Hacia años que no tuvieron tanto calor en Bélgica. El mercurio rozaba los 40 grados, los prados estaban amarillentos y muchos disfrutaban por primera vez del año de su piscina.

 Estábamos  tomando una cerveza bien fría, mi amigo e yo, en la terraza de su casa, discurriendo sobre las fotos realizadas durante mi estancia para su campaña electoral.

Tiene una casa muy bonita, terrera, encima de una colina, con vista a campos y bosques, donde suele pasar en cualquier momento y sin previo aviso desde ministros a jóvenes artistas buscando algo de éxito.

 Siempre sentí admiración hacia él por su sencillez y su facultad de estar en todas partes a la vez y poder acordarse del nombre de tanta gente como la que lo saluda por las calles. Mas de una noche me llamo para decirme que iban a venir “unos” amigos a cenar y que si no me importaba darme un salto a comprar un par de cosas en el súper.

Resulta que llegaban entre 15 y 20 personas con las que hacíamos la fiesta hasta las tantas, mi amigo cocinando para todos, y el día siguiente otra vez al pie del cañón cumpliendo con su función pública.

Volviendo a las cervezas frías, terminábamos de elegir las fotos de las vallas cuando apareció lanzado por el camino de acceso a la casa un Peugeot 206 negro con la música a tope. La sonrisa de mi amigo me indico que me iba a gustar lo que nos venía encima.

De detrás de la pared vegetal que aísla el aparcamiento del señorito salieron dos preciosidades con sonrisas deslumbrantes.

Olga, la rubia, de origen ruso, llevaba un pantalón corto (o mejor decir unas bragas?) tan apretado que se le dibujaban los labios vaginales por debajo de la pelvis. Estaba claro que solo llevaba esta prendita con nada debajo. Arriba una escueta banda, supongo que un top aunque se parecía mas a un cinturón ancho, que escondía con pena su generoso pecho.

Sabine, la morena, más bajita, llevaba un vestido de verano con estampados muy luminosos. Lo primero que me llamo la atención fue su pecho, pequeño y firme. Se dibujaba perfectamente debajo de la tela. Su profundo escote dejaba admirar un canalillo perfecto y casi sus pezones cuando estaba de perfil y se agachaba un poco. El vestido le llegaba a mitad de los muslos y a pesar de mis esfuerzos casi discretos para averiguar si llevaba algo debajo, no pude averiguar nada.

Mi amigo me presento primero a Olga, y esta me presento a su amiga de una manera poco habitual... "te presento a mi amante, Sabine, aunque es bi y a veces me pone cuernos"....

Aunque haya navegado mucho por este mundo entre mucha clase de gente, reconozco que necesite un par de segundos antes de poder contestar que con una compañera tan guapa era algo de esperar.

El tema de la conversación era una obra de teatro al aire libre que preparaban para el verano. Y si bien la noche anterior me preguntaron mi opinión acerca de un problema que había levantado la oposición en el ultimo consejo municipal, hoy me tocaba aprobar o dar mejores ideas en cuanto al decorado del fundo de escena...

En algún momento nos dijo mi amigo que porque no aprovechábamos mi presencia allá para hacer una sesión de fotos de las dos juntas, que podría ser muy divertido. Sin pensárselo contestaron al unísono que sería formidable, y me ví planificando una sesión para la noche siguiente que estaría yo solo en casa y podría aprovechar para mover muebles y organizar un pequeño estudio con los focos que me habían prestado para las fotos de la campaña electoral. 

Esta noche había invitado a mi amiga Silvia de Paz con su tropa de 11 cantaores y bailaores de la escuela de bellas artes de Sevilla, de gira por Europa, a cenar en casa de mi amigo. Aproveche para decir a nuestras dos invitadas sorpresas que se quedarán a cenar y todo el mundo se encontró en la cocina preparando una magnifica comida.

Aunque pendiente de los andaluces, me las arreglaba para estar lo mas a menudo posible pegado a Sabine con la que intercambiaba propósitos al limite de lo correcto.

Habían empezado a improvisar un tablao intimo en la terraza cuando Olga se acerco a preguntarme si me importaba ir a su casa la noche siguiente y hacer mas bien fotos sensuales de desnudo de ellas dos. Dicho en un tono un pelin provocador acompañado de una mirada llena de vicio, dije que sin problema sintiendo algún quisquillo en el bajo vientre.

Muy pocas veces me procura excitación la perspectiva de una sesión de desnudo. Suelo estar mas bien preocupado en cuanto a la naturalidad de la modelo, a los detalles técnicos y al eterno temor a que no salga a la altura de las expectativas que ponen en mi. La noche siguiente entraba en estas muy pocas veces.....

La perspectiva de las fotos no me había calentado a mi solo. Desde que lo mencionamos Olga y Sabine se pasaban el tiempo dándose besos y metiéndose mano en una esquina de la terraza. Me dedique a “cuidar” de mis invitados tratando de perderme un mínimo del juego de las dos chicas. A pesar de la semi oscuridad se les notaba los pezones erectos y se notaba alguna manchita en el pantalón corto de Olga.

Las guitarras, las palmadas, las chicas sudando dando vueltas en el centro de la terraza, el sueño y el liquido ingerido dieron un toque mágico a esta velada.

Fue a las cuatro de la mañana cuando salieron del aparcamiento los dos minibuses seguidos por el Peugeot 206. Quedaba en el aire un perfume a flamenco y tarde un buen rato en encontrar el sueño. Me quede sin saber si Sabine tenía o no bragas...

