Casa Rural, primer día.

 

Hablando del mundo del erotismo con un amigo, me comento que estuvo hacia bien poco en un lugar mágico dedicado al placer de las parejas donde no aceptaban personas solas ni niños. Después de amenazarle de muerte le pude sacar informaciones respeto a su comentario.

 

De vuelta a casa te dije que el próximo fin de semana nos íbamos a un hotelito en las afueras de Paris. Sorprendida me preguntaste y te conteste que me habían hablado de una casa rural restaurada donde se podía hacer fotos maravillosas y que metiera en su maleta su colección de mini vestidos, tacones y demás artilugios que tanto me ponen. Por fin iba a dedicar tres días haciéndote fotos.

 

Me preguntaste si íbamos a facturar las maletas porque en los equipajes de mano no entraba todo, y te dije que te olvidaras de ropa de abrigo, no pensaba salir a la calle en todo el fin de semana. Tus ojos se iluminaron ante tan sugerente comentario.

 

Cargados como burros nos presentamos al aeropuerto. Hacia cinco días que no parabas de preguntarme acerca de este hotel, y te contestaba invariablemente que no sabia mas que lo que te había dicho. Lugar precioso con buena luz y mobiliario perfecto para hacer fotos.

 

En el avión nos pusimos calientes comentando la vestimentaria que te pondrías y las poses que ibas a realizar.

 

Nadie sabia de nuestra escapada a Francia para no tener que explicar que no teníamos tiempo de pasar a comer aquí y allá, así que después de perder una hora en los pasillos de Charles de Gaule, alquilamos un coche y pusimos rumbo a Versailles.

 

Este pueblo tiene el privilegio de estar pegado a la capital pero a su vez rodeado de grandes bosques frondosos sembrados de preciosas casas de época como por ejemplo el castillo de Versailles. Broma aparte, tiene mucho más que el castillo y si uno se pierde en la zona, descubre muchos palacetes construidos por los nobles que tenían el privilegio de vivir cerca del Rey.

 

Pero la zona donde me mando mi amigo nos era desconocida y bastante más lejana que el centro turístico. Después de perdernos en un laberinto de caminos estrechos, llegamos ante una verja medio oxidada de la cual colgaba un rotulo de madera. Casa rural, solo con reserva… era todo lo que decía!

 

Después de recorrer unos doscientos metros de camino mal asfaltado descubrimos una casa bastante pequeña, bastante cutre, formada por un cuerpo habitable y por una granja con una enorme puerta de madera por donde debían de entrar los carruajes cargados de paja.

 

Tu cara me saco una sonrisa y salimos del coche para tocar el timbre de la única puerta que había. Agradecían nuestra paciencia mediante un cartelito colgante. Nos abrió una mujer de unos cuarenta años, de una elegancia que destacaba en este lugar tan perdido y nos hizo pasar en un cuarto bastante agradable, donde nos invito a sentarnos mientras preparaba el registro de entrada. Parecías algo desconcertada y decepcionada por el poco encanto de la casa.

 

Cuando hice la reserva di los datos de mi amigo ya que sin recomendación no aceptaban huéspedes, y a los cinco minutos Carla, la señora que nos atendía, nos rogó volver al coche y entrar por la puerta de madera que se estaba abriendo ahora mismo eléctricamente.

 

Aunque me imaginaba lo que íbamos a descubrir, reconozco que me impresiono ver esta finca protegida por muros y vegetación. Unos gigantescos jardines muy cuidados rodeaban una mansión de piedra gris. El cielo nublado quitaba un poco de alegría al lugar pero se ilumino tu cara.

 

Aparcamos el coche y entramos en una majestuosa sala calentada por una chimenea lo bastante grande para alojar a dos personas. Un hombre nos estaba esperando para explicarnos por donde llegar a nuestra habitación.

 

La casa tenía unas diez habitaciones y después de subir una escalera y recorrer un pasillo decorado de pinturas de mujeres semi desnudas, entramos en una suite de todo lujo. Moqueta espesa en el suelo, tela tendida en las paredes, cama de dos por dos, baño más grande que la sala de mi casa, unos espejos colocados de manera estratégica y una pantalla plasma gigante.

