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Nada mas abrirse las puertas de la salida de la recogida de bagajes, supe donde me estabas esperando. Fue seguir la mirada de buena parte de los hombres allí esperando y cruzar tu mirada. Pocas chicas tienen tu capacidad de vestir tan elegante con ropa tan informal. Quizás sea mas bien tu porte, tus poses, tu belleza discreta, ambos naturales y sin maneras que tanto llaman la atención.
Nada de pintura, parecías una veinteañera a pesar de haber pasado los 40 hace un par de años si no me equivoco. Lo único que recuerdo es verte de negro vestida, pantalón de seda, corpiño, chaqueta, y sandalias... todo negro pero tan luminoso a la vez. Era la primera vez que te veía, invitado por tu editorial al cumpleaños de la revista de la que eres redactora. Entonces me contaste los pormenores de tu oficio. Luchas por mantener la revista a su nivel de venta, luchas internas por mantener tu puesto, y todo lo que hace de tu trabajo un camino de cruz. Pero contado con anécdotas y risas, se me hizo muy llevadero. Tanto que terminamos paseándonos mano en la mano, de invitado en invitado, tu presentándome como un amigo de toda la vida que vive en España. Cuando nos separamos esta noche lamentaste tener compromiso, aunque según entendí no iba muy bien la cosa.
Desde aquel entonces me mandaste de vez en cuando una cartita de saludo, adjuntabas fotos tuyas que salían en revistas, y te contestaba con buen humor y muchas bobadas.
Este último mail empezaba de una manera totalmente diferente a los anteriores. En vez del afectuoso Hola cariño, decía Querido Pascal. De repente tu mail pasó de ser uno más en el correo diario a llamar toda mi atención. Algo malo había ocurrido? Resumiendo, decías que se había terminado tu relación con tu marido, que era algo ya asumido por verse venir hacia tiempo, y que en los últimos meses te acordabas mucho de mi comentario casi anodino de la fiesta. Leyendo la siguiente frase me acorde de mi ironía diciéndote que si tu marido te dejaba de verdad es que era idiota y me pusieras el primero de la lista de pretendientes. Me comentabas lo que ambos sabíamos, o sea lo bien que estuvimos juntos esta famosa noche, también lo imposible que era tener una relación seria juntos por nuestras circunstancias, pero tu enorme deseo de poder volver a verme pronto.
Creo que tarde medio secundo en escribirte. “Donde y cuando?” fueron las dos palabras de este mail.
Hacía muchísimo frió en Londres en este principio de tarde. Llevabas unas botas de cow-girls, un suéter muy ancho y unos vaqueros apretados. El pelo suelto te llegaba a media espalda. Te pusiste a reír al verme salir con cara de escogido por el pelete que me había entrado en el cuerpo. No nos quitamos ojos hasta que llegará a tu altura, bajo la mirada de una decena de hombres envidiosos. Nos fundimos en un beso apasionado y emprendimos camino hacia el coche.
La editorial te había prestado una casa muy cosí cerca del centro de la ciudad, en Soho y unos amigos te dejaron un Mini Cooper de estos nuevos muy chulos. Cuando me extrañe ver un bus de dos pisos, me dijiste que seguían funcionando algunos para dar vueltas turísticas a la ciudad.
La casa estaba justo en Old Compton Street, arteria principal de este barrio repleto de tiendas, restaurantes, cines, etc…. Un duplex muy minimalista, luminoso a pesar del cielo gris, y muy caloroso.
Después de invitarme a dejar mi bolsa en la habitación, me explicaste que habíamos quedado con las chicas que hicieron la ultima portada de tu revista para cenar en las inmediaciones de Piccadilly Circus antes de ir a ver unos amigos a Covent garden.
La noche se presentaba larga y animada.
Solo una mirada basto a la pregunta “nos duchamos?” para que empecemos a desnudarnos camino al cuarto de baño. Con mi habitual tacto diplomático te pregunte si te habías hecho alguna cirugía estética, a lo que me preguntaste si me parecía algo retocado lo que mis ojos estaban admirando con chispas de deseo. Más de una mujer de 42 años hubiera dado mucho para parecerse a ti.
