Cuando me llamaste para quedar este martes por la noche me sorprendiste mucho ya que nunca me llamas así de repente. Me quede muy intrigada al oírte pedirme si realmente estaba dispuesta a ir al fondo de nuestras fantasías y estaba dispuesta a experimentar algo nuevo. Me dijiste que iba a haber otras personas mezcladas al asunto y que debía de ir a la casa de un amigo tuyo en las afueras de Madrid a las diez de la noche.

 

Esta noche me presente unos minutos tarde ya que no era fácil de encontrar y me plante delante de un portal gigante que dejaba entrever un parque precioso, iluminado, y una casa antigua enorme en el fondo. Al pararme a la entrada se acerco un señor que parecía guardia ó mayordomo, bien vestido y educado y le dije como me ordenaste que venía a buscar el perro. Iba como me habías dicho... Medias negras que se sujetan solas con un elástico-encaje arriba de las piernas, los tacones negros de 11 cm. muy elegantes, mi collar de tela negra alrededor del cuello, los pendientes de tres anillos, y una pintura algo mas llamativa que de costumbre. Encima de este nada, la chaqueta larga tipo esmoquin que me viste algún día en una foto.

 

Así sentada en el coche, la chaqueta se quedaba abierta por debajo de la cintura y el guardia se quedo un par de segundos disfrutando de mi bajo vientre depilado bien visible. Se dio la vuelta y me abrió la verja.

Estaba un poco impresionada y me plantee si darme la vuelta o seguir adelante cuando vi varios coches de lujo aparcado cerca de la entrada de la casa. Me paro otro señor vestido todo de negro, me invito salir del coche, dejarle las llaves y me acompaño hasta la puerta. La verdad es que si no fuese porque iba desnuda debajo de la chaqueta me hubiera sentido como cenicienta llegando al palacio.

 

Entrando en el recibidor, mas grande que mi sala de estar por cierto, una chica muy, pero que muy guapa, vestida con un traje largo muy elegante pero que dejaba entrever tanto sus bonitos pechos como el nacimiento de su culo me pidió mi nombre y me hizo esperar un minuto largísimo para volver contigo de otra habitación que no podía ver desde donde estaba. Al verme sonreíste y me diste un leve beso en los labios antes de quitarme el smoking. Me quede desnuda en este hall frente a la chica que me miraba tranquilamente diciéndote que habías elegido una novia muy guapa mientras tú colgaba mi única prenda en un armario previsto al efecto.

 

Me preguntaste si estaba bien, me tranquilizaste un poco con palabras suaves y me explicaste que era un orgullo para ti enseñarme a tus amigos. La idea de entrar en esta habitación contigua de donde salían voces y risas me horrorizo pero al mismo tiempo me excitaba bastante.

 

Cuando franqueamos la puerta se callaron todos de golpe mirándome y haciendo comentarios en voz baja. Debía de haber por lo menos 200 personas, o eso me pareció ya que serían realmente 15 o 20. Hombres, mujeres, todos con la copa de champán en la mano, todos vestidos de manera muy elegante aunque las mujeres muy sexies. Vino una señora bellísima hacia nosotros y se presento como la mujer de la casa. Me dijo de no preocuparme, que este pequeño ceremonial era habitual y que todas las mujeres aquí presente habían pasado por lo mismo en su primera visita. La gente ya había vuelto a lo suyo y no nos prestaba más atención. Sherry, así se llamaba la esposa del dueño, me explico que formaban una pequeña comunidad de personas elegida por su educación, posición social e ideas liberales y que esta “presentación” mía me daba derecho a acudir a cualquiera de las fiestas que organizaban sin mas que presentarme cada martes a la puerta. Casi había olvidado que iba desnuda. Esta mujer jovial y simpática nos llevaba entre grupito y grupito de gente presentándome. Cada uno me hablaba como si fuera una vieja amiga, todos eran encantadores y muy bien cuidados. En estos 10 minutos de charla social me habían ofrecido ya dos copas de champán y Sherry me dijo que ya era hora de encontrar a su marido. El estaba hablando con otros dos hombres en un rincón de esta sala gigante. Parecía una habitación sacada de una película. Cortinas de terciopelo espeso, lámparas de cristal en el techo, velas en cada mueble todos más impresionantes los unos que los otros, o sea, otro mundo desconocido hasta ahora por mí.