 

Ante tantas cosas extrañas tuve que explicarte que era un lugar dedicado al disfrute de las parejas. Fue cuando me enseñaste el regalo de bienvenida. En vez de las típicas cestas con frutas y champán, de los sets de baño para llevar, teníamos un estuche de madera con un juego completo de juegos eróticos incluyendo consoladores de dos dimensiones y bolas chinas. Tu cara se volvió perversa y me preguntaste cuando empezábamos a jugar.

 

Después de refrescarnos decidimos explorar un poco la mansión. La primera planta albergaba a seis habitaciones. La sala de abajo con sus sofás frente a la chimenea ofrecía tres posibles caminos además de la salida. Eric, de unos treinta años se ofreció para enseñarnos el conjunto.

 

La puerta cerrada a la derecha era el acceso a los apartamentos privados de los dueños, a las despensas y a la cocina. El mini pasillo frente a la entrada llevaba al bar y al comedor, y la puerta de la izquierda llevaba al sótano. Con una sonrisa entendida nos explico que para bajar necesitábamos pedirle la llave antes, y nos invito a seguirle allí.

 

Mientras bajábamos las escaleras nos explico que eran seis personas a nuestro servicio además de los propietarios. Un chico en la cocina, dos chicas en el comedor, otra chica en el bar de las seis de la tarde a las doce de la noche y otro chico y el para estar de las nueve de la mañana a las diez de la noche pendiente de nuestras solicitudes.

Los propietarios ayudaban donde hacia falta en cualquier momento.

 

El recibidor del sótano, todo de piedra, estaba iluminado con entorchas eléctricas y cuando abrió la primera puerta nos encontramos con una gruta bastante oscura, pintada de negro, y una vez acostumbrados a la penumbra, vimos los anillos colgados de las paredes, del techo, las cruces y otro mobiliario extraños de madera tanto en las paredes como en el suelo, y ante nuestro asombro Eric nos explico para que servia cada herramienta de este paraíso sado-masoquista.

 

Supongo que nuestra imaginación estaba volando entre cadenas y placeres porque tardamos en darnos cuenta que estábamos entrando en la segunda habitación. Todo blanca, más pequeña que la anterior, con focos potentes, y una mesa de ginecología en el centro. Algo totalmente nuevo para nosotros y nuestro guía nos explico que era una fantasía de bastante pareja darle juego a esta mesa y los accesorios expuestos en vitrinas de cristal que la rodeaban.

 

Eric se encargaba de cuidar que todo este en su sitio, que nadie se cruce a la puerta de las salas y mantener todo limpio y desinfectado aunque la limpieza básica estaba a cargo de cada usuario al final de su partida de placer.

 

Carla nos estaba esperando para seguir enseñándonos la propiedad. Resulta que esta mujer de unos cuarenta años tenia cincuenta y uno. Más que guapa era atractiva, y su falda negra con zapatos de salón y camisa transparente encima del bra le daba mucha sensualidad. Nos llevo al bar y la verdad es que era muy íntimo. Caluroso, con sillones recubiertos de telas, unas mesas bajas de madera y cristal, un mueble de bebidas, vasos y neveras, un equipo de música de los buenos y una iluminación propicia a las confidencias. Todavía no había nadie para atender a los clientes.

 

Antes de invitarnos a una copa de bienvenida, nos llevo al comedor. Seguíamos en un estilo clásico/rustico, con muchas telas y maderas, y a pesar de las seis mesas y veinticuatro sillas parecías estar en tu casa. Las mesas estaban puestas para la cena y nos dijo Carla que todo estaba ocupado y que había tenido suerte reservando con tan pocos días de antelación. Al igual que el resto de la casa, la temperatura era más bien calentita, propensa a ir vestido de verano.

 

Ya sentados en el bar, Carla nos explico un poco las reglas de la casa. Solo parejas, solo con recomendaciones de un anterior huésped, “desaconsejado” hacer el amor de manera exhibicionista y llevar siempre el sexo cubierto en las zonas comunes, que si el personal podía contribuir a un ambiente erótico no estaba a disposición de las fantasías de los clientes, y unas advertencias mas que garantizaban una atmósfera distendida y de respeto.

 

Era la cinco de la tarde y decidimos darnos una breve vuelta por los jardines antes de ducharnos y cambiarnos. El tiempo no era favorable para dar largos paseos, ni para disfrutar de la terraza rodeada de plantas gigantes así que rodeamos la casa, dándonos cuenta que solo se podía ver esta casa desde el aire, y nos metimos en el interior.

