| Mis primeras palabras al
verte entrar en la oficina fueron "que guapa eres", y me diste las gracias
sin cortarte ni extrañarte de este comentario atrevido. Tu nombre evocador, que aquí voy a callar, sonó como una canción en mis oídos y nuestra conversación, distendida, se desvió rápidamente hacia temas mas personales que profesionales. Delgada, quizás demasiado a primera vista, eras muy alta, con el pelo rubio liso y semi-largo. Vestías una camiseta negra, unos vaqueros y unas sandalias verdes muy bonitas. Cuando hable de vernos fuera de este lugar, me invitaste a pasar el día siguiente por una casa ubicada en las afueras, y que describiste como lugar de encuentro de la juventud actual. Solo tenía que decir que me esperabas y me dejarían entrar. Eran ya las 10 de la noche cuando aparque el coche en una especie de plaza que había delante de la casa. Parecía una de estas casa medio abandonada, con una fachada algo estropeada. Un lugar ideal para unos ocupas. Pasaban algunos coches por esta via bastante frecuentada y de la misma manera que lo hacia yo cuando usaba esta carretera, nadie se fijaba en esta casita. Llegaba del interior una música indefinida. Pensé que habían organizado una fiesta allí dentro y tuve que dar varios golpes en la puerta de madera antigua antes de que una joven morenita me abra. Le dije que me esperabas y al oír tu nombre me dijo que pasará. La verdad es que no me fije mucho en esta chica. Ocupo toda mi atención la habitación en la que estaba. Una especie de sala mediana, un aparato de música en el suelo, un sofá ocupado por una pareja en gran conversación, un par de chicos saliendo de lo que parecía ser la cocina con unas cervezas en la mano, y estas paredes pintadas, llenas de grafitis y frases mas o menos graciosas o reinvendicadoras. Un olor a canuto flotaba en el aire, detalle que no era muy de mi agrado, pero que completaba un ambiente tipo hippies de los 70 pero a pesar del estado del lugar y de todo lo descrito, algo refinado. Me saco la morenita de mi inspección ocular cuando me pregunto si querría tomarme algo antes de ir a verte, al final del pasillo que tenia a mi izquierda. No era ni guapa ni fea, tenia algo, una dulzura, una manera de moverse y de hablar muy relajante. Estoy seguro que no había fumado, tenia los ojos muy nítidos, y se notaba que era una persona muy tranquila y a gusto consigo misma. Sus vaqueros agujerados dejaban ver buena parte de su culo bien firme, y su camisa abierta hasta el ombligo donde había hecho un nudo con los dos extremos, ver parte de sus pechos sugerentes. Iba descalza y tal un felino me trajo una cerveza fría. El pasillo que me llevaba hacia ti estaba igual que la primera habitación. Papel pintado medio arrancado, pintadas, pero a pesar de ello todo estaba muy limpio. Pase frente a una primera habitación pequeña con dos chicos y una chica. Ya sabia de donde venia el olor a porro. Un chico sentado a cada extremo del sofá, la chica acostada, la cabeza en las rodillas de uno y los pies en las del otro. Los tres fumando. Me di cuenta que uno estaba acariciando los pechos de esta mujer a través de su blusa, y el otro le hacia un suave masaje en las piernas. Iba con una falda marrón levantada casi hasta la braguita si es que llevaba. No me entretuve en mirar demasiado y mi sorpresa me impidió tener mejor recuerdo de la escena. Llegando a la secunda puerta del pasillo me llamaron la atención unos gemidos cada vez mas fuerte. Al igual que todas las demás la puerta, estaba abierta y pase la cabeza en el cuarto de baño. Solo puedo decir que estaba blanco, mi mirada se quedo parada en la pared de la derecha. Un hombre con pantalón oscuro y camisa blanca me daba la espalda y a altura de su hombro derecho sobrepasaba la cabeza de una mujer muy elegante a pesar de su rictus de gozo. Una pierna desnuda terminada por una sandalia de tacón apoyado en el suelo, la otra pierna en el aire sujeta por el macho del otro lado terminaba la escena que trato de describir. En un movimiento un poco mas violento que los anteriores pude entrever el costado de la mujer que iba solamente con un sujetador puesto. Dejándoles