Cuando abrí los ojos, a esto de las once, mi amigo ya se había marchado a trabajar y empecé a ordenar un poco los restos del tsunami de la noche anterior. Estaba pensando en mis dos nuevas conocidas, y me imaginaba a Olga hablándome en ruso al oído. Si a las chicas les suele gustar que los chicos les hablemos en francés, a mi me mola el ruso susurrado por una dulce chica. Es un idioma muy cantante, aunque feo hablado por los hombres, y las pocas veces que pude oírlo en la almohada me puso a mil.

Luego alternando me imaginaba acariciando las tetas de Sabine por debajo de la tela del vestido y comiéndome su preciosa boca.

En fin, en dos palabras, estaba limpiando los cacharros con un tremendo empalme.

A las ocho llegaba delante de la casita de las niñas. Al oírme aparcar salieron ambas de detrás de la casa por el jardín y después de darme un beso en todos los mojos, me dijeron que habían seguido mis instrucciones al pie de la letra, y levantando el vestidito que llevaban puesto me enseñaron un bonito coño al aire libre, libre de marcas de prenda interior. Así descalzas, pelo suelto, se parecían a dos chicas a las que el padre les traía un regalo de navidad. Entre risa y risa llevamos el material dentro de la casa. Era verdad que tenían una habitación amplia, muy agradable, limpia de objetos y accesorios que pudieran molestar en las fotos. Una cama amplia de dos por dos de una conocida fabrica sueca y dos mesitas de noches que habían apartadas era el único mobiliario. Tenían la ropa en otra habitación que les servía de ropero gigante.

Sabine me explico, con carita de mujer maltratada, que era genial no tener vecinos demasiado cerca porque así podía gritar cuando Olga se enfadaba con ella y le ponía el culete al rojo vivo a base de cachetes. Comentario, lo habrán adivinado, que volvió a despertar en seguida esta cosa tan molesta a veces que tenemos entre las piernas.

A pesar de insistir en que no querría alcohol mientras trabajaba, me encontré tratando de montar los focos con un Vodka naranja en la mano. Ejercicio peligroso sobre todo para el parquet reluciente...

Sabine estaba muy interesada en los aspectos técnicos del asunto, y la verdad es que notaba una conexión especial con ella. Tenía una tremenda sensualidad y cualquier motivo era valido para rozarme. Las cosas se estaban complicando antes de empezar y me costo mucho encontrar la posición de las luces para lograr el resultado buscado.

Las dos se desvistieron a la vez, y pude descubrir dos cuerpo de mujeres treintañeras cuidados y muy agradables a pesar de ser muy diferentes uno del otro.

Olga con formas, pecho grande y muy poco caído, lo que me hizo pensar a operado, y cadera bien dibujadas. Seguramente cerca del tan famoso e injustificado 90-60-90 perfecto.

Sabine no me defraudo en cuanto a sus tetitas naturales, esas si que perfectas a mi juicio. El trasero seguía la tónica aunque con mas formas y se podía describir a la morenita como chica delgada.

Ya metido en mi trabajo desapareció la calentura del día y decidimos empezar por unas fotos individuales de cada una.

Ambas posaron con naturalidad, consiguieron rápidamente las miradas y expresiones adecuadas, y pocas explicaciones había que dar en cuanto a poses. La cosa se torció un poco cuando se metieron las dos juntas encima de la cama. Parecían tener un imán que las llevaba a besarse a cada momento. No paraban de mover las manos acariciándose ni  de hablar diciéndose lo cachonda que se estaban poniendo.

Se tenia que notar fuerte que no eran las únicas en ponerse cachondas ya que Olga soltó a Sabine “mira como estas poniendo al pobre Pascal”.

En este momento estaba la rubia apoyada a la pared (la cama no tenia cabecero, cosa que me venia bien para las fotos) abrazando a su compañera tumbada entre sus piernas.

Siguió Olga : "Abre un poco las piernas para que vea el bonito coño que tienes..." para seguir besándose las dos y Sabine llevar lentamente su mano hacia su sexo ofrecido a mi objetivo.

Nunca tuve la ocasión de hacer fotos de dos mujeres haciendo el amor y trate de aprovechar esta oportunidad para sacar unas tomas bonitas de estos cuerpos cada vez mas mezclados. Una tremenda excitación me impedía pensar con detenimiento y empezaba a sacar menos fotos y a mirar mas el espectáculo.

Era un vaivén de manos que parecían sobrevolar nalgas, pechos, clítoris... se desprendía una dulzura y un erotismo poco común de este intercambio amoroso.

Cuando Olga le dijo a Sabine que hoy iba a regalarle una polla, esta me miro con unos ojos de deseo intenso y dio un apasionado beso a Olga diciéndole que le agradecía mucho este detalle. Y fue de repente mientras Sabine estaba chupando el coño de Olga con el culo en alto que la rusa me dijo que me desnudara y se la metiera a su amiga mientras la llevaba al orgasmo con su lengua.

Debo reconocer que poco duro este único asalto por lo caliente que estaba desde la noche anterior. Nos corrimos casi los tres juntos y sentados desnudos en la cama empezamos a planificar un fin de semana en mi isla en fechas próximas.

Y así quedo una de las “muy pocas veces” que mezcle el trabajo con el placer...

© Pascal Leurquin