| La bañera me acoge en sus aguas perfumadas y preparo mentalmente esas horas por
llegar. Dudo... que ponerme ? Una tanga de encaje, el sujetador a juego, el
liguero con medias, este vestido algo serio pero sexy y zapatos de salón tipo
ejecutiva ? O mejor desnuda debajo de mi blusita tan fina y suave que se abre
por delante, dejando adivinar mis senos erectos y mi pareo que tan bien me
sienta como falda para que la apertura deje entrever mis muslos al caminar con
estas sandalias de tacones altos tan finas que me compre el año pasado ? Y como vendrás tu ? Lencería, camiseta blanca sin manga, minifalda negra y
botitas blancas de tacones ? O prefieres romántica con top y falda larga blanca
tipo gitana con cholas de vestir ? Vendrás pintada o natural ? Pelo largo o
corto? recorrido o suelto ? Ojos negros, marrones o azules ?
Ahora seca, me untó de crema hidratante. Mejor dicho, me acaricio pensando en
ti. Un poco de Rimel y brillo para los labios bastarán. Quitarme estos tres
pelillos que quieren salir en la ingle. Nervios...
Pues ya esta, opte por la blusita que me excita los pezones con el roce de la
tela. Cuantos botoncitos dejo abiertos ? Todos y hago un nudo ? No, demasiado
playa. Tres, lo justo para que se vea bien el canalillo y parte de mi pecho de
tamaño medio y por ello bien firme. Me encantan estas sandalias. A pesar de
poder llevarse de día son súper sexy.
Hace bastante calor en la calle pero el sol ya desapareció. Enciendo unas
velitas ? No, a la vuelta del restaurante. Te pongo la música que me comentaste
algún día que te gustaba. Ya suena el timbre. Mi corazón se acelera. Las piernas
me tiemblan cuando te abro la puerta. Una visión... no puede ser tu... que guapa
eres... eso mismo fueron tus primeras palabras al verme. A penas me dejaste
tiempo de decirte que no tanto como tu que ya estábamos de pie a la puerta
cogidas de las manos y besándonos... Esta descarga eléctrica nunca se me
olvidará. Después de un rato mirándonos sin decir palabras entraste y te enseñe
el apartamento. Nos planteamos quedarnos a comer en casa pero al final acordamos
que era mejor salir para darnos tiempo de charlar y hacer durar un poco este
deseo que nos empujaba la una hacia la otra.
En camino no parábamos de hablar y reír. Nos sentamos en una esquina tranquila
del restaurante y pedimos algo ligero y rápido. Seguro que mis ojos brillaban
tanto como los tuyos. Sentía un agradable calorcito entre mis piernas. Había
abierto mi pareo de tal manera que cuando bajaba la cabeza pudiera ver mi pubis
al aire y los pelitos que me dejaba encima de mi cuevita húmeda. Quizás si
prestara atención el camarero podría darse cuenta que no llevaba ropa interior
aunque era difícil que lo viera y me daba igual. Cuando te lo comente me miraste
con unos ojos serios y me pediste de subir la parte trasera del pareo para
sentir la madera de la silla bajo mis nalgas. Mientras me colocaba te fuiste al
baño. Pude admirar tu tipo, tu gracia cuando te movías entre las mesas. Este
pantalón de fina tela blanca que dejaba adivinar tu tanga, tu top moldeando tus
pechos, tus pies tan cuidados en estas zapatillas de cuerda, este pelo cayendo
suavemente, todo me hacia desearte mas todavía.
Al volver del baño me diste una prendita en la mano de manera discreta. Me
dijiste que ahora estábamos iguales... Cuando lleve mi mano a mi nariz olí este
olor tan excitante que había perfumado tu braguita. Acto seguido me dijiste de
abrir un botón mas de mi blusa. Ahora si que cualquier movimiento descontrolado
de mi parte dejaba ver bien claro mis pezones. Solo pensaba en este momento en
el que me ibas a acariciar. Se me hacia insoportable.
Cuando me pediste enseñarte un pecho tenía la impresión de que todo el
restaurante nos estaba mirando. Creo que mientras movía un poco mi blusa de un
lado me puse muy pero que muy colorada.
Al levantarte me di cuenta que tenias una manchita de humedad en tu pantalón.
Seguía sentada como convenimos para que pudieras acercarte a mi y mientras te
decía algo al oído pudieras disfrutar de la vista de mi pubis al aire. No me
esperaba que ibas a deslizar tu mano despacito, discretamente entre mis piernas
y ir a comprobar con tus dedos lo mojada que estaba yo también. Casi me corro en
el acto. Luego te chupaste los dedos mirándome a los ojos y cuando salíamos vi. a
un cliente mirarnos con una cara de desaprobación pero unos ojos de deseo
ardiente.
Ibas conduciendo tranquilamente por las calles oscuras cuando te pedí parar el
coche ya que no podía refrenar mas mi deseo. Entonces, sin detener la
conducción, me dijiste de deslizar el asiento mío hacia atrás y de acariciarme.
