La cola de coches no avanzaba. Iba con la ventanilla abierta para dejar salir el humo de mi tabaco, el aire acondicionado a tope, la radio machacando las melodías de moda y de fondo, ruidos de motores.

Estaba interrogándome sobre la suerte que tenia de haber conseguido una tarjeta de prensa para poder entrar en el aparcamiento al efecto cerca del circuito. Seguro que la gente normal iba mas de prisa caminando en los arcenes que yo. Cuantas veces he dicho que a un evento de esta amplitud se va con moto... y sigo empeñándome ir con coche. Mas cómodo, es que el teleobjetivo en la moto es bastante coñazo. Llevar una mochila muy grande, luego dejarla en alguna consigna al quinto pino. Nada, a esperar!

Antes de las Formula 1 salían varias categorías de coches tipo Formula Ford y cía. Solían ser carreras espectaculares y me gustaba verlas y así poder conocer los futuros campeones de mañana.

Después de revisar tres veces mi pase (es que a lo mejor no sabe leer), el de la entrada me deja aparcar en un descampado previsto al efecto. Seguro que dejo medio coche en los baches, pero es lo que hay.

Ya estoy en los paddocks, y trato de entender las indicaciones de un oficial chillándome el camino a la entrada del circuito. Nada mas empezar e ya estoy sordo. A ponerse los tapones! recuerdo el año que los olvide... tarde tres días en poder volver a oír con normalidad.

Moverse entre esta multitud es una experiencia muy enriquecedora. Colores, gente guapa, famosos, ilustres desconocidos con aire importante, y los equipos atareados, dejándose la vida en cumplir los ordenes de los jefes sudados y al borde de la crisis nerviosa.

Mas delicado es que te dejen pasar en la zona Formula 1. Allí se juega mucho dinero, la única histeria que hay es la de los jefes de comunicación. Pilotos, mecánicos y directores parecen muy relajados y seguros de ellos mismos. Pero decido dejar este parque reservado para concentrarme en la próxima carrera.

Allí encuentro Juan, fotógrafo deportivo de un gran periódico y nos vamos juntos hacia la parilla de salida. Los motores están callados y nos quitamos los tapones para dejar de repetirnos cuarenta veces cada frase. Mientras me comenta su ultimo disgusto con la nueva cámara de fotos tengo la mirada misteriosamente atraída por un mono azul en el fondo de la fila de coches. Le toca el turno a los Serie B amateurs, categoría muy divertida en la que participa gente mas mayor de todo ámbito esponsorizados por empresas conocidas y no estoy familiarizado con sus protagonistas. Pocos pilotos tienen una larga melena saliendo por debajo del casco y una silueta tan agradable. Le pregunto a Juan si alguna chica participa en esta competición y me contesta que si, Yolanda, que imposible que no la conozca.... pues no, no la conozco.

No extrañara a nadie si digo que de repente solo me intereso un solo vehículo. Llegando cerca de este BMW M3 establezco contacto visual con la tal Yolanda y empiezo a sacar fotos. Se percato de mi presencia y clava sus ojos risueños en el objetivo... me gusta esta nena jajaja... El mono la hace muy deseable y me encantaría entablar conversación pero el momento es muy mal elegido así que me nombro yo solito fotógrafo oficial de esta escudería y presentándome al que parece ser jefe de equipo le pido permiso para hacer un reportaje sobre ellos. Su sonrisa en la comisura de la boca me indica que rectifico rápidamente el "ellos" por "ella" y me da luz verde.

Después de sacar fotos a cada uno de los participantes, Juan llega a mi altura y me pone a parir. Que si no me interesa el deporte, que si siempre pienso en lo mismo, etc, etc... a lo que le contesto que para sacar fotos de todos están el y cien mas, y que si no fuese por su compromiso con su editor, seguro que haría lo mismo que yo. Dicho eso empiezo mi tarea nada hipócrita de sacar fotos a los mecánicos y hacerme amigo de ellos.

Tengo la secuencia entera de Yolanda sentándose en el coche, atándose el harnais con la ayuda de su mecánico, y concentrándose al volante. Ojos abiertos, ojos cerrados, serios pero no menos llamativos y bellos.