 

Fue nuestro primer encuentro con otros clientes del lugar. Ella alta, rubia, con una cara infantil, vestida con una túnica blanca y unas sandalias tipo romano con lazos subidos hasta debajo de la rodilla, y el, igual de alto, fuerte, pareciendo mas mayor, con pantalones negros y camiseta negra. Nos saludaron con una sonrisa antes de seguir hasta la puerta del sótano. Si para ellos parecía todo natural, intercambiamos una mirada que prometía un largo cotilleo una vez en nuestra habitación.

 

Empezamos el intercambio de impresiones asegurándonos que estábamos a gusto en este ambiente, y yo insistiendo en que si la idea no le parecía buena, que nos íbamos sobre la marcha. Me contesto que si la había traído aquí es que sabía que ambos íbamos a pasarlo bien. Y de allí las teorías sobre la relación entre la pareja de antes, en que sala iban, y los comentarios sobre la desnudez de la chica bajo la túnica.

Se acercaba la hora de la cena mientras seguíamos explorando mentalmente las posibilidades que ofrecía este sitio para llevar a cabo algunas de nuestras fantasías. Te recordé que pensaba hacer fotos y que iba a aprovechar los rincones de la casa para ello. La idea te gusto también.

 

Te pusiste tu vestido dorado corto y escotado para ir a cenar. Ver tus pezones dibujados debajo de la tela término de volverme loco. Te había pedido de esperar después de cenar para meternos mano y la verdad es que esta petición me costaba mucho después de los escenarios posibles que comentamos por la tarde.

 

Tres de las seis mesas estaban ocupadas por parejas cuando llegamos al comedor. Se respiraba un ambiente amoroso, de paz, y 12 ojos nos miraron discretamente cuando nos dirigimos a nuestra mesa. Creo que miramos a los seis convives de manera menos discreta. Poco más tarde llegaron los huéspedes de las dos mesas libres y se sentaron juntos en la más cercana a nosotros. Entre ellos estaba la primera pareja que nos encontramos a nuestra llegada.

 

Supuse que cuando la dueña eligió sus chicas de sala había sido muy selectiva porque si bien no eran chicas playboy, poco les faltaba. Iban vestida las dos con bailarinas, faldas largas y sencillas camisetas negras. Sus movimientos eran muy gráciles y su trato muy cortés.

 

No nos atrevimos a hacer cualquier tipo de comentario respeto a la gente y estuvimos hablando de lo bueno que era el menú, del vino que nos ponía alegres y muy relajados mientras espiábamos el resto de las personas presentes.

 

Entre los menos llamativos estaba esta pareja de jóvenes en el fondo de la sala. Parecían tímidos, o en todo caso menos atrevidos que el resto de los comensales. Ella iba en camiseta sin mangas, pecho libre, factor común a las ocho mujeres presentes, mini falda y sandalias de tacones doradas. El, al igual que yo, con vaqueros y polo. Tendrían unos 30 añitos.

 

Siguiendo por la mesa mas cerca de nosotros, me pareció ver en las muñecas de la rubia unas marcas de ataduras.Un top de reja que dejaba admirar su pecho, un pantalón blanco muy apretado y unas botas altísimas la vestían mientras su pareja iba con pantalón de cuero negro y camisa blanca. Entre su altura y sus músculos, nadie pensaba llevarle la contraria.

Cenaban con una pareja de unos cuarenta años. Ella de tipo oriental con melena muy larga. No me gustaba su conjunto de pantalón muy corto y apretado con los botines bajos blancos aunque su top era original supongo que por tener el ancho de un cinturón y cubrir a penas sus pezones. Él, típico ejecutivo francés de traje y corbata aunque allí no se la puso

 

La cuarta pareja era más mayor. Tenían buen tipo y sabía que iba a ser el hombre que más te gustaría por tener una edad más respetable y un excelente porte. Iba en pantalón blanco con camisa azul abierta hasta medio pecho, detalle que me gusto menos. Su pareja, la más pintada de todas, llevaba un vestido largo, o mejor dicho unas amplias aperturas rodeadas de tela negra. Esta última tapaba un poco los pechos, a penas la parte baja del culo y el sexo, cayendo en cuatro picos hacia sus sandalias negras.

