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Tus dientes mordiendo tu labio
inferior, tus pezones apuntando a lo
lejos delante de ti, tu sexo ofrecido, húmedo, caliente, todo en esta escena me volvía loco. Cuando te dije al oído si estabas dispuesta a entregarte, si confiabas plenamente en mi, y querías probar algo nuevo, tu tono de voz me indico que así era. Te lleve de la mano al cuarto, cogi una cinta de seda negra ancha y te bande los ojos. Empecé a desnudarte despacio, comentándote lo guapa que eres, acariciando cada trocito de piel que descubría, besándote suavemente. Camiseta fuera, falda fuera, sujetador fuera, cada prenda aterrizaba en desorden encima de la cama, y te quite la brasileña dejándote liguero y tacones. |
| Guiándote por la cintura, te empuje lentamente alrededor de la cama, entre esta y la ventana. Te pedí de no moverte mientras sacaba las cuerdas de mi mesita de noche. Se mezclaba el perfume de las rosas que te había regalado por la mañana con el olor a vainilla de las velas encendidas. Creo que no te habías dado cuenta de la alcayata del techo, ni de la de la pared anteriormente. Eran bastante discretas aunque con taco de hierro para asegurar una buena sujeción. Pase la cuerda mas larga en el techo y te levante los brazos por encima de tu cabeza. Enrolle en tus antebrazos cada extremo de la atadura y te hice un nudo lo bastante apretado para que no te libres de ella pero lo bastante suave para no dañarte. Cuando abrí tus piernas tuviste que ponerte de puntillas para poder seguir apoyada en el suelo. Te ate cada tobillo con una cuerda. La derecha a la pared, y la izquierda a la cama. A estas alturas del juego ya sabias que te esperaba una larga tarde de sumisión y placer incontrolado. A la pregunta de que si merecías azotes por haberte portado mal, contestaste que si, que merecías un castigo. Y empecé a darte ligeros cachetes en el culo. De vez en cuando te daba uno mas fuerte, de manera que no lo pases mal pero si que te dejara el culo rojizo. Cada golpe mas fuerte te hacia retorcer un poco, y luchabas para mantener el equilibrio en las puntas de los pies. Mis manos pasaron de castigarte a acariciarte. La lluvia había empezado a caer y el ruido de su impacto contra la ventana mezclado a tus leves gemidos componían una melodía morbosa que me animaba a seguir dándote un cachete de vez en cuando en tu culo ya bien rojo. Te pellizcaba los pezones cuando mi boca se acerco a la tuya. Me regalaste el beso mas apasionado de nuestra historia y deje mi sexo erecto rozar tu pubis. Tratabas de empujarlo hacia delante pero las ataduras limitaban mucho tus movimientos. Mi boca bajo hacia tu pecho y se dedico un largo momento en querer a cada uno de ellos. De chupetones a mordiscos ibas gimiendo cada vez mas y seguí bajando hacia tu sexo así ofrecido. El contacto de mi lengua con tu clítoris, muy suave, muy breve, te sacudió todo el cuerpo y empezaste a buscar mi boca con tu sexo, descontrolada, un pie en el aire, colgada de las manos con las que te sujetabas a las cuerdas por encima de los nudos. Tus gemidos me suplicaban de hacerte mía pero te dije que antes íbamos a usar el gel que habías comprado hacia una temporada y al que poco uso habíamos dado hasta la fecha. El si que salio en este momento de tu boca se parecía mas a un orgasmo que a una respuesta. Mientras te untaba el agujete de este liquido agradable, y me ponía un poco en la polla, estabas jadeante, retorciéndote, empujando el culo hacia atrás deseosa que te empale por detrás. No te hice esperar mucho y no hizo falta empujar mucho para que te penetre el culo. Esta embustida te levanto del suelo, y te quedaste unos segundos colgada de las manos y sentada encima de mi polla dentro de ti. Tu respiración se volvía loca mientras empezaba a ir y venir entre tus nalgas hasta que notara que me iba a descargar en ti y me quite de allí. Volví a besarte el coño de manera mas violenta, mas golosa, estaba a punto de explotar y sin mas demora te penetre este sexo caliente mientras te besaba y te sujetaba las caderas. Llegamos al orgasmo juntos, y al cabo de unos segundos te desate las piernas, las manos y te quitaste la banda de los ojos. Nos tumbamos en la cama, entre tus prendas, y nos quedamos abrazados largos minutos besándonos disfrutando del recuerdo de este buen momento pasado jugando. © Pascal Leurquin |