Nos echan de la pista y me refugio en el box del BMW. La Yolanda tiene un espectador mas pendiente de su carrera, sufriendo por ella, comiéndose las uñas hasta que no me quede dedos....

La competición se desarrolla sin incidencia mayor, y se clasifica en un honorable décimo puesto. Satisfacción en el ambiente y llegada del coche al garaje. La puerta se abre y sale tal un felino de la carcasa. Por fin voy a ver la cara de Yolanda. Se quita el casco con gesto muy elegante y aparece una melena mojada que sacude con fuerza antes de colocarla con la mano que le quedo libre. Es cuando me aparece la visión de una mujer en la plenitud de sus cuarenta años, aunque parezca menos, con una sonrisa borrándole la cara mientras me mira a los ojos. Casi me olvido de las fotos... me parece mas alta que antes, y me quedo embobado cuando se quita la parte superior del mono, atando las mangas a su cintura. Su combinación antifuego empapada de sudor esta pegada a su pecho descomunal. Podrá ser orgullosa de sus formas... y sigo sacándole fotos (todas torcidas) mientras habla con sus técnicos.

Cuando por fin veo que se queda mas aislada y se prepara a dejar el lugar me presento y le pregunto si hay una posibilidad de volver a verla para hacerle fotos mas tranquilamente con el coche, el mono y el casco. Su mirada me indica que esta dispuesta y que la idea le gusta. Me dice que si mañana sigo en Barcelona le encantaría encontrarse conmigo en el salón donde la empresa guarda el vehículo. Quedamos y se marcha con la satisfacción de haber hecho bien la tarea.

Bastante poco interés puse yo este año en la carrera de Formula 1. Ni siquiera las azafatas que suelen darme oportunidad de sacar fotos muy divertidas me pudieron quitar la sonrisa de Yolanda de la cabeza.

Dormí mal, el calor, la cama, Yolanda... y cuando llego frente al edificio de los seguros que financian el coche de competición decido decirle cuanto me impacto.

Me esta esperando puntual en el hall de entrada y después de darme un rápido beso le suelto lo guapa y simpática que me parecía, que había pasado la noche pensando en ella y que aunque no sea muy original, que me gustaba mucho. Se rió mucho, le quito importancia diciéndome que los hombres suelen idealizar a una mujer con un coche potente, y me llevo a un salón aislado donde dormían tres coches idénticos pintados de los colores de la compañía. Dijo que ya había bajado su bolsa con mono, zapatos, guantes y casco y que estaba a mis ordenes. Notaria que me puse colorado al oír sus palabras ?

Empezamos con una serie de fotos con ella sentada en el capo del coche. La luz estaba agradable y proporcionaba sombras muy dulces. Cuando le pedí bajar un poco mas la cremallera del mono, no dudo un instante en abrirlo hasta el ombligo, dejando ver gran parte de sus bonitos pechos. Inspiraba tal confianza que antes de empezar a disparar le pedí dejarme admirarla unos instantes sin cámara. Me invadió un terrible deseo de ir y quitarle el mono hasta la cintura, pero frene mis impulsos y empecé a hacer fotos.

Casi sin indicaciones encontraba los poses mas sutiles y atractivos. Se lo arreglaba para dejar ver lo máximo de su pecho sin por ello desvelarlo. Ponía cara de ingenua, provocadora, luchadora con una facilidad desconcertante. Era muy natural y de buena voluntad.

Después de preguntarme si la cámara tenia disparador automático propuso que hiciéramos fotos de los dos juntos. Cambie el cuerpo de la cámara ya que solo la de recambio tiene esta función, y empezamos a reírnos imaginando escenas divertidas. Después de hacer la foto con ella al volante y yo empujando el coche, puse la cámara en el capo y sacamos una de ella sentada e yo hablando con ella apoyado en la puerta. Aproveche para decirle que me excitaba mucho y cuando le puse la mano en la mejilla quise pero no me atreví besarla. Entonces se giro mas hacia mi y entrecerrando los ojos me ofrecío su boca.

Desde este momento dejo de existir la cámara y mientras el beso se eternizaba mi mano derecha le acariciaba el pelo y la izquierda empezaba a descender hacia su canalillo.