 

Y terminamos por la pareja más impactante. El, otro con vaqueros y una camiseta negra, de unos cuarenta y cinco años y ella de unos diez años menos. Reconozco que mis ojos fueron a parar muchas veces a ella durante la cena. Me fascinaba verla cenando solamente vestida de una larga falda. Descalza, pecho a penas disimulado por grandes cadenas, un collar espeso en el cuello y brazaletes en las muñecas. Me recordó el libro de “Historia de O”.

 

Si un par de mujeres eran guapas, tiernas, atractivas, pensaba que eras la mas guapa de todas sin duda alguna y creo que la mirada de los hombres me dio la razón a lo largo de la velada, pero tuve que reconocer que la mayoría me parecían agradable a la vista. Como previsto destacaste al hombre mayor como el más relevante del día.

 

La primera pareja que se retiro fue O como decidí llamarla. Se levanto dejando apreciar una silueta con formas muy marcadas, al límite de ser fuerte, y su acompañante le ato las pulseras de cuero de las muñecas juntas y una cadena al collar antes de salir. No les vimos hasta el día siguiente.

 

El contraste con la pareja de “tímidos” era abismal de la misma manera que parecía ser ella que tenia el control de la situación y el pendiente de sus palabras para actuar. Se fueron al bar igual que la vietnamita como la llame. Seguía sin gustarme su conjunto aunque reconozco que tenía unas piernas bonitas y el pecho pequeño pero matador. La rubia y acompañante se despidieron de ellos antes de retirarse en sus aposentos.

 

Terminado el café nos levantamos y nos reunimos con ellos en el bar. Música suave, volumen justo para poder hablar bajo pero no oír las conversaciones de los vecinos, y pedimos dos copas mientras veíamos salir del comedor la pareja mayor hacia las habitaciones.

 

La chica del bar llevaba un corpiño muy ajustado, un pantalón corto parecido al de la vietnamita y unos zapatos de salón de poco tacón. Al igual que las otras desprendía mucha sensualidad y tenia una sonrisa hipnotizante que no desaparecía de su rostro.

 

Fue un instante, mirando hacia la mesa de los “tímidos”, y darme cuenta que ella estaba con las piernas bastante abiertas para adivinar que no llevaba bragas. Creo que se dio cuenta de mi descubrimiento porque su mirada llena de malicia cruzo la mía. Entonces te pedí de quitarte tu tanga. En vez de mirarme con extrañez te levantaste sin dudarlo y sin ni siquiera mirar al resto de la sala metiste tus manos debajo de tu vestido para sacar esta prenda intima y entregármela. No hace falta decir que me puse a mil y que solo pensaba en llevarte a la cama.

 

Mientras la vietnamita estaba besando a su amante acariciando su sexo por encima del pantalón. Empezaban a entrarme unos sofocones y te pedí terminar la copa y subir. 

 

Si no fuera por compromiso con la dueña te hubiese levantado el vestido en la misma escalera para cogerte violentamente allí mismo. La verdad es que una vez en “casa”, ni juguetes ni nada, una cogida salvaje, que duro poco debido a nuestro estado de excitación extrema y caímos rendidos de tantas emociones, del vino y del cansancio del viaje.

 

Apenas despiertos, sobre las diez, pedí que nos subieran el desayuno. Una de las chicas de anoche nos trajo una bandera con todo lo que uno puede soñar para desayunar, champán incluido. Sin salir de la cama cogimos fuerza con mucha calma, aprovechando para meternos manos gentilmente y planificar la mañana. Después de la ducha te pusiste un fular alrededor del cuello, dejando caer sus extremos para taparte los pechos, tu mini falda negra y unos tacones, y empecé a sacarte unas fotos en la suite aprovechando el sol que entraba por las ventanas. Estuvimos casi una hora así buscando posturas y sacamos los juguetes para hacer fotos más provocativas. Ponías una mirada de hambrienta sexual mientras te sacaba retratos lamiendo el consolador y si al principio de la sesión estaba sereno, volvía a tener una erección impresionante.

 

Decidiste ir a almorzar con estos tacones negros, la misma mini, sin braguita, y una fina chaqueta de traje que tenias sin cerrar por delante. Pensar que los hombres iban a descubrir un poco de tus pechos a cada movimiento atizaba mi erección al tiempo que mis celos. Me comentaste que te parecía injusto que pudiera ver a las demás y ellos a ti no.