Al momento tenía una mano acariciándome un pecho y la otra jugando con mi
clítoris. Tenia los ojos medio cerrados, la blusa del todo desabrochada y los
pies apoyados en la consola delantera con las piernas bien abiertas cuando
detuviste el coche. Apagando las luces me susurraste de no parar y te saliste
del coche. Demasiada excitada para dejarlo te vi. dar la vuelta y acercarte por
mi puerta. Abriste y te sentaste en el posapies de la puerta mirando por debajo
de mi rodilla derecha los vaivenes de mi mano. Te oí decir cosas que no entendí,
no se si te masturbabas mirándome correrme pero cuando me incorpore de nuevo
había un chico apoyado en la puerta con el que comentabas tranquilamente mi
actuación. Me ordenaste de no cambiar de postura mientras abrías la bragueta del
muchacho. Le sacaste un sexo inflado por el deseo y te lo metiste en la boca
todavía sentada en el suelo del coche. Me entro de nuevo ganas de tocarme pero
me lo impediste. Pronto se corrió él y le mandaste a pasear mientras te
levantaba y agachándote me diste un beso con fuerte sabor a semen.
Aparcando frente a casa me prohibiste cerrar la blusa y me
confesaste estar caliente como nunca lo estuviste. Tenías el pantalón ya muy
marcado y en el ascensor me ordenaste limpiarlo con la lengua. Me arrodille y
empecé a lamer esta tela lo bastante fina como para oler tu olor y notar el
calor que te invadía. Fueron unos segundos de goce. Por fin te tocaba yo aunque
a través de tu ropa.
En casa me abrasaste por detrás, una mano cogiendo delicadamente un pecho y la
otra quitándome el pareo mientras me besabas en el cuello. Había vuelto a estar
súper caliente. Luego me quitaste la blusa y me pediste un vaso de agua. Me
esperaste en la sala y a la vuelta me comentaste cuanto te gustaba verme caminar
desnuda con mis tacones. Al preguntarte si te ibas a desnudar tu también me
contestaste que mas tarde. Encendí las velas, puse música y al acercarme para
tocarte los pechos a través del top me mandaste a acostarme en el sofá a tu lado
la cabeza apoyada en tus piernas. Mientras me contabas cuanto te había gustado
nuestra cenita me acariciabas el pelo. Me dejaste quitarte las zapatillas y
jugar con tus pies. Tenias una piel muy suave. Pasado un buen rato jugando con
mis tetones te levantaste, recogiste mi ropa tirada en el suelo y te fuiste al
cuarto de baño. A la vuelta estabas con mi ropa puesta, dejándome ver buena
parte de tu pecho pero con el pareo bien apretado y cerrado mas bien hacia atrás
para que no pueda ver tus piernas. Entonces te sentaste y me explicaste que si
me apetecía podía ponerme de rodilla delante de ti y besarte las piernas
manteniendo la cabeza debajo de la falda. No te hice esperar y te besaba el
interior de las rodillas en la oscuridad de la noche, las velas dando demasiada
poca luz para ver el fondo del camino. Rápidamente subía hacia esta parte tan
deseada pero me frenabas una y otra vez con la mano cada vez que olía el punto
clave de mis deseos.
Te oía jadear mas fuerte pero me interrumpiste y sacándome la cabeza de debajo
del pareo me susurraste que te apetecía sentir mi pecho contra el tuyo. Entonces
te acostaste en el sofá y me puse encima de ti, yo desnuda y tu con la falda
pero los pechos al aire. Nuestros pezones se rozaban mientras nos besábamos con
pasión. Me metiste un dedo por detrás y la sensación fue muy placentera. Movía
las caderas para darme mas gusto y buscaba tu pierna con mi sexo para poder
frotarme contra ti. Al decirte que quería acariciarte el clítoris me empujaste
la cabeza hacia abajo y volviste a metérmela entre tus piernas con el pareo
encima. Esta vez me dejaste subir hasta tu lugar secreto. Cuando estaba a punto
de besártelo temí que me ibas a parar otra vez pero me dejaste juntar mis labios
con los tuyos. Fue un momento intenso. Por fin había llegado a tu intimidad,
aunque a ciegas. Solo tacto y olores te oí decir en voz baja. Respirabas mas
rápido. Me excitaba pensar que me veías arrodillada entre tus piernas el culo en
alto como si estuviese esperando que alguien se aprovechase de el. Adivinaba que
te tocabas los pechos. Ya se te empezaba a oír respirar mas fuerte. De vez en
cuanto se escapaba un ruido de gozo de tu garganta. Empecé a masturbarme cada
vez mas rápido. Me pedías morderte mas fuerte el clítoris mientras me atreví a
meterte mi dedo por el culo. Este fue el momento que elegiste para apretarme la
cabeza entre tus nalgas con toda la fuerza de tus dos brazos y te corriste
inundándome la cara de un flujo abundante y perfumado al tiempo que llagaba a mi
secundo clímax de la tarde. Quedamos rendidas una contra la otra besándonos y
recorriendo nuestros cuerpos con las manos. Y de repente me rechazaste, te
levantaste, te vestiste y después de darme un besito me dijiste que habría otro
episodio.
© Pascal Leurquin
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