A penas en la ducha, abrazados, besándonos, aplicándonos jabón suavemente con las manos, levantaste una pierna, la apoyaste en la pared y te penetre salvajemente. No puedo decir cual del agua que nos corría por el cuerpo ó de tu cueva intima era lo más caliente. Si sé que tardamos bien poco en corrernos.
Aclarados y secados, nos tumbamos en la cama y aprovechamos para dormir una pequeña siesta antes de nuestra partida nocturna. No hubo intercambio verbal alguno, solo miradas, sonrisas y caricias.
El olor a café me despertó y te vi a mi lado, dos tasas humeantes en la mano. Dulce despertar, tierna mirada, actitud sensual, tanto bienestar trataba de encajar en mi mente. Lo que si encajaba perfectamente era el deseo ininterrumpido, esta erección orgullosa, esta gana de repetir el encuentro carnal.
Cuando te abrasé me dijiste que teníamos que prepáranos y te fuiste desnuda hacia el cuarto de baño, dejándome fantasear con estas nalgas tan apetecibles.
Mientras te refrescabas la cara me dijiste de cotillear tu maleta y elegir lo que querría que te pusieras esta noche. Añadiste que la única falda, larga, estaba debajo de todo, y que no me olvidará que hacia mucho frió. Fui por supuesto a por la falda, de tela medio gruesa de color beige, y en la duda de lo que iba bien a juego con ella y temor en equivocarme, te dije que lo que te pondrías me gustaría.
Riéndote me enseñaste la apertura de la falda. Esta llegaba a la base del culo, y me dejaste entender que esta característica nos iba a ser útil. Solo pensar en este detalle me provoco la tercera ó cuarta, perdí la cuenta, erección de la tarde.
Al llegar al Garden’s Palace, restaurante famoso por su buena cocina aunque viniendo de países donde el buen mangar es una tradición parezca una utopía, nos dirigimos a la mesa reservada donde nos esperaban dos chicas altas y delgadas. Después de una calorosa presentación, y una vez sentados, empezaron a hablar del éxito de la portada del mes anterior mientras me preguntaba como hacían las mujeres para salir de noche en un país frió con tan poca ropa. No dudo de que llevan abrigo, pero... y las piernas con estas mini-faldas ? Y los pies con estas sandalitas abiertas ? Supongo que algún secreto tendrán, y mientras tanto, los hombres que somos podemos divertirnos la vista.
Mientras trataban de hacerme participe de la conversación estaba volando en mi cabeza hacia unas playas exóticas donde estaríamos los cuatro jugueteando desnudos al sol. Estábamos tumbados en unas toallas gigantes, aislándonos de la arena, a la sombra de una palmera. Estábamos los dos cogidos de la mano y me sobresalto sentir unos dedos pasear suavemente encima de mi sexo. Las caricias se hacían cada vez más insistentes, y al abrir los ojos ví a la más delgada de las dos chicas sentada en la posición del lotus, mirando como mi sexo empezaba a crecer bajo sus caricias. A mi me parecía esta mujercita casi anoréxica, cosa que no suele hacerme mucha gracia, pero sus ojos azules y sus labios bastante carnosos me invitaron a levantar el brazo y acercarla por el cuello hasta que se junten nuestras bocas. El beso termino de empalmarme de buena manera y te oí reír y decir a tu vecina que "mira este, una se duerme cinco minutos y se cepilla a su amiga". Diciendo esto te sentaste encima de tus pies y empezaste a juntar tu mano a la de la delgadita para masturbarme. Fue cuando la niña se enderezo y empezó a besarte. Mientras, la menos delgada, chica de pechos impresionantes de firmeza y forma, se incorporó, y vino a colocarse de rodilla encima de mi cabeza. Tenía un coño depilado de un color rozado, sobresaliendo un poco la punta del clítoris. Parecía brillar de humedad y no me resistí en levantar la cabeza para darle un beso metiendo la lengua entre estos labios mojados.
