía capaz de pasarme los próximos días disfrutando de tu cuerpo sin salir ni comer. Luego me dije que tenias razón, iba a dar mas morbo al asunto. El juego de la seducción, la espera, el deseo... y mientras estaba imaginando el momento en el que nuestros sexos iban a conocerse te fuiste a la ducha y a cambiarte. No tardaste diez minutos en volver con unos vaqueros, una camiseta sin mangas y unas sandalias de medio tacón. Nos fuimos a una tasca donde se comía tapas típicas de tu pueblo, incluyendo por supuesto una gran ración de gambas, y mientras comentábamos lo que nos estaba pasando nos mandamos una botella de vino. Ya alegres nos volvimos a tu casa con la firme decisión de dormir una siesta. Tirados en el suelo se podía ver unos zapatos, dos vaqueros, un par de calcetines, dos camisas, e ya entrando en la habitación un sujetador, unos calzoncillos y una tanga de encaje. Cuando te pegaste a mi y me diste un beso deseándome una buena siesta se me enderezo el sexo y se metió por algún tipo de milagro entre tus piernas, rozando tus labios. Creo que este gemido de gusto que soltamos nos salio al unisono. Se había evaporado todo deseo de siesta en un fragmento de segundo y sin mas preámbulo me encontré dentro de ti. Tu flujo caliente salía de tu entrepierna para derramarse en nuestros muslos y estábamos dando vueltas en la cama, rodando de un lado a otro, yendo y viniendo uno dentro del otro. Esta locura descontrolada duro y duro entre gemidos, gritos y besos apasionados. Cuando de repente llegamos al orgasmo, se nos paralizo el cuerpo, nuestras miradas se cruzaron reflejando lo increíble de la experiencia que habíamos vivido y enseguida se nos relajaron los músculos y caímos rendidos uno al lado del otro sin poder para estos movimientos de caderas que ya se hacían casi desagradables. Creo que solo estuve unos cinco minutos acariciándote tu piel brillante antes de caer rendido. Al abrir de nuevo los ojos me estabas mirando cariñosamente y concluimos que era la primera vez que teníamos ambos un orgasmo simultaneo tan potente. En los pocos dias que me quede a tu lado si que estuvimos comiendo y dormiendo, salimos varias veces con nuestros amigos, pero cada momento libre estaba aprovechado para repetir la experiencia del primer dia. © Pascal Leurquin |
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