 

Llegamos abajo pronto para nosotros pero tarde para los franceses. La pareja mayor entraba al sótano cuando entramos en el comedor. Ella llevaba una gran capa negra debajo de la cual estaría desnuda y botas del mismo color. El seguía con pantalones blancos y camisa azul. Solo quedaba la rubia y acompañante. Ambos vestidos de calle, terminaban el postre y antes de marcharse se despidieron de nosotros. Se marchaban hoy y me cague en su madre cuando te dijo que era una verdadera lastima con una mirada de las mas explicitas.

 

Al terminar de comer vino a presentarse el dueño y asegurarse que todo iba bien. Era una de estas personas de las que no te fijas. Nos explico que solía estar arreglando las partes exteriores de la casa, de las instalaciones técnicas, de la intendencia y ocuparse de los papeles, que su mujer tenía más mano para llevar el personal. Cuando dijo que tenía una cámara de video averiada le pedí que uso le daba y me comento que Sara, la chica del bar ganaba propina grabando las parejas que querrían un recuerdo de su paso. La idea me pareció tentadora y cuando se marcho te pregunte lo que te parecía intentar hacer el amor mientras nos filmaban. Te apuntaste y hablamos con Vincent, substituto de Enrique hoy. Nos garantizo que Helene estaría a nuestra puerta a las cuatro de la tarde.

 

Una siestita de dos a tres y media después de decidir dejar que Helene nos aconseje en el como del asunto y ya estaba tocando a la puerta. Llego en un vestido colorido, corto, y una cámara digital que parecía saber manejar perfectamente. Le dijimos que nos aconseje y este protagonismo la encanto. Explico que suelen darle ordenes de cómo quieren las cosas y que iba a tratar de hacer su mejor grabación. Para ponernos relajados propuso que empiece yo a grabar mientras ella hacia un estriptease. Una vez desnuda le pasaría la cámara y empezaríamos nosotros a desnudarnos despacio, acariciarnos hasta llegar al acto sexual donde y como surgía. Sabiendo que las mujeres nunca te atrajeron y pensando que podía ser un factor negativo, me extrañe cuando dijiste que te parecía una buena idea. Empecé a grabar a Helene mientras se quitaba lentamente el vestido. Miraba a la cámara como una profesional y tenia movimientos estudiados. Mas pendiente de mi cinta que de su cuerpo, me excité poco y cuando termino de quitarse la braga le pase el aparato y me di cuenta que te había gustado la exhibición. Entonces con Helene sentada en la cama desnuda filmando, me empujaste y me sentaste en una silla y te quitaste la falda. Te fuiste hacia el mueble del frente a encenderte un cigarrillo. Tu mirada iba de Helene a mi y verte empezar a fumar así de pie, en tacones altos, hilo dental y camiseta plateada delante de una chica desnuda me altero mucho.

 

Te fuiste hacia el mando de la tele y pusiste el canal Penthouse antes de volver hacia mí, apagar el tabaco e invitarme a levantarme de la silla. Besándome me quitaste la camisa y los zapatos. Me prohibiste seguirte con un apretón de mano en el torso cuando te alejaste un poco y te quitaste de manera muy sensual la camiseta. Sabia que lo hacías para mi pero quería pensar que lo hacías para Helene. Luego me bajaste pantalones y calzones y te arrodillaste ante mí para acariciar mi sexo con tu lengua. Helene se estaba moviendo en la habitación para conseguir planos logrados y verla dar vuelta me ponía más cachondo todavía. Te quedaste así mientras me arrodillaba frente a ti para acariciar tus pechos. Te bese un buen rato mientras mis manos paseaban en tu anatomía.

Al poco tiempo te levantaste y te fuiste a acostar en la cama. Empezaste a masturbarte suavemente y te quitaste la telita que quedaba. Verte así ofrecida, en tacones, tocándote delante de una chica pudo conmigo y mi boca se unió a tus dedos. Creo que llegaste al orgasmo casi enseguida y compartiendo tu sabor en un apasionado beso mi sexo encontró la entrada de tu cueva mojada. Ya no importaba la presencia de Helene, los movimientos se hacían más rápido y no pude aguantar más para descargar mi jugo en tu interior.

Cuando nos reincorporamos nos dimos cuenta que la cámara seguía grabando apoyada en una silla frente a la cama. Helene se había ausentado mientras te penetraba...

© Pascal Leurquin