Me preguntaste bajito en francés si los sofocones que parecían apoderarse de mi eran por ti o por las dos criaturas que acababa de conocer. Es cuando supe que mis ojos pasaban de sus caras a sus escotes y vuelta. O sea, lo dicho antes, los hombres nunca cambiaremos.
Cuando se levantaron para ir al baño, me dijiste con una mirada viciosa que pensabas que eran lesbianas, y que podríamos pedirles asistir a sus encuentros amorosos. Después de reírnos mucho, y mientras regresaban, me susurraste lo caliente que estabas y las ganas de estar a solas conmigo. De manera cariñosa y muy discreta pasaste tu mano por encima de mi sexo para comprobar mi estado de ánimos. No hace falta decir que estaba más bien alto.
Mi comentario de lo increíble que es esta necesidad de ir en pareja al baño desato una tesis tuya sobre lo incomodo que era ir al baño, encontrarlo sucio, no tener sitio para colgar el abrigo, ni para poner el bolso, bajarse la braguita mientras mantenías levantada la falda, etc,etc... o sea, que a ver si me enteraba de lo imprescindible que era ir acompañada al baño cuando se es mujer. Nos pillaron en ello cuando regresaron del servicio. Casi me pones colorado cuando las dijiste que me estaba poniendo nervioso imaginándolas acariciándose en el baño.
Desde este momento, y hasta llegar al club de Coven Garden, las conversaciones giraron alrededor del tema sexual con señas y detalles que no hacían más que ponerme más sedante de ti.
Era un lugar bastante oscuro, con música buena, algo funky, y nos sentamos en un reservado donde nos esperaban dos parejas joven. Creo recordar que el marido de la rubia era el redactor de tu revista en Inglaterra, y el acompañante de la morena un agente de actores. Creo que dicho así habrán adivinado el poco interés que les presté, y el mucho que las preste a ellas. Recordáis lo dicho antes sobre los hombres ?
C., la rubia, estaba sentada frente a mí, las piernas un poco separadas, enseñándome un trocito de tela blanca transparente que dejaba ver la parte alta de su coño. Creo que su mini-falda de vaquero era mas corta todavía que las de nuestras acompañantes. Una camiseta negra dejaba adivinar unos pechos generosos y sueltos. Sería friolera porque en vez de sandalias llevaba unas botas parecidas a las tuyas.
La morena, A., iba con pantalones blancos, los cuales como me daría cuenta algo mas tarde eran bastante transparente y dejaban ver un tanga al parecer tan minimalista que el de su amiga. Un top rosa y unas sandalias rosas terminaban de darle este aire sexy que desprendía. Creo que no tenía pechos pero más bien pezones grandes. Eran como dos puntitas deformando la camiseta y a pesar de ello era muy féminina.
Fue después de la primera copa que se fueron todos a bailar. Interrumpiste nuestra conversación y me dijiste que querrías sentirme dentro de ti. Acabando tu frase te subiste un poco la falda, me ordenaste abrir mi cremallera y con toda naturalidad, mientras con una mano me bajabas los calzoncillos, con la otra te apartabas la braguita, te sentaste encima de mi. Sentí la carne de tu culo en mi pubis desnudo y en un movimiento sabio te empalaste en mi sexo. La penumbra del reservado parecía hacernos invisibles por la gente de la sala, y al ver el poco caso que nos hacia estas parejas mas ocupadas a meterse mano que pendiente del vecino, me atreví deslizar una mano por debajo de tu blusa.
Tu falda cayendo por los lados no dejaba adivinar lo que pasaba, y te dedicabas a apretar tus músculos encerrando y soltando mi sexo dentro de ti. Estaba notando llegar el placer cuando apareció A. Creo que noto lo que pasaba mas por la expresión de nuestras caras que por nuestra postura, y sin decir palabra se te acerco y te beso en la boca. Si bien me corto bastante verla llegar, sentirte seguir con tus movimientos y adivinarte los ojos cerrados besando a esta chica me volvió a encarrilar hacia una descarga de leche caliente en tu vientre. Te echaste atrás al tener tu orgasmo y es cuando me di cuenta que la morena te estaba masturbando por encima de la falda.