a sus labores, seguí mi camino hasta el fondo del pasillo. Primero vi frente a mi, sentada en el suelo y apoyada a la pared a una chica de unos 30 años con la mirada fijada al frente, una mano entre sus piernas abiertas y otra en uno de sus pechos. Se estaba masturbando mirando algo todavía invisible para mi. No se percato de mi presencia y tome mi tiempo en observarla tranquilamente. Si hasta entonces mi estado no estaba muy definido entre la excitación y la incredulidad, lo que veía ahora termino de decidirme en quedarme y disfrutar del espectáculo ya mas de cerca y con mas luz.. Su pelo negro ondulado medio largo le tapaba la mitad de la cara hasta que se lo pusiera por un lado y entonces le vi estos ojos. Me entraron enseguida muchísimas ganas de ahogarme en estos ojos turquesa. Me quede cautivado por su mirada. Ya ni siquiera pensaba en adentrarme un poco mas en la habitación y mirar lo que la inspiraba así, solo verla disfrutar me daba mucho placer. De repente se dio cuenta de mi presencia y apareció una bella sonrisa en su cara. Sin dejar de tocarse me tendio la mano para que me junte a ella. Su camiseta de tirantes blanca estaba subida por encima de su pecho erecto, y al acercarme vi que su otra mano estaba jugando por debajo de una braguita blanca que su minifalda de vaquero me había escondido hasta entonces. No podía quitarle los ojos de encima y después de decirle un suave hola, me dijo de mirar hacia donde estaba mirando. Fue cuando te vi. Estabas a cuatro patas encima de una cama estrecha, desnuda, con un chico detrás de ti y otro delante. Ambos hacían movimientos de caderas muy lentos y tu te retorcías despacito, presa de estos dos machos semi-vestidos. Parecía una película al ralenti. No daba ningún sentimiento de vulgaridad, mas bien algo irreal, sensual, dulce. Nunca imagine que tal panorama podía resultar tan poco agresivo. La curva que dibujaba tu espalda, así arqueada era preciosa. Creo que descubrí que el porno podía ser elegante esta misma noche. Cuando mi vecina me pidió un poco mas alto de besarla te diste cuenta de mi presencia. Tu mirada reflejaba tu felicidad en este momento. Me miraste de lado, se te adivinaba una sonrisa en estos labios ocupados, y una expresión de gozada, deseo y provocación en tus ojos. Ya no podía mas y pasando de ti empecé a besar a la chica de los ojos turquesa. Beso rápidamente interrumpido por tu tremendo orgasmo. Tus dedos no habían parado un momento de jugar con tu clítoris. Entonces mi compañera se acosto a mi lado, la cabeza en mis piernas y despacito empezo a desabrocharme el pantalón y asegurarse que yo también llegaba al séptimo cielo con la ayuda de su rica boca. La calentura y ver a los dos chicos llegar quasi simultáneamente dentro de ti me hicieron terminar pronto. Después de que se retiraran te habías dado la vuelta y te masturbaste hasta correrte como una loca. Estabas tumbada, abandonada a la nada, llena de semen en tu bajo vientre y tu cara cuando mi compañera se levanto y me llevo hacia ti de la mano. Ella empezó a besarte en la boca, mezclando así el jugo del chico con el mío. Parecías agotada y poco reaccionabas aunque tu mano encontró la mía y me la llevaste en tus senos. Al empezar a acariciarte note como volvía a tener una erección. A dura penas pudiste decir que deseabas que te hiciéramos el amor, y sin pensárselo mas mi recién conocida amante se arrodillo en el sofá, una pierna de cada lado de tu cara, y te ofreció sus labios húmedos. Me dijo que te hiciera el amor mientras ella gozaba en tu boca, lo que no dude en hacer, viéndola disfrutar, chuparse los dedos clavando sus ojos en los míos, medio asfixiándote, y tu dándote un placer máximo con tus dedos encima de tu clítoris. Te penetre salvajemente, dando golpes bestiales, animado en ello por mi contraincante que empezaba a bailar cada vez mas rapidamente su sexo en tu boca. Tu mano frotaba con vigor tu monte de venus y llegamos los tres juntos en un solo grito de placer. Estábamos los tres tumbados y revueltos medio dormidos en el sofá y era cerca de la una de la mañana cuando me pediste en un susurro que te llevara a tu casa. |
![]() |