 

Alberto era un hombre de unos 50 años, atlético, con el pelo muy corto y poco gris, y antes de prestarme atención se disculpo antes los hombres que charlaban con el, tuvo unas palabras cariñosa para su mujer y mirándome a los ojos me dijo que debía de ser la famosa Miriam de la que Roberto le había hablado tanto. Su voz era muy suave, amable, y mientras hablaba con nosotros estaba acariciando la espalda de su mujer. Se les veía muy enamorados y unidos. Alberto me miraba con respeto, me dijo que tenía un pecho precioso y despacito levanto la mano y me acaricio la teta izquierda. Fue todo tan natural y dulce que no me di cuenta de lo que me pasaba. Se me pusieron los dos pezones erectos enseguida y me sentí algo avergonzada.

 

Mientras te seguía hablando de lo dulce que tienen la piel las mujeres su mano iba bajando hacia mi sexo. Tú te habías colocado un poco más hacia atrás y me acariciaba los hombros con tus manos. No se si te pusiste así para impedirme salir corriendo o porque te puso cachondo la escena pero cuando los dedos de Alberto llegaron a mi clítoris me diste un beso en el cuello diciéndome que me querías. No se si fue el champán, el calorcito de la habitación, lo irreal que parecía todo pero estaba muy mojada. Alberto se dio cuenta y metió un dedo en mi. Sin querer sentí mi pubis moverse hacia el mientras me sujetabas por los hombros para que no me desequilibre. Me di cuenta que estaba con la espalda apoyada en tu torso, la cabeza echada hacia atrás buscando tu boca para darte un beso mientras Alberto jugaba con mi sexo.

Un chico bastante guapo se acerco a nosotros y Alberto le pregunto si nos habían presentado. El contesto que si y me soltó unos elogios a propósito de mi cuerpo al tiempo que me rozaba las ligas con su mano. Me pregunto si estas medias no cortaban la circulación y  trate de contestarle en una semi nube en la que estaba inmersa.

 

Oí Sherry decirte con un tono cómplice “vamos querido, me apetece tomarme un poco de champán” y me dejaste con estos dos hombres mirándome, acariciándome dulcemente y preguntándome sobre mi trabajo. Estaba como en un sueño, tratando de centrarme en la conversación pero muy distraída por este calor que me invadía todo el cuerpo. Al cabo de un momento eran tres alrededor mío, seis manos recorriendo mi cuerpo. Una chica me acerco una copa a la boca y estaba bebiendo un sorbo de champán dándome cuenta que nadie nos hacia caso. Me pareció ver a una chica acariciándose mirándonos, a ti riendo con Sherry sin hacerme demasiado caso, otra pareja besándose y acariciándose en otra esquina y los demás charlando tranquilamente.

 

De repente te acercaste y me dijiste que te tenías que ausentar un ratito. Aunque yo estaba muy perdida, sin marcas, te tuve que mirar de una forma muy especial ya que insististe en decirme que solo era unos minutos, que ibas a ayudar a una pareja de amigos que había pinchado a pocos kilómetros de aquí. Me diste un largo beso, comiéndome la boca, y con mi mano pude notar el bulto que se te había hecho por debajo de la cintura. Estabas a cien aunque querías parecer frió y distante. Me cogiste la mano, la llevaste al paquete de uno del sequito que me rodeaba y te marchaste.

 