Cuando llegó el agente, A. estaba sentada como si nada hubiera pasado al lado nuestro, tu seguías encima de mí, teniéndome dentro de ti, y empezamos a charlar los cuatro acerca del futuro de las dos modelos de la portada.
De repente diste un pequeño codazo a tu amiga quien se adelanto en el asiento para tapar la vista de su amigo y permitirte levantar mientras volvía a poner calzoncillos, camisa y pantalón en su sitio.
Te fuiste al baño y aproveche para darme una vuelta en esta sala gigante donde bailaba besándose y acariciándose una variedad impresionante de personas. Iba del punk antiguado al mulato pinta rapero, pasando por hombres de negocio, chicas muy clásicas pero con indicio de buena cantidad de alcohol en la sangre, ó quizás otras cosas con las que no estoy muy familiarizado, chicas mas que sexy, provocativas, y un sin fin de personajes que parecían salidos de películas de todos los tiempos y géneros.
La bebida, la semi-oscuridad y la novedad del lugar juntos me ayudaron en equivocarme de reservado y meterme en una salita alumbrada con solo dos velas. Fue pasar el portal y encontrarme de cara con una de nuestras compañeras de cena a cuatro patas mientras un niño guapo la estaba trabajando por detrás. Iba a darme la vuelta cuando llego su amiga y me pregunto al oído si lo había pasado bien con K. O bien las noticias vuelan en este antro del amor, o nos vio en algún momento y adivino lo que estábamos haciendo. Sea lo que sea, me dijo que su amiga estaría encantada de poder limpiarme bien la polla mientras la tomaban por detrás. Ante mi indecisión, se encargo de abrirme el pantalón, cosa que empezaba a ser una costumbre esta noche, y llevarme delante de su compañera.
Esa se metió mi sexo en la boca y empezó a chuparmelo mientras le daban cada vez más fuerte en el coño. Tardé poco en tener una erección, pero notaba que me iba a ser imposible correrme otra vez tan pronto. La que no tardo fue la chica y soltó mi polla para gritar lo bueno que era su orgasmo. Iba a vestirme cuando su amiga me propuso terminar el trabajo empezado, y antes de cualquier respuesta ya estaba arrodillada delante de mí comiéndome con un arte increíble. Justo después de soltarle mi jugo en la boca me pregunte si en algún momento me habrían puesto alguna pastilla en la copa... No recordaba un ritmo tan infernal desde hacia años.
El libertinaje de esta gente empezaba a asustarme y me preguntaba lo que iba a encontrar a mi vuelta en nuestro privado. Pero era todo normal, estaban los cinco charlando, riendo, y al sentarme me percate de que C., la rubia de pecho grande iba sin braguita. Algo me había perdido de la fiesta.
De vuelta a casa, te pregunté si tu actuabas así cuando tenías marido, ó el, ó ambos, y me contestaste que no, que solo ibas a desmadrarte a estos sitios cuando no tenias pareja fija y consolidada. Te conté lo ocurrido con las dos niñas de la revista y te reíste mucho, diciéndome que no podías llevarme más a lugares así, que tu te habías portado bien y que maneras mías eran esas.
También te pregunte si tenias relaciones con la morena y me dijiste que solo era una amiga muy intima pero que no eras lesbiana. Resaltaste que se quedo toda la tarde quieta con su amigo y que era un ejemplo de pareja que no por tener oportunidades fáciles se ponían cuernos. Pero me contaste que C. y su marido eran adictos al intercambio de pareja y eran ellos los que te trajeron aquí la primera vez. Lo llamabas el templo de la depravación...
Cuando nos acostamos, rendidos, me abrazaste y me preguntaste si me había gustado la noche. Tus ojos expresaban mucha ternura y cariño, y al contestarte que me hubiera bastado con estar solo contigo me diste un beso y te subiste encima de mi dejándome prever una noche aun bien larga.
© foto y texto Pascal Leurquin |
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