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En tu correo te describías como una mujer pequeña, muy pequeña, pero rodeada de colores. Esta descripción tuya me llamo mucho la atención. Me hablabas del placer que te había procurado encontrar mi pagina de relatos. Una amiga tuya te había dado la dirección asegurándote de que ibas a descubrir algo que te gustaría. Halagabas mi sensibilidad, mi romanticismo, mi sensualidad y expresabas tu deseo de recibir una carta mía. Te decías hada, y me mandabas un pequeño retrato tuyo tipo foto de identidad.
Te agradecí la bonita carta y trate de corresponderte en cuanto a belleza de palabras e imaginación. Adjunté una foto de mi rostro.
Estaba mirando tu foto, chica mona con tipo fuerte, me parecías israelita por las facciones, tratando de adivinar el resto del cuerpo cuando recibí otro mail tuyo.
Después de disculparte por invadir así mi buzón de correo, me hiciste parte de tu mundo imaginario. Me gustaba tu estilo. Tenías un universo bastante parecido al mío en tu cabeza, y tuve la necesidad de responderte sobre la marcha.
Ya era tarde y me preguntaba quien era esta chica tan dulce mientras me iba a acostar. Esta misma noche me costo mucho conciliar el sueño. Rondaba por mi cabeza la imagen de un hada venida de un país lejano.
Al levantarme encendí la maquina infernal que es el ordenador y nada mas ver el mail tuyo empecé a contestarte. Y así hasta cinco intercambios en el día.... y así durante varios días ! Me hablabas de lo feliz que te hacia haberte topada conmigo, del puente de estrellas que nos separaba, de lo incomprensible de nuestro afán en recibir y escribirnos cartas en cada momento, de lo desrazonable de las emociones que estaban creciendo en nosotros.
Al cabo de una semana te pedí de mandarme una foto tuya donde podía ver tus alas. Adjuntaba dos fotos mías de cuerpo entero. A estas alturas seguía sabiendo solo que eras de raza mezclada, rubia oscura, y pequeña. Tu voz también me estaba desconocida al igual que cualquier detalle realista respeto a ti.
No sé si conocéis a Druuna, personaje creado y dibujado por Serpieri. Siempre me gusto mucho esta chica. Pequeña, con bastante formas, proporcionada como solo puede ser una mujer imaginaria. Pues recibí una foto de la verdadera Druuna.
En este mismo momento empecé a vivir por ti. Foto tuya en la pantalla del móvil, del ordenador, atender a mis compromisos pensando en ti, soñar contigo noche tras noche, hasta tal punto que las sabanas se acuerden de ello...
Decidimos retrasar una temporadita mas un encuentro real. Estabas viviendo en un país diferente y una zona poco asequible, y no era cuestión de ir dos días.
Decidimos sacarnos unas fotos desnudos, de cara y de espalda, recortarlas en 12 trocitos y mandarnos cada día una pieza de este puzzle particular.
No hace falta decir que la tensión llegaba a su cenit según pasaban los días. La belleza física es muy aleatoria, y quizás a mucha gente no le gusta el cuerpo de Druuna, pero personalmente no fui nada decepcionado. Empezaba a pasarme los días con tu foto en la cabeza, lo que me provocaba tremendas erecciones. Un deseo que se hizo insoportable el día que termine de recibir la ultima pieza de la segunda foto.
Nuestros correos estaban cada vez mas ardientes, y la primera vez que hablamos por teléfono se hizo un eterno silencio por ambas parte... nos invadía la emoción, dulces voces que trataban de decir lo indecible... Luego empezamos a comentar un poco el contexto en el que se habían tomadas las fotos que nos mandábamos junto a las del puzzle. Fotos de nuestro diario donde aparecíamos tanto en la calle como en casa.
Nunca hablamos de conectarnos a través de Messenger... miedo a romper la magia? Lo que si convenimos fue encontrarnos en tu casa a final de mes.
El plan era sencillo. Llegaba yo a la estación de tren, me dirigía a tu casa, llamaba al timbre, y me dejabas la puerta entreabierta para poder volverte a la cama en la oscuridad de tu habitación. Una vez entrado iría a ducharme y me reuniría contigo en la cama.
Según lo previsto entré en tu habitación a ciegas... lo no previsto era el golpe que me di en la tibia contra la mesita que había allí en el medio. Me confiaste que estabas un poco asustada de tu atrevimiento. Te dije despacito que todo iría bien y que de momento íbamos a hablar un poco de nosotros.
El besito que te di aterrizo en tu nariz, creo. Tumbado a tu lado, muy excitado, empecé a contarte mi viaje, y a los pocos minutos te pegaste a mi. Acostado de lado, me dabas la espalda, y el contacto de tu piel contra la mía provoco una descarga eléctrica en toda mi anatomía. Notaba tus nalgas en mi pubis, y debías de notar mi tremendo sexo duro entre ellas. Olías a Lila creo, a naturaleza, a aire fresco. Me atreví rodearte con mi brazo derecho y te sentí entregarte plenamente a este abrazo. Mi mano se coloco, como no, en tu pecho y empecé a acariciarlo mientras me contabas tus ultimas horas de espera.
La sensación de sentirte contra mi, de tocarte, oírte sin verte era muy extraña. Parece que los demás sentidos se habían desarrollados al no poder ver. Disfrutaba de cada nuevo centímetro cuadrado de piel que tocaba con exquisitez.
Sin saber muy bien como, en un movimiento lento y perfectamente conjuntado se encontraron nuestros labios. De repente la noche de tu habitación se ilumino de una infinidad de estrellas dando la señal para que se inicie un beso apasionado donde se mezclaban mordisqueo, batallas de lenguas y caricias descontroladas.
Tampoco nos dimos cuenta del movimiento de nuestros cuerpos colocándose con voluntad propia en la posición del misionario. Fue el relámpago que atravesó nuestros cuerpos que nos hizo realizar que estábamos sexo contra sexo. Estabas muy mojada, una boca caliente y deseosa de mi estaba moviéndose despacio al encuentro de mi sexo quien a su vez te penetraba con una facilidad desconcertante.
Y te noté estas lagrimas en la cara. Te las secaba con besitos, te reías, gemías, soplabas, y nos quedamos así, el uno en el otro sin movernos durante un buen rato, disfrutando de este momento tan esperado.
Esta tarde nos besamos, nos bebimos, nos dimos muchas vueltas en la cama, y cada caricia era un nuevo descubrimiento, y no queríamos encender la luz, y se hizo de noche, y el hambre se apoderaba de nosotros.
Ya agotados, y seguros que las horas pasadas en la oscuridad mezclando nuestros líquidos de amor nos habían saciado, encendimos la luz. La vista de una Princesa, una hada, en carne, fue una revelación para mi. Existías, eras de verdad, y este nuevo estimulo visual nos embarco en una ultima lucha corporal, en un ultimo clímax que pareció no terminarse nunca.
© Pascal Leurquin |
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