Ya estaba muy caliente y casi sin querer empecé a acariciar el sexo que tenia bajo la mano a través del pantalón de este chico guapo. Notaba la mano de Alberto que había vuelto a investigar por dentro de mi mientras otro me daba sensaciones con su dedo en mi culo. Casi no podía sujetarme de pies. Si no fuera por la proximidad de estos tres hombres y sus manos haciéndome de soporte cuando me iba de un lado o de otro, me hubiera caído. La cabeza me daba vueltas, mi boca pasaba de boca en boca, mis manos ya rodeaban un sexo cada una haciendo movimientos de va y viene. Oí una voz de mujer soltándome palabras cariñosas en el oído mientras me pellizcaba los pezones con sus dedos, y luego, cogiéndome de la mano me saco de mi grupito y me llevo a un señor de unos cuarenta años sentado en un sofá muy amplio y me dijo que le gustaría verme chupársela a su marido. Me arrodille entre sus piernas, le saque el sexo de la bragueta y empecé a juguetear con mi lengua. La mujer me acariciaba la espalda y sentí que alguien me cogia por las caderas para ponerme de cuatro patas y poder penetrarme por detrás. Me encontré sin bien saber como con un sexo por cada lado entrando y saliendo, volviéndome loca. Me sentía como un juguete sexual sin voluntad propia usada por desconocidos pero me excitaba muchísimo. Muy pronto se corrió el marido en mi boca y notaba su semen derramándose en la comisura de mis labios. La mujer aparto el hombre que estaba detrás de mi, le dijo de acostarse en el sofá, y me hizo sentarme encima de el, diciéndome que ahora le gustaría verme cabalgarlo. Me dio un beso en la boca, lamiendo el semen que su marido había dejado en mi cara, y me empujo la cabeza suavemente hacia el sexo erecto de un convive que se había acercado al sofá. Me encontraba de nuevo con dos sexos en mí. Ya no tenía mi cabeza, me dedicaba a cabalgar, chupar, una mano apoyada en el torso del chico debajo de mi y otra moviéndose encima de un tercer sexo que se había puesto a tiro. El de abajo de mi se corrió en mi coño  y en un suspiro se deslizo y me encontré con otro sexo a punto de estallar por dentro de mí. Ya se me movían las caderas solas, fuera de control, estaba hambrienta de más y más sexo. Se corrió uno en mi boca, dejándome un sabor un poco amargo, y termino de correrse en mi cara. Otro sexo se adelantaba ya en mi boca cuando alguien me abrió las nalgas. Me estaban metiendo gel a la entrada del ano. Me parece mentira oírme decir, soltando el sexo que tenia en la boca, que por el culo si, que por favor que alguien me la meta por allí también. Un grito se escapo de mi cuando este desconocido me forzó esta entrada hasta ahora reservada para ti mi Roberto. Creo que fue cuando me corrí por la primera vez de la noche. Con tres sexo dentro de mi, el ruido de las conversaciones alrededor mío, el alcohol, no me daba cuenta de si uno se corría dentro de mi vagina, si se cambiaban, si seguía el mismo machacándome el culo... solo sé que cuando uno se corría en mi boca estaba loca con la boca gran abierta buscando otro para comérmelo. Notaba liquido tibia recorriendo mi cara, mi cuello, mi culo, mis piernas, unas manos maltratando mis tetas sin parar, de vez en cuando un pellizcó fuerte en los pezones, todo ello con los ojos cerrados, sin poder abrirlos, agotada. Cada vez que quería acariciarme el clítoris con mi mano libre una mujer me lo impedía diciéndome con una voz autoritaria pero muy sugestiva que no hasta que ella misma introduzca su brazo entre le cuerpo del que tenía debajo y mi vientre y empezara a masturbarme. No se si me desmaye de gusto pero me corrí por secunda vez soltando un chorrito de liquido vaginal. No podía más, ya no me aguantaba y me derrumbe encima del hombre que estaba debajo de mí. Entonces se quitaron todos, me pusieron acostada en el sofá boca arriba y mientras se preparaban a otro asalto mi cuerpo se movía solo, mi coño buscando algo para llenarlo y mi boca ofreciéndose al siguiente.

 

Logre abrir los ojos un instante y te vi sentado en un sillón frente al sofá donde estaba acostada,sucia de semen, como una puta abierta a todos. Estabas sonriendo mientras te masturbabas muy despacito. Fue cuando uno me enculo con fuerza y otro me dio su chupete. Una mujer me decía que era la mejor de todas ellas. Sentada al lado mío, en el borde del sofá, estaba semi desnuda, se acariciaba las tetas de una mano y con la otra jugaba con mi clítoris. Oí otra mujer gritar en la habitación y me estaba poniendo otra vez a punto de correrme. Creo que lo siguiente que recuerdo es tu voz diciendo a todos que tenía que descansar ahora. Tuve que perder el conocimiento mas de una vez durante unos segundos, no podía mas con la vida, de repente me encontraba sola tumbada en el sofá y como un autómata empecé a acariciarme para terminar de correrme por tercera vez de la noche. Solté un grito liberador cuando llegue al clímax y todo mi cuerpo se quedo muerto.

 

El día siguiente me desperté en una habitación desconocida. Estabas a mi lado mirándome con ojos enamorados. Me contaste que me cogiste en tus brazos para llevarme hasta el cuarto de baño, que con Sherry me habéis duchado y me acostasteis en esta habitación de amigos. Era la una de la tarde y me costo volver en el mundo real. Me dijiste lo orgulloso que estabas de mi y que nunca mas me pedirías algo así. Te conteste que te querría, que me había gustado y que por ti haría cualquier cosa.

 

 

Texto y foto: Pascal Leurquin