Mucho calor, mucha humedad, las perlas de sudor recorrían tu cuerpo desnudo mientras peinabas lentamente tu melena. El espejo reflejaba esta mujer segura de si misma, de su belleza, orgullosa de sus pechos pequeños pero bien puestos y de sus caderas anchas.

Cuando te vi sentada desnuda me entro un escalofrió por todo el cuerpo, me acerque a besarte el cuello. Tu dulce piel resultaba pegajosa, húmeda, y me arrodille para poder besarte a lo largo de tu columna vertebral. Esos besos se transformaron rápidamente en lametones... te estaba bebiendo, te saboreaba.

Sabias que me volvias loco así desnuda con tus sandalias de tacones y tus pendientes de aros grandes por única prenda. Sin ninguna delicadeza me apartaste, te fuiste riendo hacia el armario y te pusiste un pañuelo en el pelo todavía húmedo de la ducha que te habías dado.

Luego te diste la vuelta y me hiciste frente, Gitana desnuda, con una mirada desafiante, deseosa, amorosa. Tus ojos me ordenaban ir hasta ti de rodillas. Ya muy cerca de ti me cogiste la cabeza y me la guiaste despacito hacia tu sexo. Mi sexo ya no podía mas de estar encerrado en mis vaqueros y no encontrar salida. Mientras te besaba delicadamente el pubis, te agachaste para quitarme la camiseta. Tus manos recorrían mis hombros, jugando con mi sudor.

Al darte cuenta de que necesitaba ya sentir tu perfume en mi boca, abriste un poco mas las piernas, dejándome acercarme mas fácilmente a tu cuevita. Entre el calor ambiente y la excitación estabas muy mojada. Mi lengua iba y venia del interior de tus muslos a tu clítoris, volviéndote loca. Este sabor tuyo me enloquecía mas todavía y pronto me levante despacio besándote el vientre, el ombligo, los pechos hasta llegar a tu boca donde me perdí un largo momento.

Cogiendote de la mano te lleve a la cama donde me empujaste y empezaste a besarme de arriba hasta abajo, lentamente, mientras tu mano ya estaba quitándome el cinturón y desabrochando el pantalón. Tu boca llego a mi talla al momento que tu mano liberaba mi sexo de la ropa. Casi me da algo cuando sentí tu lengua empezar a jugar conmigo.

Una vez desnudos ambos, te acostaste al lado mío y nuestras lenguas se fundieron en un largo beso. Nuestros cuerpos se acarician en un va y viene incontrolable. Se mezclaba nuestro sudor, se rozaban nuestros sexos y cada vez mas descontrolado bailaban nuestras caderas.

Supongo que en algún momento abrirías mas las piernas, o que di un golpecito mas fuerte, pero el grito de placer, dolor, satisfacción, locura nos salió a la vez. Sin realmente quererlo formábamos un unico ser. Te llene de todo mi sexo, así de golpe, y allí me quede quieto, en ti mi amor.

No me atrevía moverme, sabia que estaba demasiado excitado y cualquier movimiento podía hacerme llegar nada mas empezar. Teníamos que calmar el juego, relajarnos un poco, bajar la tensión amorosa. Entonces empezamos a decirnos muchas cosas con los ojos, acariciándonos la cara mutuamente y nuestros cuerpos volvieron a quererse solos, tenían propia voluntad.

Me daba vuelta la cabeza, estado de trance, loco para que no se acabara nunca. Los ojos cerrados, los labios torcidos, estabas en tu mundo de placer disfrutando el momento mientras yo te miraba, miraba nuestros vientres acercándose y alejándose, me latía el corazón a 1000 por horas, y trataba de retener mi jugo el máximo y llegar contigo.

Cuando te susurre que ya no iba a aguantar mucho empezaste a acariciarte el clítoris mientras nuestros sexos se amaban y tu respiración se acelero en seguida. Ambos estábamos al limite y la locura se adueño de nosotros en los tres minutos siguientes.

Cuando volvimos a abrir los ojos estábamos abrazados, boca contra boca, mi mano cogida de la tuya jugando con este liquido que se deslizaba a lo largo de nuestras piernas, mezclándose con el sudor. El olor a sexo estaba muy presente y seguro que ayudaría a recuperar rápidamente las ganas de volver a mezclar nuestros cuerpos

© Pascal Leurquin