Sus ojos reflejaban muchas emociones distintas cuando me dijo bajito que hacia tiempo que no había tenido relaciones y que le apetecía mucho hacer el amor conmigo. Miedo a su impulso al que no debía de ser acostumbrada, deseo avivado por este beso langoroso, y mas cosas que no puedo definir muy bien.

Nos marchamos mano en la mano hacia mi coche de alquiler y nos dirigimos a su casa. Vivía en un apartamento ubicado a mitad de la Diagonal. Estaba aparcando el coche en el subsuelo cuando me pregunto lo que hacíamos. Le conteste que íbamos a hacer el amor de la manera mas sensual, amorosa y delicada posible aunque si se sentía incomoda podíamos cambiar el plan por una copita sentados en el suelo de su casa mirando las fotos de ayer y hoy. Me miro, me beso, y me afirmo que la acababa de convencer que iba a ser su mejor tarde desde mucho tiempo.

Seguía con el mono puesto y me propuso servir dos copas mientras se duchaba. De camino al baño encendió la radio, creo que kiss FM, de estos canales de música suave de los 70.80 que no hay en canarias.

Me senté en el sofá, las copas de vodka naranja en la mesita y me perdí en mis felices pensamientos escuchando Sabina calcular las horas para que su camarera lo lleve a su habitación.

Salio vestida de una bonita tanga del cuarto de baño y sin pensárselo se sentó encima de mi, cara a cara, una rodilla de cada lado de mis caderas. Me beso mientras empezaba a subir mi polo que me quito sin decir palabra. El roce de sus pechos en el mío me lleno de escalofríos y volvimos a besarnos un buen rato antes de tomar un primer sorbo de Vodka.

Tenia una mirada tierna, amorosa, seria, mientras me quitaba el pantalón, calcetines y zapatos, quedándome en calzoncillos. Se volvió a sentar encima de mi y mientras me besaba sus caderas empezaron un ligero baile frotando su tanga contra mis calzoncillos. Su respiración se aceleraba y el beso se hacia mas apasionado.

Creo que ambos estábamos muy necesitados de amor en este momento y tardo bastante poco en cabalgarme, la tela de su ropa interior empapada empujando cada vez mas fuerte en mi polla erecta que ya se había escapado de su cárcel. Llegamos juntos al orgasmo y mi leche se refugio en nuestros ombligos acariciándose.

Le exploraba sus preciosas nalgas con mis manos mientras me besaba. Su mirada se había vuelto triste y le pregunte si ocurría algo. Me dijo que no entendía porque cuando encontraba a alguien que le gustaba, era alguien que no era de su ciudad sino de muy lejos. La cogi de la mano llevándola a lo que parecía ser el dormitorio suplicándola de no pensar en ello ahora. tendríamos tiempo de ver lo que la vida nos depara y que íbamos a brindar a nuestro encuentro y volvernos locos de amor en su cama.

Fueron diez minutos de caricias lentísimas, privilegiando lo sensual al sexual antes de que vuelva a tener una erección digna de un hombre. Entonces su boca se trago mi sexo y me entro muchas ganas de penetrarla. dándole la vuelta me puse encima, en la tradicional postura del misionario, y empecé a dejar mi sexo pasearse encima de su raja. Estaba de nuevo muy húmeda y en una de mis pasadas mi polla entro por iniciativa propia en su cueva caliente. Supe enseguida que nuestros sexos estaban hechos el uno para el otro. Las sensaciones de mis idas dentro de ella eran explosivas. Parecía gozar también mucho de nuestra comunión, y su boca no dejaba de morder mis labios, jugar con mi lengua mientras empezaba a jadear mas fuerte.

Poco tiempo hemos vuelto a aguantar y recuerdo pocas veces haber tenido dos orgasmos simultáneos con mi pareja. Dejo caer la cabeza en la almohada mientras me ponía un poco de lado para no aplastarla. Mi mano recorría sus pezones erectos, bajaba hasta su ombligo para volver a subir y acariciar su cuello, su mejilla, su frente. Este bienestar, tanto amor, no podían acabarse esta tarde e insistiendo en saber si no le suponía ningún problema, propuse quedarme unos días mas en Barcelona para aprender a conocernos mejor.